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Perú

De lustrar zapatos llegó a la presidencia de Perú; años más tarde terminó preso en California

En caso de ser extraditado, Alejandro Toledo concluiría un vínculo con el Área de la Bahía establecido hace más de cinco décadas. En esta región no solo forjó sus estudios, sino que fue uno de sus refugios para eludir a la justicia.
6 Ago 2019 – 8:24 PM EDT

SAN FRANCISCO, California. - El próximo 7 de agosto el expresidente Alejandro Toledo pisará de nueva cuenta un tribunal en San Francisco para su audiencia frente al juez federal Thomas S. Hixson, quien estudia una petición de extradición por parte del gobierno peruano. Desde su detención, el pasado 16 de julio, Toledo ha permanecido encarcelado en el norte de California mientras los fiscales locales intentan obtener más información sobre la vida financiera del exmandatario.

El originario de Cabana, Áncash, tenía en su poder un maletín con $40,000 en efectivo, por lo que el magistrado determinó que representaba un riesgo de fuga. Su arresto se dio a raíz de una orden de captura emitida por la Interpol bajo distintos cargos de corrupción, entre estos el haber recibido sobornos por más de $20 millones de parte de la empresa brasileña Odebrecht. Si la petición de extradición se concreta, la justicia estadounidense le pondría fin a una larga relación que Toledo inició con el Área de la Bahía hace más de cinco décadas.

La llegada a San Francisco

Alejandro Toledo conoció a Joel Meister y Nancy Deeds en la localidad Chimbote, un puerto pesquero a más de 600 kilómetros (370 millas) de Lima. Estos voluntarios estadounidenses que visitaban Perú representaban para él una oportunidad de escapar no solo del sistema académico provinciano para tener una mejor educación, sino también de la extrema pobreza.

Las condiciones precarias en su hogar -conformado por 16 hermanos- hacían difícil que sus padres, Anatolio y Margarita, pudieron enviar a la universidad a su octavo hijo. De esta manera creció su anhelo de viajar a Estados Unidos, el cual se materializó en diciembre de 1965 cuando Toledo llegó a una agitada ciudad San Francisco, epicentro de protestas por la lucha de los derechos civiles y la oposición a la guerra en Vietnam.

Con ayuda de Joel y Nancy se inscribió en la Universidad de San Francisco (USF). Aunque Toledo trabajó en diversos oficios, el fútbol fue su soporte económico más importante gracias a que el legendario entrenador Steve Negoesco le otorgó una beca por su destreza con el balón.

Fortalece sus vínculos en la Bahía

Para 1970 Toledo ya contaba con un diploma en Economía, pero sus afanes intelectuales no acabarían ahí, ya que logró unirse a las filas de la prestigiosa Universidad de Stanford.

Martin Canroy, un distinguido docente de esa casa de estudios, aceptó a Toledo en un programa cuyo objetivo era convertir a estudiantes latinoamericanos en líderes educativos para pueblos indígenas, una opción que resultaba inmejorable para alguien con orígenes indígenas y que a la postre le ayudó a conseguir una maestría y doctorado en Educación.

Sus vínculos con el Área de la Bahía se cimentaron aún más en 1975, cuando Toledo conoció a Eliane Karp, quien se trasladó de la Universidad Hebrea de Jerusalén a Stanford para continuar sus estudios antropológicos. Años después, un 20 de enero de 1979, el joven peruano y la estudiante francesa se casaron en una boda en la ciudad de Sunnyvale.

Incursión en la política

Convertido en un hombre casado, Toledo dejó por primera vez el Área de la Bahía para convertirse en un hombre de mundo: vivió en Buenos Aires, Washington DC, Boston y Japón. Trabajó para las Naciones Unidas y para el Banco Mundial; también fue miembro del Instituto para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard y colaboró como profesor visitante en la Universidad de Waseda, en Tokio.

Durante el primer mandato de presidencial de Alan García, entre 1985 y 1990, Toledo dirigió el Banco Regional del Sur Medio y Callao. Esta designación fue su primer acercamiento a la política peruana. Para 1994, el graduado de USF fundó una agrupación que abogaba por la identidad e igualdad nacional y la inversión educativa. Toledo, a estas alturas, era un economista respetable, de un ímpetu de superación proveniente de un Perú emergente, de un “Perú Posible”.

Su primera búsqueda de la silla presidencial llegó un año después de la mano del partido político que fundó, Perú Posible. En esa contienda electoral terminó en el tercer lugar con poco más del 3% de los votos. Con espíritu renovado, buscó la Presidencia en una segunda ocasión en el 2000, donde el reto consistía en vencer al presidente del momento, Alberto Fujimori. Su mensaje popular de luchar contra la corrupción no fue suficiente: perdió en la segunda vuelta con el 25.67% de los sufragios, muy por encima de su primera participación electoral.

Fotos: Alejandro Toledo, del éxito político en Perú a una cárcel de EEUU acusado de corrupción

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El primer presidente indígena

Perú entró en una era de escándalos políticos que llevaron al presidente Alberto Fujimori a huir a Japón y convertirse en el primer jefe de estado en renunciar a su cargo vía fax. Aprovechando la coyuntura, Toledo convocó a más de un millón de estudiantes a las calles y derrotó a Alan García en una elección extraordinaria que lo convirtió en el primer presidente indígena en la historia peruana.

En la silla presidencial de Perú ahora se sentaba el niño que alguna vez lustró zapatos y vendió tamales en las calles de Chimbote, triunfó en Estados Unidos y regresó para liderar a un país entero, una historia de superación que entonces entusiasmaba a las masas del país sudamericano.

Tanto hombres como mujeres, principalmente de los estratos sociales bajos, aspiraban al mismo tipo de progreso que representaba su líder. Con un sólido apoyo de las masas populares, Toledo creó programas de educación, alentó el capital extranjero e incentivó tratados internacionales. En infraestructura, promovió la construcción de viviendas y carreteras.

Toledo buscó la reelección en dos ocasiones, 2011 y 2016, pero en ambas fracasó. ¿Qué hizo entonces? Regresó a la región con la que mantenía los vínculos más fuertes después de Perú: el Área de la Bahía.


Regreso a Silicon Valley

Dos direcciones aparecen como posibles domicilios del expresidente Alejandro Toledo a su retorno en la región: una casa en Menlo Park y otra residencia en Los Altos. Ambas ciudades corresponden a los condados de San Mateo y Santa Clara, dos de los más ricos en California.

La vivienda de Los Altos fue la que el fiscal Hamilton Castro, entonces a cargo de la investigación en Perú, sugirió al consulado peruano en San Francisco como el lugar donde podría cumplimentar una posible orden de arresto. Castro fue el encargado de presentar la solicitud de extradición que desde 2017 convirtió a Toledo en un prófugo de la justicia.

El periodista peruano Fernando Rivas asegura en su libro, Mis Monstruos Favoritos, que también en el 2017 a los Toledo se les impidió volar a Tel Aviv debido a un acuerdo diplomático entre Israel y Perú. Desde este último incidente, Toledo se mantuvo alejado de la vida pública y de los escándalos, hasta marzo de este año cuando fue arrestado por alguaciles del condado de San Mateo por encontrarse en estado de embriaguez en un establecimiento de Menlo Park.

El expresidente fue enviado a la cárcel del condado en la ciudad de Redwood City y luego puesto en libertad, esto a pesar de que existía una orden de detención en su contra girada por la Policía Internacional (Interpol). La oficina del Sheriff dijo entonces que los cargos que Toledo enfrentaba en Perú no autorizaban su arresto en Estados Unidos.

Adiós a la libertad… ¿y a la Bahía?

Aquel encuentro de Toledo con las autoridades locales no sería su último. Cuatro meses después, el pasado 16 de julio, Toledo fue detenido en el marco del pedido de extradición por su presunta participación en el caso Odebrecht. La Fiscalía peruana estima que Toledo recibió sobornos millonarios de parte de la constructora a cambio de otorgarles licitaciones para construir carreteras.

A esta acusación se le suma un segundo proceso: el Ministerio Público de Perú alega que Toledo adquirió bienes inmuebles a través de su suegra, Eva Fernenbug, con el dinero que recibió de Odebrecht. En el 2017, en una entrevista con Patricia Janiot, Toledo defendió su postura al respecto, explicando que la compra se hizo con fondos pertenecientes a una empresa en Costa Rica bajo el nombre de Ecoteva Consulting Group cuyo dueño es Josef Maiman Rapaport, y que dichas adquisiciones fueron estrictamente negociadas entre su suegra y el empresario israelí.

Maiman reconoció que Toledo usó cuentas de sus consorcios, entre ellos Ecoteva, para recibir dinero de las identidades brasileñas Odebrecht y Camargo Correa y de esa forma comprar una casa y una oficina en Lima. Maiman indicó también que el monto recibido en sobornos para Toledo por parte de ambas compañías ascendía a $35 millones.

Quienes creen en las cuestiones del destino podrían bien señalar que, desde la Universidad de San Francisco, Toledo vaticinó el propio. Con 24 años y sin saber que se convertiría en el presidente de su natal Perú, ya exculpaba las que serían sus propias acciones. En la cita que acompaña su fotografía en el anuario de 1970 de USF escribió lo siguiente: “nuestra falta de entendimiento de la maldad del hombre común, refleja la imperfección de la justicia humana, pero todas son justificables”.


Fotos: Alan García, de lo más alto de la política de Perú a una muerte trágica envuelto en un escándalo de corrupción

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