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Vacunas contra el cáncer de pulmón: más impuestos al tabaco y más leyes

Cerca del 90% de las muertes por el cáncer de pulmón, el más mortal en EEUU, son directamente atribuibles al consumo de cigarrillos. Una combinación de campañas de prevención, leyes más estrictas e impuestos más altos podría constituir la mejor vacuna contra esta enfermedad y reducir el tabaquismo que afecta sobre todo a la población más pobre.
16 Dic 2018 – 12:07 PM EST

El cáncer de pulmón es el más mortal en el país, y casi el 90% de las muertes por esta enfermedad son directamente atribuibles al consumo de cigarrillos. Muchos cánceres –como el de mama– que una vez fueron una sentencia de muerte ahora son tratables. Sin embargo, las tasas de supervivencia del cáncer de pulmón se mantienen por debajo del 20%. Una cura puede ser difícil de alcanzar, pero la comunidad médica puede detener esta enfermedad y eliminar la mayoría de las futuras muertes por este tipo de cáncer.

La mayoría de las muertes por cáncer de pulmón son causadas por el hábito de fumar, y fumar es un comportamiento socialmente influenciado. La gente tiende a engancharse a través del marketing del tabaco y modelando a los fumadores. Las compañías tabacaleras gastan más de un millón de dólares por hora para comercializar sus productos y para reclutar nuevos fumadores.

Soy investigador sobre el control del tabaco y he estudiado varias formas de detener la enfermedad. Hay una vacuna contra el cigarrillo y ni siquiera necesitas una inyección. Los científicos llevan más de 60 años investigando cómo hacer que las personas dejen de fumar y cómo evitar que los adolescentes empiecen a fumar. La evidencia recopilada durante muchos años muestra que una combinación de campañas contundentes de prevención, leyes estrictas e impuestos más altos puede reducir la cantidad de adolescentes que comienzan a fumar y motivar a los fumadores adultos a dejar el tabaco.

Las tasas de tabaquismo se reducen a más de la mitad

Los cigarrillos formaron parte de la vida cotidiana de los estadounidenses durante la mayor parte del siglo XX. Fumar alcanzó su punto máximo a mediados del siglo pasado: más del 40% de los estadounidenses fumaba cigarrillos en 1965.

El año anterior —1964— una alerta del Cirujano General sobre los peligros de fumar dio lugar a un esfuerzo masivo para frenar el consumo de cigarrillos. Las campañas en los medios de comunicación sobre los nuevos peligros de fumar llevaron a la primera caída sostenida en el hábito de fumar en los Estados Unidos. Las posteriores políticas libres de humo iniciadas a partir de la década de 1980, las restricciones de edad y otras restricciones reglamentarias sobre el hábito de fumar y a la industria tabacalera, llevaron a una mayor disminución del consumo de tabaco. Hoy en día, menos del 15% de los adultos son fumadores.


Sin embargo, aún cuando cada vez menos estadounidenses fuman, las tasas de tabaquismo siguen siendo persistentemente altas entre los más pobres. La mayoría de las familias con un estatus socioeconómico más alto viven, trabajan y se divierten en lugares donde no se permite fumar y, de hecho, está mal visto.

El clima social en torno al tabaco es muy diferente para los estadounidenses más pobres. Muchos de sus amigos y familiares fuman, y buena parte viven y trabajan en lugares donde se permite fumar en espacios cerrados.

Reducir la tasa de tabaquismo en más del 50% es uno de los grandes éxitos de salud pública de los últimos cien años, pero los estadounidenses más pobres fueron dejados atrás. Los estudios sugieren que una implementación más amplia de estrategias eficaces de prevención del tabaco podría reducir el cáncer de pulmón en esta población.

Decir a los niños los costos y la verdad

Los estudios demuestran que uno de los primeros pasos para reducir el hábito de fumar es cambiar la forma en que las personas piensan sobre el tabaco. Las campañas mediáticas exitosas deben ir más allá de simplemente advertir sobre los riesgos que fumar tiene para la salud: deben proporcionar a los jóvenes nueva información que replantee las imágenes que retratan los anuncios de tabaco. Una campaña nacional reciente para prevenir el consumo de tabaco entre los jóvenes demuestra esta estrategia.

Lanzada en 2014 por la FDA, la campaña “ El costo real” replantea el hábito de fumar. En lugar de imágenes glamorosas de fumadores, los jóvenes aprenden que cada cigarrillo les cuesta algo. Estos costos incluyen daños cosméticos, la pérdida de control debido a la adicción y el conjunto de químicos tóxicos que hay en el humo del cigarrillo. Las encuestas longitudinales que se hicieron a jóvenes en cuatro estudios realizados de 2013 a 2016 revelaron que esta campaña evitó que aproximadamente 350,000 jóvenes comenzaran a fumar entre 2014 y 2016.


Las campañas en los medios de comunicación pueden replantear la manera en que las personas piensan sobre fumar y dejar de fumar, pero no las obligan directamente a dejar de fumar o a no empezar a fumar. Las leyes y políticas tales como no fumar en los restaurantes son un refuerzo para estas campañas. Al restringir el comportamiento de las empresas tabacaleras, minoristas y fumadores, las medidas reglamentarias obligan a los fumadores a dejar de fumar y a los jóvenes a no comenzar.

Además, mientras que las medidas reglamentarias restringen las libertades individuales y comerciales, la mayoría de los estadounidenses apoyan las políticas para prevenir el consumo de tabaco. El humo de segunda mano perjudica a los no fumadores y fumar nos cuesta a todos miles de millones de dólares en atención médica. Los beneficios de fumar menos superan cualquier percepción de carga regulatoria. Además, estas acciones generan muy bajo o ningún costo de implementación, y los impuestos al tabaco realmente generan ingresos.

A partir de la década de 1990, las ciudades y los estados comenzaron a prohibir fumar en las oficinas y restaurantes para proteger a los no fumadores. Estas políticas también cambiaron el clima social que afecta las decisiones de las personas sobre el uso del tabaco. Los adolescentes que estaban experimentando con el tabaco y los fumadores comenzaron a recibir el mensaje de que la mayoría de las personas no fuman y no lo encuentran aceptable. Menos adolescentes comenzaron a fumar y más adultos dejaron de fumar a raíz de estas políticas libres de humo.

Aunque las compañías tabacaleras se resisten a las prohibiciones, estas políticas son populares entre los votantes republicanos y demócratas. En los últimos años, las prohibiciones de fumar se han extendido a lugares privados. Varios estados prohíben fumar en los automóviles si hay un niño presente, mientras que los propietarios y las asociaciones de propiedad frecuentemente prohíben fumar en residencias privadas. Y este año, el gobierno federal prohibió fumar dentro de los apartamentos administrados por la Autoridad de Vivienda y Desarrollo Urbano (sin embargo, esta política no se aplica a la vivienda de la Sección 8).

Impuestos sin malas interpretaciones


Más allá de restringir donde las personas pueden fumar, muchas ciudades y estados prohíben la venta de productos de tabaco a personas menores de 21 años. Los círculos sociales de la mayoría de los estudiantes de secundaria no incluyen a los de 21 años, por lo que es poco probable que estos adolescentes tengan amigos que puedan comprar cigarrillos legalmente. Needham, Massachusetts, un suburbio de Boston, fue la primera ciudad en aumentar la edad a 21 años, y el consumo de tabaco entre los adolescentes disminuyó en comparación con los suburbios vecinos. La evidencia preliminar de California indica que esta política está limitando la capacidad de los adolescentes para comprar cigarrillos.

Los impuestos al tabaco son populares entre muchos votantes y representan una ganancia para los legisladores. Con precios más altos, las personas compran menos cigarrillos e impuestos más altos generan más ingresos. Estos nuevos ingresos podrían proporcionar apoyo para quienes intentan dejar de fumar y financiar programas para evitar que los adolescentes se vuelvan fumadores. El Distrito de Columbia recientemente promulgó un aumento de impuestos de $2 por paquete en los cigarrillos, y los votantes de Montana y Dakota del Sur votaron el 6 de noviembre sobre si aumentar los impuestos al tabaco en sus estados.

El cáncer de pulmón sigue siendo una enfermedad mortal, pero nuestro país tiene la vacuna para prevenir esta enfermedad. Informados por más de 60 años de investigación sobre campañas efectivas en medios de comunicación y políticas regulatorias, los legisladores tienen las herramientas para eliminar la mayoría de los cánceres de pulmón. Los estudios sugieren que una implementación más amplia de estas políticas, especialmente en lugares con más pobreza, reduciría el hábito de fumar y evitaría el cáncer de pulmón. Dejar de fumar es difícil, pero estas estrategias populares basadas en la evidencia pueden ayudar.


* Robert McMillen es profesor y director asociado del Centro de Investigación de Ciencias Sociales de la Universidad Estatal de Mississippi.


The Conversation


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