null: nullpx
Nicaragua

"En Nicaragua nada está normal como dijo el juez": EEUU le negó el asilo, lo deportó y ahora vive en la clandestinidad

No hay cifras claras de cuántos nicaragüenses llegaron a EEUU para pedir asilo en los últimos meses por considerarse perseguidos por el gobierno de Daniel Ortega tras el comienzo de la ola de protestas, pero una organización de derechos humanos en Miami dice estar desbordada por estos casos. Un joven deportado le contó a Univision Noticias su experiencia tras ser deportado a Nicaragua.
6 Abr 2019 – 2:59 PM EDT

Felipe* desistió el 20 de febrero. Ya no quiso seguir apelando a la orden de deportación impuesta por un juez de inmigración en Estados Unidos tras determinar que no era elegible para recibir asilo político. Acudió a corte en tres ocasiones y la respuesta, según su propio relato, siempre fue la misma: " No tiene derecho a asilo. El gobierno de Estados Unidos ha decretado su expulsión".

La frustración y el miedo invadió a este joven nicaragüense de 19 años: ¿Cómo regresar a un país donde teme ser apresado o asesinado por el hecho de haber participado en las protestas contra el gobierno de Daniel Ortega en la ciudad de Estelí?, se preguntó cuando embarcó en un vuelo desde Luisiana hacia Managua para ser deportado.

Pese a los temores de Felipe, el juez de migración desestimó su petición, según el relato que este joven brindó a Univision Noticias: “En la primera entrevista, el juez no me dejó ni hablar. Me dijo que si quería explicarle algo que lo hiciera en la apelación”, aseguró.

Pese a la ausencia de estadísticas oficiales, se estima que más de 50,000 nicaragüenses han huido a causa de la violencia política y el colapso económico provocado por la crisis sociopolítica que atraviesa el país desde abril de 2018. La mayoría de los exiliados han optado por Costa Rica pero existe un número no determinado que ha apostado a Estados Unidos.


Felipe huyó de Nicaragua el 24 de octubre de 2018. Dice que salió de Estelí "de un día para otro" tras recibir amenazas de grupos paramilitares, quienes lo acusaban de “golpista y terrorista” por haber participado en las protestas cívicas y los tranques contra el gobierno de Daniel Ortega.

Los simpatizantes del gobierno sandinista tenían identificado a Felipe en una lista, ya que, además de su activismo, fue testigo directo de los asesinatos de los universitarios Orlando Pérez y Franco Valdivia. Esos crímenes ocurrieron el 20 de abril de 2018 en el albor de las protestas antigubernamentales, cuando francotiradores abrieron fuego contra la manifestación ciudadana en el parque central de esa ciudad norteña en Nicaragua.

“Yo vi caer a Franco y a Orlando. Vi cómo salía sangre de su boca y luego sus cadáveres fueron arrastrados por turbas sandinistas en el parque”, sostuvo Felipe en declaraciones a Univision Noticias. El joven cuenta que el acoso en su contra se volvió tan fuerte que amenazaron con quemar la casa de su familia si seguía protestando. La familia de ‘Felipe’ no estaba dispuesta a verlo caer preso o a esperar que le pasara algo peor. Reunieron 500 dólares y lo enviaron a Estados Unidos a buscar asilo con su testimonio como prueba principal de la persecución.

Del drama de Nicaragua al de los migrantes centroamericanos

Felipe atravesó Honduras, Guatemala, México durante semanas. Viajó escondido en un tráiler junto a decenas de inmigrantes centroamericanos.

Según cuenta, al llegar a Ciudad de México, la policía federal detuvo a los coyotes, quienes para disimular la carga ilegal, los dejaron encerrados por horas. Los migrantes se estaban ahogando. Felipe pensó que se moría. El joven saltó de golpe del horror de la persecución política en su país al drama migratorio que cada año viven decenas de miles de centroamericanos que tratan de entrar a Estados Unidos sin documentos.

El 12 de noviembre, cerca de la media noche, Felipe atravesó ilegalmente la frontera sur de Estados Unidos con la intención de entregarse a las autoridades para pedir protección.

Tras atravesar el Río Bravo, se entregó a la Patrulla Fronteriza en la ciudad de Roma (Texas). Después de que las autoridades migratorias consideraran que tenía un miedo creíble de regresar a su país fue enviado a Folkston, un centro de procesamiento del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, ICE, por sus siglas en inglés, ubicado en Georgia.

De ahí fue enviado al centro de detención Stewart, en la ciudad de Lumpkin, también en Georgia, y el 10 de febrero tuvo una nueva audiencia de apelación, pero Felipe no logró convencer al juez del peligro que él consideraba que supondría volver a su país: "Cuando intenté explicarle mi situación, el juez me calló. Al volverme a ver en apelación dijo que no tenía derecho a libertad bajo fianza, ni con grillete o bajo palabra por peligro de fuga", explica.

La última vez que Felipe vio al juez de inmigración fue el 20 de febrero, pero no pudo contar su historia de persecución política: “Ese día el juez se sorprendió al verme apelando de nuevo y se burló. Me dijo que estábamos jugando a ‘ver quién se cansa primero’, porque él me iba a negar el asilo siempre. Además, dijo que la situación en mi país ya estaba normal y ya podía regresar", aseguró el joven.

Organización lamenta "desconocimiento" de la situación en Nicaragua

La filial de Miami de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH) conoció el caso de Felipe. Desde que estalló la crisis sociopolítica en Nicaragua y los ciudadanos comenzaron a exiliarse, las pequeñas oficinas que esta organzización ocupa en Virginia Gardens han estado saturadas de solicitudes. A la CPDH llaman familiares de solicitantes de asilo preocupados y nicaragüenses desde los centros de detención solicitando apoyo jurídico para evitar las deportaciones.

Esperanza Cuevas, directora de la CPDH en Miami, le explicó a Univision Noticias que uno de los principales problemas de los jueces de inmigración es “confundir a los nicaragüenses perseguidos políticos con los demás migrantes centroamericanos” que llegan desde Honduras, El Salvador y Guatemala huyendo de otras situaciones que no califican para asilo político.

“Hay bastante desconocimiento de las autoridades migratorias sobre los nicaragüenses que vienen huyendo por problemas políticos, es decir que no son migrantes económicos”, comparó Cuevas. “En la CPDH estamos tratando de documentar esta política contra los nicaragüenses y tratando de educar a las autoridades norteamericanas sobre la represión en Nicaragua”.

A través de folletines impresos, esta organización intenta influir en políticos y tomadores de decisión. Pero lo cierto es que su capacidad está desbordada por la demanda de exiliados, así como por su capacidad operativa y financiera. Es una tarea titánica para una filial de un organismo de derechos humanos cuyos defensores son, en su mayoría, voluntarios sin paga.

“Los jueces conceden muy poco asilo e imponen multas impagables a los nicaragüenses. Tuvimos un caso de una fianza de 60,000 dólares”, criticó Cuevas, a quien también le parece incongruente que la administración de Donald Trump condene e imponga sanciones al gobierno de Ortega, pero mantenga una política migratoria de puertas cerradas para los perseguidos políticos del sandinismo.


Univision Noticias ha conocido que Estados Unidos ha concedido dos asilos a nicaragüenses: Rosa Amanda Cruz, madre de Michael Humberto Cruz, quien fue asesinado el 20 de abril de un disparo al corazón en la Universidad Politécnica (Upoli). Y Migueliut Sandoval, viuda del periodista Ángel Gahona, asesinado también en los primeros días de protestas.

De acuerdo a la CPDH, uno de los principales problemas de los nicaragüenses que llegan para pedir asilo político es que no pueden probar ante las autoridades migratorias su situación de perseguidos políticos. Muchos salieron de Nicaragua de forma urgente y no portan con ellos pruebas que convenzan a los jueces.

Miedo a ser “desaparecido” en Managua

Cansado y agobiado por la imposibilidad del asilo en EEUU, Felipe aceptó la deportación. El miedo lo paralizó el 13 de marzo cuando fue trasladado al centro de detención Alexandria, en Luisiana. La deportación era irreversible y solo podría pensar si lo detendrían al llegar a Nicaragua.

Un portavoz de ICE le confirmó a Univision Noticias que en el vuelo en el que regresaron a Felipe a Nicaragua el pasado 21 de marzo fueron deportados en torno a 70 ciudadanos de ese país. Además dijo que generalmente dos vuelos de ese tipo salen al mes desde Louisiana a Managua.

ICE no ofreció datos sobre se si han aumentado las deportaciones en los últimos meses coincidiendo con la llegada de solicitantes de asilo huyendo de la represión en Nicaragua. Sin embargo, según Felipe, la mayoría de las cerca de 80 personas que, según él, iban en su vuelo para ser deportados habían llegado hacía poco tiempo a EEUU: “La mayoría éramos jóvenes que participamos en las protestas. Solo 15 personas ya habían vivido antes en Estados Unidos y eran deportados esta vez”, le dijo a Univision Noticias.

Según la CPDH, al menos 25 deportados han sido detenidos por la policía al aterrizar en Managua.

En diciembre, la organización de derechos humanos identificó a tres deportados “desaparecidos” como Carlos Rizo, Jairo Antonio Amador y David Gómez, este último un activista político de la ciudad de Estelí. Univision Noticias intentó sin éxito comunicarse con los familiares de Gómez para conocer el paradero actual del activista.

Según la CPDH, cuando ICE entrega a los deportados en el aeropuerto de internacional de Managua hay un oficial de la Dirección de Auxilio Judicial de Policía con una lista en mano, apartando a de la fila a quienes participaron en las protestas contra el gobierno de Ortega.

Felipe tuvo suerte. No fue detenido a su llegada a Managua. El joven relató a Univision Noticias que en el aeropuerto identificó a un comisionado de la Dirección de Auxilio Judicial, quien daba "la bienvenida" a los deportados. El oficial se acercó a los deportados y sacó a cinco de la fila. Felipe dice que cerró los ojos para contener el miedo inútilmente.

“Mi corazón latía a mil por hora; casi se me salía por a boca. No me llamaron a mí. El comisionado de Auxilio Judicial les dijo a esas cinco personas que lo acompañaran, porque ‘tenían algo pendiente con la policía’, y se los llevaron a otro sitio. A nosotros nos dejaron ir”, narró Felipe. Sin embargo, la tensión no terminó allí para el joven de Estelí.

Antes de salir del aeropuerto, los oficiales les pidieron todos sus datos personales, incluso los nombres y ocupaciones de sus padres para ingresarlos a una base de datos. Felipe no sabe si se trata de una operación de rutina, pero cuando lo llevaron a la parada de bus hacia Estelí, no dejó de pensar que para la policía sería ahora más fácil capturarlo.

La suposición no es vana puesto a que organismos de derechos humanos denuncian a diario en Nicaragua detenciones arbitrarias de ciudadanos por razones políticas, pese a que hay un diálogo político en el que el gobierno se comprometió a cesar la represión.

Aunque está de vuelta en casa, para Felipe es como seguir en un centro de detención. Por miedo no ha salido de la vivienda desde que lo deportaron: "Ni a la acera me asomo para que nadie sepa que volví. No publico nada en mis redes sociales porque en Nicaragua nada está normal como me dijo el juez de inmigración. En cualquier momento pueden venir por mí", aseguró.


*Nombre ficticio. El entrevistado pidió no revelar su nombre real por temor a represalias.


📷 Las historias de los refugiados que llegaron a Costa Rica huyendo de la persecución en Nicaragua

Loading
Cargando galería
Publicidad