"La mayoría no los reporta": 6 datos claves para entender la agresión sexual en la adolescencia

Las investigaciones revelan que la agresión sexual es común entre niños y niñas menores de 18 años. Expertos de la Universidad de New Hampshire sobre violencia sexual comparten datos fundamentales para investigar y hablar sobre el tema.
27 Sep 2018 – 1:29 PM EDT

El relato de Christine Blasey Ford de presuntamente haber sido agredida sexualmente por el nominado a la Corte Suprema Brett Kavanaugh cuando eran adolescentes está provocando comentarios informados y desinformados de parte de los políticos. Y están generando aún más conversaciones privadas sobre el tema en hogares y oficinas por todo el país.

Existe un gran cuerpo de investigación en las ciencias sociales sobre las llamadas "agresiones sexuales entre pares" que es relevante en estas discusiones. Mis colegas y yo somos expertos en violencia, incluyendo delitos sexuales contra niños y jóvenes, y nuestra investigación se centra en encuestas para documentar esas realidades y rastrear las tendencias.

Aquí hay seis hechos básicos sobre agresión sexual entre adolescentes. ¿Qué dicen las investigaciones?

1. Es común

Las agresiones entre personas menores de 18 años son comunes: el 18% de las niñas y el 3% de los niños dicen que para cuando tenían 17 años habían sido víctimas de una agresión sexual o abuso a manos de otro adolescente.

Este cálculo, y los de los siguientes tres puntos, provienen de una encuesta nacional sobre la violencia de más de 6,000 jóvenes de 10 a 17 años, realizada entre 2008 y 2014. La agresión sexual entre iguales se definió mediante respuestas afirmativas a cualquiera de las dos preguntas: 1) En En cualquier momento de tu vida, ¿otro niño o adolescente te obligó a hacer cosas sexuales? 2) En algún momento de su vida, ¿alguien intentó obligarte a tener relaciones sexuales, es decir, a tener relaciones sexuales de cualquier tipo, incluso si no terminó sucediendo?

Además, para que contara, todas las ofensas requerirían contacto físico y por lo menos un delincuente juvenil.

2. La agresión es más que sexo

La mayoría de los ataques entre adolescentes no implican relaciones sexuales. La penetración ocurre solo en 15% de los casos.

3. El silencio

No divulgar o reportar una agresión es común. La mayoría (66%) de las víctimas adolescentes no informaron a los padres ni a ningún otro adulto sobre el asalto. Solo el 19% denunció el asalto a la policía.

4. No todas las víctimas son iguales

Las víctimas tienen una variedad de reacciones a la agresión. Por ejemplo, el nivel de miedo en el momento de la agresión abarca toda la gama: el 32% informó que tenía mucho miedo, pero el 26% dijo que no había tenido miedo. El resto informó tener un poco de miedo.

5. Daños de por vida

Los impactos de una agresión pueden ser graves y duraderos. Tanto las agresiones sexuales como las no sexuales en la adolescencia están asociados con niveles más altos de lo normal de depresión, ansiedad, síntomas postraumáticos y riesgos de ser atacados nuevamente. Este es uno de los hallazgos más confiables en un cuerpo de eviencia científica creciente de cómo las experiencias negativas de la infancia conducen a una peor salud física y mental más adelante en la vida.

6. No son delincuentes de por vida

Algunos jóvenes que cometen agresión sexual son delincuentes en serie, pero la mayoría no lo son. La tasa de reincidencia para esos jóvenes es del 5%, más baja que para los adultos que cometen una primera agresión y ha ido disminuyendo con el tiempo, posiblemente debido a una mayor conciencia y una mejor intervención.

La educación funciona

Los expertos en agresión sexual coinciden en que educar a los jóvenes es una de las formas más importantes de disminuir la incidencia de agresión sexual. Entre las herramientas que usan los educadores están las lecciones sobre el consentimiento, cómo tomar buenas decisiones, construir y fortalecer las habilidades para rechazar algo no deseado y empoderar a los testigos para intervenir.

Varios programas educativos con esos componentes han sido evaluados formalmente y han demostrado ser efectivos, incluyendo programas como Safe Dates (Citas Seguras), Shifting Boundaries ( Fronteras en Movimiento), Green Dot y la Cuarta R.

Las encuestas sugieren que las agresiones sexuales de adolescentes y adultos han estado disminuyendo en los últimos 25 años. Aún así, demasiados jóvenes sufren de estos delitos y sufren sus efectos. La expansión de programas educativos es una prioridad obvia y crucial para reducir este número de víctimas.

*David Finkelhor es profesor de sociología en la Universidad de New Hampshire. Ateret Gewirtz-Meydan es una investigadora postdoctoral en la Universidad de New Hampshire.

En fotos: Así transcurrió el interrogatorio a Christine Blasey Ford por el Comité Judicial del Senado

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