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CityLab Vivienda

Cómo nos estamos obligando a dejar la vida urbana por los suburbios

Los gobiernos de zonas suburbanas de Estados Unidos pueden estar entorpeciendo a las familias jóvenes que desean algo diferente.
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13 May 2016 – 2:45 PM EDT

¿Recuerda esos momentos en el supermercado donde, al llegar a la caja, compra un dulce o un snack simplemente porque está ahí en la fila, aunque no necesariamente lo necesite?

Lo mismo sucede con los tipos de hogares que los estadounidenses compran cuando comienzan una familia, los que se están mudando a la periferia de las ciudades no necesariamente porque así lo quieren. Más parejas de la generación de los millennials están comprando hogares en los suburbios para criar a sus hijos, como algunos medios como The New York Times han indicado. El motivo puede derivarse de la simple aritmética: las ciudades con altos costos de vivienda son cada vez más insostenibles para las familias de cuatro personas o más. También puede ser que las dificultades con las escuelas públicas impulsen a los padres de niños pequeños a emigrar a los suburbios. O pueden ser ambos factores. En la vida diaria de más familias, la balanza de dónde tiene más sentido vivir se está inclinando una vez hacia más hacia los “cul-de-sac”, clásicos callejones sin salida de los suburbios.

Sin embargo, ¿estas decisiones satisfacen los objetivos de los compradores? ¿Los jóvenes matrimonios estadounidenses que trabajan, versiones ligeramente más grises de los adultos jóvenes que evitaron comprar coches y acudieron en tropel a vecindarios peatonales a raíz de la recesión, realmente desean criar a sus hijos en comunidades que los obligan a conducir en coche a todas partes? Eso queda menos claro. Es un hecho que las familias jóvenes se están instalando en los suburbios, pero el parque inmobiliario que tienen para escoger a menudo representa una elección forzada: o aceptan menos habitaciones, o viven mucho más alejados de cualquier cosa que parezca una zona céntrica. De hecho, muchos gobiernos de zonas suburbanas las dividen para limitar la combinación de edificios más bien altos y tiendas minoristas que suelen situarse en las vibrantes y transitables calles principales. Y en dos recientes decisiones judiciales sobre dichas leyes de zonificación, podemos ver cómo esta lógica además parece discriminar a las minorías de bajos ingresos, incluso en la actualidad.

En primer lugar, revisemos los datos generales. El economista Jed Kolko desglosó los últimos datos de la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense en CityLab a finales de marzo, la cual mostró aumentos de la población suburbana. La semana siguiente, al escribir para el Centro Terner para Innovación en Viviendas de Berkeley, Kolko desterró el mito de que los millennials son servilmente devotos de la vida en áreas urbanas como Ross y Rachel y sus amigos de la comedia Friends.

“Incluso entre las personas con edades entre los 25 y 49 años, con cuatro o más años de universidad, aquellos con hijos de seis años o más tenían un 6% menos de probabilidades de vivir en zonas urbanas en el año 2014 con respecto al año 2000, y sólo unas ligeras probabilidades más (2%) de vivir en barrios urbanos de mayor densidad. Otra forma de tomar esto es que los niños en edades escolares —de 6 a 12 y de 13 a 17 años de edad— tenían menos acceso a zonas urbanas en el año 2014 que en el año 2000”.

Aproximadamente al mismo tiempo, el planificador urbano Adam Lubinsky también estaba advirtiendo algo acerca de las viviendas multifamiliares en las ciudades de la periferia de Nueva York. Su firma, WXY, sacó algunas cuentas y descubrió que el número promedio de habitaciones por unidad de vivienda en esas ciudades aumentó entre 2000 y 2004, posteriormente disminuyó y nunca se recuperó para lograr igualar el promedio a nivel nacional, incluso en momentos en que los precios obligaban a muchas familias a abandonar la Gran Manzana. En efecto, las familias están comprando casas individuales con patios en lugares como Maplewood, Nueva Jersey (de hecho, algunos de mis amigos encajan en esta descripción). ¿Pero acaso eso prueba que ellos quieren vivir en esos parajes, o que simplemente no encuentran otra opción?

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Poco antes de que se publicaran los nuevos datos de la Oficina del Censo de los Estados Unidos que Kolko menciona, dos tribunales federales emitieron fallos relacionados con la zonificación que sugieren un motivo frío y tóxico para la baja oferta de viviendas multifamiliares en muchas ciudades suburbanas. Las evidencias de estos casos parecen demostrar que en los suburbios de Nueva York y Phoenix, los gobiernos y los vecinos zonifican abiertamente los vecindarios con la intención de excluir apartamentos que puedan acomodar a niños.

El 23 de marzo, el Tribunal de Apelaciones de Estados Unidos del Segundo Circuito ratificó parcialmente una apelación por parte de organizaciones sin fines de lucro que argumentan que el condado de Nassau, justo al este de Queens en Nueva York, había incumplido una reciente decisión de zonificación para avanzar en la equidad de vivienda. Entre otras cosas, en este juicio se explicó cómo se frustró un proyecto de zonificación de un sitio de propiedad pública en Garden City, un suburbio clásico, para acomodar apartamentos. En ella se incluyen citas de Tom Suozzi, quien en el momento era director ejecutivo del Condado, estimulando el interés en los apartamentos con el argumento de venta de que, de hecho, no atraerían niños, supuestamente algo contrario a la opinión local.

“Probablemente las viviendas multifamiliares animarán a aquellos que sufren del síndrome del nido vacío y a las personas solteras a mudarse a la zona, en lugar de familias que van a ser una carga sobre su distrito escolar”, fueron las palabras que Suozzi pronunció en una audiencia pública en el año 2004, según cita la decisión.

Una persona no identificada en la transcripción responde: “Usted dice que se supone son de lujo”.

Y Suozzi responde: “Van a ser exclusivas. Las personas solteras y adultos mayores con síndrome del nido vacío. Si usted vende su casa de dos millones de dólares en Garden City y ya no desea ocuparse del césped...”.

Este intercambio se desarrolló cuando los funcionarios insistieron que se abstendrían de construir “viviendas asequibles”, lo cual el condado admite que necesitaba hacer.

En última instancia, el caso despertó la insistencia de los grupos sin fines de lucro de que la zonificación para impedir la construcción de apartamentos les imposibilita hacer ofertas por el sitio. En la decisión del tribunal se pueden encontrar menciones de frases y declaraciones con veladas referencias raciales que habían aparecido en el registro público antes de la rezonificación, incluyendo el riesgo patente de que la comunidad se convirtiera en "otro Watts" (haciendo referencia al conflictivo vecindario de Los Ángeles, poblado principalmente por afroamericanos https://en.wikipedia.org/wiki/Watts,_Los_Angeles). También menciona cómo los ciudadanos insistieron ante Suozzi y otros, haciendo caso omiso de estudios precisos que demostraban lo contrario, que los apartamentos le costarían a la comunidad más que las viviendas unifamiliares.

Casos como éstos no pueden sino dar la impresión de que los vecinos con bajos ingresos o étnicamente diversos siguen siendo indeseables para muchos en el ámbito de la política suburbana estadounidense, y que algunos votantes confunden las viviendas más pequeñas y una mayor densidad con la pobreza. Esta sospecha aumenta al leer otra decisión judicial que se tomó sólo dos días después.

En este segundo caso, en Arizona, el Noveno Circuito revocó la sentencia de un tribunal inferior. En la revocación, el tribunal federal sostuvo que las normas locales de zonificación podían ser abolidas si bloquean injustamente el acceso a las viviendas para las minorías. En este caso, la ciudad de Yuma había reorganizado su mapa de zonificación después de que recibió una propuesta de una empresa inmobiliaria para construir unidades con “precios moderados” en un terreno junto a un área de hogares de personas en su mayoría blancas y solteras.

El revuelo causado por la propuesta suscitó objeciones familiares, según la decisión. Construcciones previas por parte de la misma empresa inmobiliaria “tendían a acomodar familias grandes, utilizar viviendas unifamiliares como viviendas multifamiliares, donde se permitía que niños sin supervisión vagaran por las calles, que los numerosos vehículos que poseían se estacionaran en las calles y en sus patios, carentes de todo orgullo de la propiedad, y donde no se les daba mantenimiento a sus residencias”, planteó un residente de una propiedad cercana.

Otro escribió: “Estas casas... se convirtieron en viviendas multifamiliares, lo cual a su vez provocó una mayor falta de atención a los menores y un aumento del crimen”.

La retórica hizo cambiar de parecer a las autoridades electas.

Los casos con semejantes patrones comunes, a miles de millas de distancia, sirven como recordatorio de que los “niños” pueden ser utilizados como código para impedirle el acceso a cualquier forastero carente de poder. También muestran que las formaciones suburbanas, a pesar de haber llegado al planeta Tierra mucho después que las ciudades, aún puede encerrar una sensación de seguridad para las personas que las conocen bien. Y cuando se sienten seguras, las personas desconfían de los cambios.

Y ni siquiera es necesario invocar a los niños para oponerse a la diversidad. También se puede apelar a los impuestos. Las acciones en el condado de Westchester County, Nueva York, donde recientemente comenté acerca de un juego de computadora que tiene como objetivo ayudar a solucionar un acuerdo de equidad en la vivienda, muestra que la filosofía política puede impedir los proyectos de renta mixta con la misma facilidad. Un reciente informe del monitor de tribunal a cargo de la resolución del caso de Westchester revela cómo Yorktown, que en 2011 tomó medidas para acomodar más desarrollos de alta densidad en su zonificación, el mes pasado declaró que ese tipo de zonificación equivale a un impuesto ilegal.

El supervisor de la ciudad, Michael Grace, le dijo al monitor que él opina que la zonificación diseñada para orientar ciertas viviendas hacia personas con determinados ingresos conlleva un impuesto. Él lo discutió en una reunión pública de la siguiente forma:

“¿[El supervisor del tribunal] me va a golpear? Que lo intente ... puedo controlar el área y volumen de un proyecto, pero no puedo controlar las operaciones. No te puedo decir, si tienes una pizzería, que solamente vendas pizza siciliana. Como tampoco puedo controlar lo que cobras por tu propiedad. Si lo hago, es un impuesto”.

En conjunto, casos como éstos dejan claro que todo el dinero y el interés genuino del mundo destinados a desarrollar suburbios más transitables e inclusivos pueden evaporarse rápidamente si una minoría ruidosa de residentes y funcionarios locales estima conveniente bloquear las intenciones. Y, por lo tanto, puede ser que las familias jóvenes de hoy en día, encabezadas por los millennials, que podrían muy bien haber invertido en más comunidades de estilo urbano si hubieran podido costearlas, en cambio se vean obligadas a elegir viviendas unifamiliares lejos, muy lejos de sus puestos de trabajo, porque son literalmente la única opción.

El economista Jed Kolko presenta otro cálculo que quizás vale la pena leer: “Los pobres, quienes tradicionalmente han dependido más de los servicios públicos urbanos, y las personas mayores, quienes son, por mucho, el grupo de edad de más rápido crecimiento en el país, se han vuelto menos urbanos conforme los jóvenes y cultos se han mudado al centro de las ciudades”.

Si creemos que la vida urbana aporta valor por su forma, creemos que las personas y las instituciones se fortalecen cuando se acercan a personas de diferentes edades, estilos e ingresos. Cualquier zonificación que destine a las familias, los pobres y las personas mayores a dispersarse convierte la experiencia urbana en un beneficio sólo para aquellos que no tienen hijos o para los ricos.

Restringir la vida urbana para todos, excepto para aquellos que son relativamente ricos y tienen pocas necesidades es algo triste, algo incluso más difícil de digerir que uno de esos dulces que compramos esa fila del supermercado.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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