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¿Es posible evitar que el automóvil sea usado como un arma terrorista?

La costumbre de tener siempre cerca un auto ha creado una ilusión de inofensividad que está siendo efectivamente capitalizada por terroristas en todo el mundo. Sin embargo ya se ve luz al final del túnel.
15 Jul 2016 – 4:39 PM EDT

El ataque terrorista de este jueves en Las Ramblas de Barcelona, el ataque neo-nazi en contra contra-protestas pacíficas en Charlottesville, Virginia el fin de semana pasado y el ataque en el Día de la Bastilla de 2016 en Niza, tienen como común denominador el uso de un arma inesperada; un automóvil.

En las manos equivocadas el automóvil puede un gran poder letal. La combinación de velocidad, masa y potencia le dan un enorme poder destructivo. Esta es la razón principal por la que el uso y la tenencia de vehículos de motor están estrictamente regulados y su operación requiere de una licencia otorgada por entes reguladores.

Conciente de esta circunstancia en septiembre de 2014, Abu Mohammed al Adnani vocero de Estado Islámico (DEASH, o ISIS) llamó a los seguidores de la organización terrorista a utilizar automóviles para atropellar "infieles".

Una investigación de The Guardian consiguió que una gran cantidad de departamentos de policía en Estados Unidos instruyen a sus oficiales a que traten a los vehículos de motor en movimiento como armas mortales, autorizándo a sus agentes a dispararles como medida de autodefensa. Aunque tal práctica contradice a las normas del Departamento de Justicia de Estados Unidos, que indican que los oficiales “podrán abrir fuego solo si el conductor presenta una amenaza mortal adicional como un arma de fuego”, The Guardian encontró que miles de fuerzas policiales en todo el país se han resistido a adoptar este estándar.


A pesar de su apariencia inofensiva, un camión cava refrigerado Renault Midlum fue usado efectivamente por el camionero tunecino Mohamed Lahouaiej Bouhel como un efectivo instrumento para causar terror y muerte, en el que ya es considerado como el peor capítulo de la historia de la ciudad de Niza. Lo mismo puede decirse de la van Renault Trafic utilizada en el ataque en Barcelona, y aunque el Dodge Challenger que James Alex Fields Jr. utilizó para causar la muerte de Heather Heyer y herir a 19 manifestantes más en Charlottesville fue dseñado para tener un aspecto amenazante, la muerte y el terror nunca estuvieron en la mente de sus creadores.

Hasta hace poco el papel de los automóviles en actividades terroristas se había limitado a su uso como receptáculo para esconder aparatos explosivos, como en el caso del edificio federal Alfred P. Murrah en Oklahoma City o de incontables coches bomba que han explotado por décadas. Este nuevo papel de los vehículos de motor como arma mortal en si mismos agarró al público de sorpresa..

El experto automotriz Jeff Jablansky le dijo a Univision Autos que “aunque es muy difícil evitar que alguien use un automóvil para hacer daño, la industria automotriz está haciendo todo lo posible para minimizar ese daño. Se han diseñado capós y parachoques más seguros en caso de impacto y así como complejos sistemas de seguridad activa, como el frenado automático de emergencia, y de seguridad pasiva como las bolsas de aire frontales exteriores (mostradas recientemente por Volvo) para proteger a los peatones en caso de impacto".

Hasta que los vehículos autónomos no se desplieguen masivamente eliminando el poder del conductor sobre el auto, el papel del automóvil como arma de destrucción masiva es algo que la sociedad deberá tener mucho más en cuenta. Como los lamentables eventos de las últimas semanas nos han confirmado, no será sino hasta el día que los autos se manejen solos que la ilusión de inofensividad a nuestro medio de transporte urbano primario dejerá de ser solo eso, una ilusión.

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