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Ataque en Niza

El atentado en Niza y el miedo al terrorismo 'low tech'

La matanza de al menos 84 personas en el sur de Francia muestra que no hace falta arsenales, explosivos, alta tecnología, ni grupos coordinados para causar daño y generar pánico entre la población.
15 Jul 2016 – 1:30 AM EDT

Niza, un camión y un solitario atacante demuestran que las armas del terrorismo pueden ser insospechadamente cotidianas e igualmente destructivas.

El camión en esa ciudad del sur de Francia que este jueves atropelló y causó la muerte de al menor 84 personas en medio de las celebraciones del día de la Bastilla, dejó patente que el arsenal disponible para extremistas es más variado de lo que se pensaba.

El vehículo estaba cargado de explosivos, pero no le hicieron falta al chofer, quien antes de caer abatido por la policía dejó decenas de cuerpos regados en la explanada donde una muchedumbre festiva marcaba el día nacional de Francia.

No es la primera vez que un extremista atropella con su automóvil a civiles indefensos, pero si la primera, que esa estrategia resulta tan sangrienta.

El ataque en Niza demuestra que no es necesario adquirir armamento de alto calibre, ni tener habilidades para la fabricación y transporte de explosivos, ni correr el riesgo que implica su almacenamiento.

Para quienes aspiran perpetrar una matanza en nombre de una idea política o una creencia religiosa es suficiente tener un arma mundanamente simple, de “low tech” o baja tecnología.

En fotos: matanza en Francia causada por ataque con un camión

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Objetivos blandos

La idea de usar lo que haya a la mano contra el enemigo la planteó en 2014 Abu Muhammad al-Adnani, considerado el portavoz oficial del grupo radical Estado Islámico (EI, o ISIS como también se le conoce).

“Aplasta su cabeza con una roca, o mátalo con un cuchillo, o atropéllalo con tu vehículo, o lánzalo desde una altura, o ahórcalo, o envenénalo”, dijo en un mensaje a los aspirantes a yihadistas.

Antes de esta sugerencia de Al-Adnani la tendencia era hacer de los atentados terroristas ejemplarizantes acciones espectaculares, como ocurrió el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington.

Con los aviones que secuestraron los miembros del entonces grupo extremista más temido, Al Qaeda, pareció que los terroristas adoptarían herramientas cada vez más complejas para garantizar el impacto propagandístico de sus acciones.

La reacción de las fuerzas de seguridad del mundo entero fue la de impedir a potenciales atacantes el acceso a aviones y zonas de seguridad de aeropuertos.

Los aeropuertos se convirtieron entonces en zonas críticas o “duras” de seguridad, en contraste con las “blandas” como centros de reunión pública que no gozan de tanta vigilancia.

Pero esas zonas “blandas” han dejado de serlo y cada vez más se conocen noticias de atentados en centros comerciales, bares, restaurantes, espacios abiertos, e incluso en las áreas menos vigiladas de los aeropuertos, como el caso del ataque en Estambul dos semanas atrás o en Bruselas, en marzo pasado.

El problema es que en las calles y avenidas de las ciudades no es posible establecer un nivel de vigilancia que permita identificar potenciales atacantes. No hay manera de “endurecer” la seguridad en la mayor parte de las zonas públicas sin afectar la normalidad de la vida ciudadana.


Lobo solitario

Esa es la intención del terrorismo: hacer que las personas se sientan bajo amenaza permanente y mantener a las autoridades en vilo, a la espera de atentados de los que no se sabe cuándo ocurrirán, pero que todos tienen la certeza -fundamentada o no- de que están por pasar.

Otra variable que destaca lo ocurrido en Niza, por lo que se sabe hasta ahora, es que fue obra de un solo atacante, el conductor, que hizo zigzaguear el vehículo mientras arrollaba a transeúntes buscando crear el mayor daño posible.

Los “lobos solitarios” son uno de los peores problemas que enfrentan los cuerpos de seguridad del mundo entero que lidian con la amenaza terrorista.

Son individuos con intenciones hostiles que están inspirados por grupos radicales, pero que no necesariamente pertenecen formal o completamente a alguna organización, y como no corren el riesgo de que sus comunicaciones sean interceptadas por la policía resultan más difíciles de rastrear para las autoridades.

En Niza se presentó una temible combinación letal, y al miedo a los lobos solitarios se une ahora el terror a armas de insospechadas aniquilación masiva que pueden estar literalmente a la vuelta de cualquier esquina.

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