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Los caraqueños están siendo peatones a la fuerza en una ciudad que no fue pensada para caminar

Tener un auto en Venezuela es cada vez más costoso y las calles carecen de condiciones para el uso de los transeúntes. Pero el colectivo Peatones Activos quiere transformar esta dificultad en oportunidad.
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Caracas fue una ciudad hecha por y para los autos. Allí donde pudo haber habido un parque, se levantó una autopista. Y en vez de aceras, se edificaron distribuidores, túneles y puentes. La capital venezolana se convirtió en una gran metrópolis dentro América Latina hecha a la medida del conductor y a espaldas del peatón. Sólo en el área metropolitana circulaban para 2007 cerca de 2.2 millones de autos, cuando el parque automotor del país era de 5,350,000 vehículos, según el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre. Aquella proliferación de automóviles respondía a una sencilla razón: en Venezuela una botella de agua puede ser más cara que la gasolina que le pones a tu auto.

Por más de 17 años, el precio del combustible en Venezuela estuvo congelado. El litro de gasolina premium de 95 octanos se mantuvo durante ese tiempo a 0,0097 bolívares, el equivalente a un centavo de dólar. A ese privilegio propio de un país petrolero hay que sumarle el hecho de que en Venezuela no se exige la renovación del vehículo cada cierto tiempo, ni tampoco se pena el incumplimiento de tributos municipales por falta de fiscalización. Por todas estas razones, ser conductor resulta bastante sencillo.

Sin embargo, menos de un 20% de los viajes en la capital se realizan en vehículo particular, según un estudio realizado en 2007 por el Instituto Metropolitano de Transporte de Caracas (existen pocos datos más actuales que este, un problema común en Venezuela). La gran mayoría de los caraqueños (63%) se mueve en transporte público –pese a que históricamente ha sido ineficiente, escaso e inseguro– y un 17% se traslada a pie.

La población que se desplaza en auto pierde cerca de dos horas y media al día atascada en el tráfico, según cifras de la Sociedad Venezolana de Ingeniería de Transporte y Vialidad (Sotravial). Aún así, dejar el vehículo nunca representó una opción para la clase media y alta del país. Pero la crisis que atraviesa Venezuela ha obligado a ese sector a cambiar de opinión, toda vez que se han visto forzados a convertirse en peatones o a considerar el uso de su vehículo para lo estrictamente necesario.

De acuerdo con datos de 2016 de la Cámara Venezolana de Productos Automotores (Favenpa), se calcula que existe un 22% del parque automotor del país que está inactivo. Son alrededor de 912,048 vehículos detenidos, principalmente debido a la falta de repuestos o a que la gente no tiene cómo costearlos cuando los consigue. “A otros no les alcanza para pagar los gastos que supone el mantenimiento, como puede ser el cambio de aceite, o simplemente no pueden cubrir las pólizas de seguro”, afirma Omar Batista, presidente de Favenpa.


Patricia Sánchez, una urbanista de 37 años, tiene desde 2015 con su auto parado. El 9 de febrero se le rompió la manguera que lleva el aceite a la dirección y su vehículo se incendió. Desde entonces, ha vivido una peregrinación para buscar los repuestos y encontrar dinero para comprarlos.

“Cuando aparecían las piezas, entonces no tenía el dinero. Y así”, dice Sánchez. Poco a poco, ha ido arreglando el auto por partes. Pero luego aparecen otros daños. “Lo más que he podido rodarlo han sido dos días seguidos. Ahora presenta una falla en la caja y como el concesionario Peugeot se fue del país, no consigo quién lo repare. Lo dan por desahuciado”.

El transporte público no siempre es una alternativa para ella, porque, al vivir en el sureste de la ciudad, le ha tocado padecer las consecuencias de las faltas de conexiones a través de buses por las vías secundarias. Por ello, más de una vez ha tenido que caminar a su trabajo o pedir un aventón hasta su destino. “Al convertirte en peatón quedas a expensas de los choferes, quienes realizan las paradas a su conveniencia”, explica Sánchez. “Hay zonas de la ciudad donde no hay forma de movilizarte fuera de las horas pico. Aparte, tenemos una flota casi chatarrizada”. Y el metro no es opción, ya que dice que está saturado. Al final, Patricia termina siendo una transeúnte a la fuerza.

Manuel Briceño, en cambio, siempre ha sido peatón. Hasta el año pasado, solía salir a un cuarto para las 6 de la mañana de su casa, ubicada en la carretera vieja de La Guaira para recorrer 33 kilómetros hasta al sureste de Caracas, donde trabaja como vigilante privado. Pero debido a las fallas en el servicio de trasporte público que ha reducido la flota hasta en 70% en algunas rutas por escasez de repuestos, ahora debe salir una hora antes para llegar a las 8 de la mañana a su lugar de trabajo.

“Más de una vez me ha tocado montarme en camiones, eso que llaman perreras, en un acto desesperado por salir de mi casa”, dice Briceño. A veces, la espera es tanta que solo le queda caminar a otra parada. En domingo la situación es peor. La gente incluso cobra por dar aventones, no para pagar la barata gasolina, sino que para cambiar o reparar los neumáticos, que deben sobrevivir a los baches de la ciudad. “Ahora es preferible ser peatón que conductor, porque el mantenimiento de un vehículo es impagable”.

El camino de los peatones activos

En la ciudad de los autos nadie aprendió a ser peatón. A diario, lo que se observa en las vías de Caracas es un desafío entre la vida y la muerte. En la avenida Baralt –por citar un caso– cientos de vehículos circulan a más de 80 kilómetros por una calle principal del centro de la capital, donde los peatones cruzan a toda prisa, toreando vehículos, buses y motos. Además, al llegar a la acera, los transeúntes se encuentran con un área invadida por vendedores ambulantes o autos mal estacionados, lo que obliga a caminar por el asfalto.

En medio de ese juego de supervivencia, un hombre mira con ojos críticos la dinámica desde una isla peatonal. Quienes lo conocen no le llaman por su nombre, José Gregorio Carvajal. Le dicen simplemente Cheo. Y ni le preguntan qué está haciendo en medio de la vía con un velocímetro en mano, porque lo saben. Otros lo miran con extrañeza. A él y a las nueve personas que lo acompañan en la tarea de medir aceras, rampas y pasos peatonales.

– ¿Qué están haciendo? –pregunta una persona que pasa y no puede contener la curiosidad.
–Somos ciudadanos preocupados por el espacio peatonal –contesta Carvajal. Su respuesta suena inverosímil en una ciudad pensada por y para los autos. Pero su interlocutor lo aúpa y se va.

Esos gestos de incredulidad ya no le impresionan a Cheo Carvajal. Son más de diez años trabajando activamente en la calle para llamar la atención sobre las condiciones en las que se da la movilidad peatonal en Caracas e insistir que la ciudad hay que vivirla desde el asfalto. Comenzó difundiendo su doctrina a través de las páginas de los periódicos, en consonancia con su profesión de periodista. Y luego lo hizo desde la Plataforma Peatones Activos, que creó en octubre de 2012 en conjunto con los colectivos Ser Urbano y Una Sampablera por Caracas, con la idea de generar acciones de calle que involucren a la comunidad y hagan reaccionar a las autoridades.


“Lo que me planteé con Peatones Activos fue cómo articular con otras organizaciones ese deseo de una ciudad caminable, una ciudad despejada para quien se mueve a pie, pues sólo así se tiene la posibilidad de reconocer los distintos espacios, de valorarlos, porque desde el carro es imposible”, afirma.

Su activismo no es un simple discurso. Carvajal lo afronta como si fuera un apostolado. Su mensaje lo lleva en las suelas gastadas de tanto caminar. En la mochila que carga a cuesta. En su atuendo siempre deportivo y fresco con el que se funde con el resto de los peatones. En su modo de presentarse en el mundo digital como “un militante urbano por la viandancia”. En su conocimiento minucioso de las calles de Caracas. “Yo asumo la ciudad desde el goce y desde el deseo de seguir perdiéndome en ella y descubriendo cosas. Entiendo que es una ciudad muy hostil para caminarla, pero tengo la mirada de quien la disfruta”, comenta.

Su gusto por caminar le viene desde joven, pues siempre se ha movido a pie, aunque reconoce que aprendió a manejar y tiene licencia desde los 18 años. Sin embargo, sus años en Barcelona, donde estudió la maestría en Diseño y Espacio Público e inició el doctorado Espacio Público y Regeneración Urbana, fueron determinantes para él. “Estar en Barcelona me demostró que la vida está en la calle. Si uno está metido en el corazón de la ciudad, son más los beneficios que los problemas”, explica.

Cuando volvió a Caracas, sabía que tenía que hacer algo. Creó el semanario ‘En Caracas, cartografía del ocio y la vida urbana’, que circuló por más de 400 puntos de la ciudad entre 2004 y 2005. Después mapeó más de 260 rutas peatonales en su columna dominical, Caracas a Pie, que se publicó en el diario El Nacional desde 2007 hasta 2014. Ese trabajo de campo lo convirtió en una autoridad de la vida peatonal, que lo llevó a conformar el colectivo Caracas a Pie. Hasta que tomó forma la Plataforma de Peatones Activos, con la que han salido a la calle a defender su derecho a caminar.

“La gran mayoría de los ciudadanos nos movemos a pie, pero Caracas no ofrece facilidad para que eso ocurra. Por tanto, hay que pelear”, dice Carvajal. “Caminar en un contexto como el nuestro es un acto de ir contra corriente. Es un acto de rebeldía. Pero visto en términos propositivos”.


Hace diez años, su discurso sonaba demasiado romántico. Un tanto irreal. Un poco hippie para los más pragmáticos. Pero con su terquedad ha logrado que su mensaje cale, al punto de comenzar a ver resultados concretos. Desde octubre de 2017, por ejemplo, el equipo de Peatones Activos está realizando un estudio de la Caracterización de Espacios Peatonales en Caracas, financiado por la Corporación Andina de Fomento (CAF). No se trata de simple activismo, como aclara Carvajal, sino de un trabajo de investigación por 100 vías de la capital, para poner en evidencia las condiciones que afrontan los peatones en Caracas, hacer recomendaciones y establecer áreas de oportunidades.

A la fecha, ya han recorrido casi 60 vías de la ciudad. Llegan vestidos con chalecos reflectivos y cargando con hojas formateadas para el levantamiento de información. Van equipados con cintas métricas, niveles y hasta un velocímetro. A lo largo del recorrido, miden el ancho, el largo y la inclinación de las rampas peatonales, evalúan los tipos de obstáculos en el camino, la existencia de desechos sólidos, el tipo de vegetación, la presencia de zonas especiales –sean escolares o de salud–, las condiciones de los rayados peatonales y el funcionamiento de los semáforos.

Los resultados de las primeras 25 calles han servido para darles la razón: caminar por Caracas es un acto de valentía. De hecho, los peatones son un 36% de los fallecidos por accidentes de tránsito, según la Asociación Venezolana de Accidentes y Enfermedades (Avepae). A partir de los datos preliminares, Carvajal y su equipo contabilizaron sólo la mitad de los rayados peatonales que debería existir y apenas un cuarto del total están ubicados correctamente. Alrededor de un 40% del mobiliario urbano (kioscos, luminarias, bolardos, bancos, casetas, telefónicas y de servicio) obstaculiza el paso peatonal en las aceras. Las rampas sólo existen en un 25% de los lugares que deberían estar y no cumplen con la pendiente de entre un 6% y un 10% para garantizar la accesibilidad. Ello con sólo un cuarto de la muestra.

La ola de peatones que ahora se suman a la ciudad a raíz de la crisis se está topando con este escenario poco alentador. Y ello supone para Cheo Carvajal un desafío. “Es difícil vender una ciudad caminable en su peor momento”, afirma. Pero Carvajal quiere contribuir a transformar este problema en una solución. “Es una oportunidad complicada, porque ocurre cuando hay un deterioro más profundo de las vías, de las aceras, de los semáforos y hay mayor presencia de basura. Son muchas amenazas que no hacen amable el caminar. Es una oportunidad que uno la verdad quisiera tener en otro momento de florecimiento de la ciudad”.