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Luego de tratar de prohibirlas, Nueva York se abre lentamente a las bicicletas eléctricas

La Gran Manzana había tomado una dura posición contra este medio de transporte, muy popular entre inmigrantes que trabajan haciendo entregas de comida.
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11 Abr 2018 – 9:48 AM EDT

En un día o una noche cualquiera en Manhattan, Brooklyn o Queens no cuesta mucho encontrarse con una bicicleta eléctrica. Estas bicis impulsadas por baterías son populares entre los más de 50,000 repartidores que están registrados en la ciudad de Nueva York, quienes recorren calles y avenidas con comida para llevar, ropa lavada, documentos, bebidas alcohólicas y cualquier otra cosa que los neoyorquinos quieran ordenar en línea. Prácticamente de la noche a la mañana, la ciudad se ha convertido en un paraíso para ellos.

El problema es que este fenómeno se ha gestado al margen de la ley. En octubre, e l alcalde de la ciudad de Nueva York, Bill de Blasio anunció que la ciudad tomaría medidas enérgicas contra el enjambre de bicicletas eléctricas en sus calles en respuesta a las quejas sobre la seguridad de los residentes. Desde entonces, estas han estado técnicamente prohibidas, aunque hay muchísimas personas que siguen usándolas. Pero el martes pasado De Blasio dio marcha atrás y le instruyó a su Departamento de Transporte que relajara su prohibición y reconociera las bicicletas 'asistidas por pedal' —o bicicletas que usan una batería recargable para aumentar su velocidad—como un medio legal para trasladarse por la ciudad. Sin embargo, cualquier bicicleta eléctrica con un motor capaz de impulsar su velocidad a más de 20 millas por hora seguirá prohibida. "Con directrices nuevas y claras, los ciclistas, los repartidores y las empresas ahora comprenderán exactamente qué dispositivos se permiten", dijo el alcalde en un comunicado.

Después de las duras medidas de de Blasio en octubre, su administración enfrentó severas críticas. Activistas lamentaron la decisión como un paso atrás para Nueva York, la cual le impidió a la ciudad adoptar un modo de transporte que es cada vez más popular en las ciudades de todo el mundo. Mientras tanto, los grupos defensores de los derechos de los inmigrantes argumentaron que la regulación era particularmente punitiva para quienes dependen de las bicicletas eléctricas para ganarse la vida en la floreciente industria del reparto de comida de restaurantes. Una reciente avalancha de bicicletas eléctricas relativamente más baratas procedentes de China les permitió a las empresas más pequeñas invertir en ellas. La ciudad amenazó con multas de hasta 500 dólares para los propios ciclistas y multas desde 100 dólares para las empresas que contrataron trabajadores que las usan o las poseen.

El martes, los mismos activistas elogiaron con cautela la decisión del alcalde, la cual una coalición de varios grupos de derechos de inmigrantes calificó como "un primer paso importante y positivo para responder a una explosión en la demanda de entrega de alimentos respaldada por miles de trabajadores inmigrantes de bajos salarios quienes reparten más de 100,000 comidas en la ciudad de Nueva York cada día".

El hecho de que las regulaciones de las bicicletas eléctricas hayan causado tal alboroto en Nueva York es quizás un testimonio del potencial que tiene este modo de transporte emergente en esta ciudad. Los trenes subterráneos y los autobuses están perdiendo pasajeros debido a las demoras y atrasos que están a niveles de crisis, y las calles de la ciudad están abarrotadas, gracias en parte al auge de los servicios de viajes privados. Todo esto puede ser parte de la razón por la cual los 8.6 millones de habitantes de la ciudad están utilizando bicicletas en cifras récord. Para equilibrar una población en crecimiento, las crecientes demandas de transporte y los objetivos de reducción de emisiones de carbono, más activistas y funcionarios del transporte por igual señalan las bicicletas como una solución limpia y ligera.

Las bicicletas eléctricas en particular son un tema candente en el mundo del transporte como una nueva frontera del transporte urbano consciente del espacio. No son exactamente nuevas, pero hasta hace muy poco los altos precios y la capacidad limitada de las baterías las habían mantenido como un artículo bastante exclusivo, por lo menos en Estados Unidos. Localidades europeas más amigables con las bicicletas, como París y Lisboa, ya cuentan con considerables poblaciones de bicicletas eléctricas como reportó recientemente Feargus O’Sullivan de CityLab (los funcionarios de Oslo, Noruega, son tan aficionados a las bicicletas eléctricas de carga que les darán a los residentes 1,200 dólares para comprar una).

Los activistas dicen que las bicicletas eléctricas pueden ampliar el atractivo del ciclismo hacia un público más amplio: pasajeros mayores o menos atléticos, o aquellos que se resisten a las arduas caminatas cuesta arriba. Muchos programas privados y administrados por la ciudad de uso compartido de bicicletas compiten por lanzar modelos eléctricos, por ejemplo, y los defensores tienen grandes esperanzas de que las bicicletas eléctricas tengan el potencial de lograr algo que la mayoría de los estadounidenses se han mostrado reacios a considerar: cambiar sus coches por bicicletas. (Lo cual, según muestra un nuevo estudio, se está empezando a hacer realidad).


Sin embargo, las bicicletas eléctricas no están faltas de controversias. En la ciudad de Nueva York, estos rápidos artilugios han enojado a algunos residentes y asociaciones comunitarias, los cuales alegan que son un peligro para peatones, conductores y ciclistas más lentos. Algunas investigaciones han sugerido que las velocidades más altas podrían provocar más choques de bicicletas. " ¿Son las bicicletas eléctricas menos seguras?" preguntó CityLab en agosto de 2016. En primer lugar, las dudas sobre la seguridad llevaron a la administración de Blasio a tomar medidas enérgicas contra las bicicletas eléctricas.

Es poco probable que esas dudas desaparezcan bajo las nuevas regulaciones. Legalizar las bicicletas eléctricas asistidas por pedal es un "paso" en la creación de ese marco, dijo Jon Orcutt, el exdirector de política del Departamento de Transporte de la ciudad, quien ha hecho trabajo de consultoría sobre las mejoras del sistema de bicicletas. Un salto más importante —y más desafiante— puede ser que la ciudad distinga entre bicicletas eléctricas y motocicletas o motonetas eléctricas.

Ciudades en Alemania y China que han adoptado regulaciones formales con respecto al uso de bicicletas eléctricas podrían servir de ejemplo, dijo, ya que las bicicletas eléctricas que son más lentas, y más manejables, son a menudo las más seguras en las calles. Aquí en Estados Unidos, Colorado aprobó una legislación el año pasado que especificaba dónde se podía utilizar cada tipo de bicicleta eléctrica, y cuál requería un límite de edad y casco. La legislación que regula la tecnología es dispareja en todo el país, pues hay algunos estados que tienen pocas o ninguna ley en vigor con respecto a las bicicletas eléctricas (la ciudad de Nueva York sigue siendo uno de los pocos lugares del país que considera que ciertas clases de bicicletas eléctricas son "ilegales").

"La mayor parte de las bicicletas eléctricas que los policías persiguen son del tipo que tiene mayor potencia", dijo Orcutt. "Los lugares que están bien organizados clasifican las bicicletas eléctricas asistidas por pedales como bicicletas y las bicicletas eléctricas más grandes y más rápidas, como motocicletas, y las regulan acorde a esto".

También está la cuestión de las turbias regulaciones estatales y federales. En resumen: la ley federal permite que las bicicletas eléctricas con una velocidad máxima asistida de 20 millas por hora se vendan como bicicletas, no como vehículos de motor (por lo tanto, no se requieren licencias ni registros). Pero la ley del estado de Nueva York exige que se registren como vehículos automotores y, además, se supone que todas las "bicicletas asistidas por motor" también están prohibidas. Sumémosle a esto la ley de la ciudad, la cual prohibió las bicicletas eléctricas "Clase 2" y "Clase 3" (o aquéllas que tienen un acelerador que controla el motor) en 2013. Eso puso las bicicletas eléctricas de "Clase 1", o aquellas que usan asistencia por pedales, a un confuso purgatorio legal. El reciente anuncio simplemente aclaró esa última parte.

Si usted ya se confundió, no está solo: estas complejidades legales también han dejado perplejos a los periodistas y defensores del ciclismo por igual. El problema más grande, según los críticos, es que los miles de entregas diarias se realizan en gran parte en bicicletas eléctricas de Clase 2 y 3. Entonces, con estas nuevas reglas, no está claro a partir de ahora qué es lo que impide que esas personas sean potencialmente multadas en el futuro.

El debate sobre las bicicletas eléctricas en Nueva York es único en varios aspectos: la densidad de la ciudad y el voraz apetito por las entregas estimularon la aparición en masa de las bicicletas eléctricas en las calles antes de que existieran regulaciones sobre su uso; ahora los legisladores están luchando para ponerse al día. "Nueva York es la única ciudad que conozco en América del Norte o Europa que ha intentado prohibir e incautar bicicletas eléctricas", dijo Randy Neufeld, presidente de America Bikes y reconocido defensor del ciclismo. Otras ciudades no comparten el ecosistema de transporte abarrotado de Manhattan, y es poco probable que enfrenten un rechazo igualmente intenso.

Aun así, las ciudades de todo el mundo pueden enfrentar los mismos debates sobre seguridad, eficiencia y regulación significativa conforme llegan las bicicletas eléctricas. Si la ciudad de Nueva York logra dominar este tema delicado, Neufeld cree que las bicicletas eléctricas tienen un "potencial increíble" para la Gran Manzana y otros lugares ; la ciudad podría ser una puerta de acceso para que las bicicletas eléctricas ingresen a estados unidos, tal como lo ha sido para tantos otros avances en la planificación y el diseño urbanos.

"Si la ciudad pasó de incautar a estimular, se podría ver las bicicletas eléctricas prosperar en Nueva York de una forma que no hemos visto en otros lugares, ni siquiera en Europa", dijo Neufeld. La nueva regla de de Blasio es un pequeño paso en la dirección correcta, agregó, "pero será el efecto de la regulación, no la regulación en sí misma, lo que llamará la atención".

Este artículo fue originalmente publicado en inglés en CityLab.com

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