Actividad de Pandillas

Rompe el silencio un exjefe de la Mara Salvatrucha en Los Ángeles que se volvió informante del FBI

Quien fuera uno de los líderes de la MS-13 en Los Ángeles en la década de 1990 decidió hablar por primera vez con un medio para contar su historia, su transformación y cómo su colaboración con las autoridades ayudó a capturar a varios integrantes de la banda. Ahora vive bajo una nueva identidad en la otra costa del país, donde ha formado una familia y es pastor en una iglesia cristiana.
5 Oct 2018 – 6:44 PM EDT

LOS ÁNGELES, California.– Jorge Pineda es como un fantasma. Nadie sabe dónde vive y ahora usa otra identidad porque asegura que la pandilla Mara Salvatrucha (MS-13) lo ha sentenciado a muerte por su traición. Hace una década este hombre se cansó de 'cuetear' (disparar a sus enemigos) y traficar droga, y decidió volverse informante del Buró Federal de Investigaciones (FBI). Fue la primera vez que las autoridades infiltraron a esa pandilla, a través de un operativo que puso a varios mareros tras las rejas.

Alias 'El Dopey' dice que vive en la costa este de Estados Unidos (sin dar más detalles) y no permite que lo visiten ni sus familiares cercanos. Sus llamadas no se pueden rastrear. ¿Visitar Los Ángeles? Jamás. Conserva las estrictas medidas de seguridad del programa de testigos protegidos de los US Marshals, el cual borra el rastro de quienes cooperan para enjuiciar a narcotraficantes, criminales y pandilleros de alto calibre.

Aunque hace cuatro años salió de ese cerco de colaboración, sigue tomando precauciones para que la Mara no cumpla su amenaza. Por eso ahora que habla por primera vez con un medio, pide no publicar su foto ni mucho menos su nuevo nombre. Aceptó contar su historia para mostrar que su vida ha dado un giro de 180 grados: ahora es un pastor cristiano que expone su pasado en la MS-13 para que los jóvenes de su comunidad no terminen en malos pasos.

Además, quiere mostrar que siendo infiltrado del FBI ayudó a resolver crímenes, incluso a evitar asesinatos: "No le debo nada a nadie. No tengo ningún problema con la autoridad. Me siento feliz. Sé que tengo un propósito de hacer el bien y no el mal. Antes de salirme de la Mara yo le ayudé mucho al gobierno de Estados Unidos para que supieran cosas que desconocían".

Si bien 'El Dopey', quien tiene 46 años y es padre de tres hijos, fue juzgado en Los Ángeles, tanto la Fiscalía de este condado como la jurisdicción local del Departamento de Justicia (DOJ), dijeron que no habían encontrado información sobre este hombre. Solo el sheriff angelino encontró un incidente en la cárcel del que habría sido víctima, pero no dio más detalles de él.


Sus inicios en la MS-13

A la edad de 10 años, Pineda emigró de El Salvador a Los Ángeles. Llegó a la casa de una tía que vivía en una zona territorio de la clica Leeward, en manos de la Mara. Era 1985 y la banda recién había surgido sin encender las alarmas de la policía. Todavía no agregaba a sus siglas el número 13, que la conecta con la pandilla carcelaria Mafia Mexicana o La Eme.

"Nunca fue mi intención entrar a una pandilla", dice 'El Dopey', quien relata que su ingreso a la Mara se debió a una pelea con su tía: tenía 11 años, estaba enfadado y fuera de casa. "Me metí al barrio y me gustó. Me brincaron a golpes. Te contaban 13 segundos y tú te tenías que defender. Me agarraron entre cuatro. Lo que hice fue agarrar a uno y comencé a pegarle", cuenta.

En aquella época, otros pandilleros despectivamente le decían 'indios' a los migrantes centroamericanos que no hablaban inglés. Ya había unos 500 mareros en alrededor de ocho clicas en Hollywood, el sur de Los Ángeles y el Valle de San Fernando. Pero aún estaban lejos de ser la organización criminal actual con miles de miembros en EEUU, Latinoamérica y Europa.

"Se la pasaba uno en la calle cuidando el territorio, que no entraran 'dieciochos' (miembros de la banda rival Barrio 18), que los 'traqueteros' (asociados) vendieran la droga y que no les robaran. Si tenías que 'cuetear' (balear) a un 'dieciocho' o buscar gente, lo hacías. Eso era de lunes a viernes. El fin de semana tirábamos party, íbamos a un nightclub o a una casa, tomábamos y consumíamos droga", describió.

Con el tiempo se volvieron mucho más violentos y se involucraron en otras actividades criminales. Pineda afirma que en 1994 le agregaron el 13 a la MS y se debió a "un error" que cometió un marero en el Valle de San Fernando. La Eme pidió que lo mataran, pero 'El Dopey' y otros abogaron por él ante un jefe de ese grupo.

"El bato (tipo) dijo: ‘Vamos a quitar la luz verde (para el asesinato) pero me pagan 25,000 dólares y me traen 5 pistolas’. Ahí aprovechamos para decirle: ‘¿Y para usar el 13 cómo le hacemos?’. Y él nos dijo: ‘Pongan 10,000 dólares más’. Ahí es como la Mara comenzó a usar el 13", contó.

La versión más conocida, sin embargo, es que para detener una sangrienta guerra entre pandilleros en Los Ángeles en esos años, los 'carnales' o líderes de la Eme convocaron a una reunión para hacer una tregua y por primera vez invitaron a la Mara. Ahí le dieron el 13.

Ese es el origen del MS-13 con el que coinciden las autoridades, quienes explican en acusaciones federales que esa unión ocurrió cuando la banda "se volvió un asociado de la Mafia Mexicana (…) y agregó el número 13 a su nombre".

La ruptura con la MS-13

'El Dopey' recuerda que a finales de la década de 1990 se enfrentó por primera vez a la justicia por colaborar con una banda que se dedicaba a robar joyería. Estando preso se le acercó un agente del FBI y le dio su tarjeta. "Me dijo: ‘Si alguna vez te interesa trabajar con nosotros, llámame’".

Unos meses después atacó a un pandillero rival y lo sentenciaron a más de cinco años de cárcel. "Estábamos en Los Globos Nightclub en Sunset y vi a un 'dieciocho'. Cuando salimos lo apuñalé varias veces. Andaba bien loco (drogado)", confiesa.

En su juicio supo que el FBI le seguía los pasos. La víctima sobrevivió y testificó en su contra.

Esa condena se cumplió en una prisión del condado de Los Ángeles. En un principio actuó como enlace de la MS-13 en aquella cárcel. Todo iba bien hasta que otro jefe de la banda ordenó que lo mataran. "(Un pandillero preso) se dejó venir conmigo, me quería agarrar el cuello. Cuando veo que viene solo me le agacho y me pica la espalda", narra sobre esa ocasión.

La Oficina del Sheriff de Los Ángeles confirmó ese ataque. "Él fue víctima de un ataque con un arma mortal", señaló Nicole Nishida, vocera de la agencia, a Univision Noticias.

Este incidente, que ocurrió el 30 de septiembre de 2003, significó una ruptura entre Pineda y la MS-13, aunque sabía que su salida de la pandilla no sería sencilla. Ya desde 2001 había aceptado el ofrecimiento del FBI y desde la cárcel comenzó a grabar más de 600 llamadas con varios mareros en distintas ciudades.

"Ahí es cuando abro los ojos. Dije: ‘Esta vida no es para mí. Me van a matar y voy a matar a un montón de gente’. Por eso lo que hice con el FBI lo hice decidido, ya no iba a volver para atrás, ya la Mara no iba a ser para mí. Lo que yo quería era librarla", advierte.

Al salir de la cárcel, Pineda siguió grabando comunicaciones con mareros en Nueva York, Colorado y otros estados. Dice que por una de esas arrestaron a un pandillero que baleó a un rival y a un oficial. "Acabo de 'cuetear' a un bato y agarré a un policía a balazos", recuerda sobre aquella confesión. El hombre trataba de esconderse en Los Ángeles, por eso él pudo dar su ubicación al FBI.

Es por episodios como ese que dice estar satisfecho de su trabajo: "Por todo lo que yo hice, el FBI logró salvar a más de 100 personas y sin contar todos los casos que les ayudé a que resolvieran".

El FBI no ha confirmado que Pineda haya sido o no su informante. "Simplemente no confirmamos ni negamos investigaciones, ni hacemos comentarios sobre las fuentes. A menos de que alguien sea identificado como un informante en los registros judiciales porque un fiscal está obligado a hacerlo, nosotros no podemos comentar", explicó Laura Eimiller, vocera de la dependencia en Los Ángeles.

Cómo es ser testigo protegido

'El Dopey' dice que por su colaboración el FBI le pagaba el alquiler y otros gastos personales, además de que le ofrecieron ser parte del programa de testigos protegidos. Así aceptó borrar su identidad y mudarse lejos de Los Ángeles para comenzar una nueva vida. Señala que de 2004 a 2014 estuvo bajo un cerco de vigilancia de los US Marshals, pero esa dependencia federal no lo puede confirmar.

"El programa, como puede imaginar, está extremadamente aislado para garantizar la seguridad de los participantes y la integridad del mismo. Como tal, nunca divulgaríamos la identidad de un participante ni confirmaríamos la afirmación de alguien, como lo está haciendo el señor Pineda", respondió Dave Oney, vocero de los US Marshals.

Según Pineda, el programa le pagó la renta, le dio muebles, le compró un auto y envió constantemente a oficiales para verificar que estaba bien solo durante seis meses. Pero le indicaron que lo dejarían de ayudar si cometía un crimen o le decía a su familia dónde estaba.

"No puedo decir mi nuevo nombre por mi propia seguridad", advierte y cuenta que ya decidió salirse del programa porque se siente seguro. Ya no provee información al FBI sobre la MS-13, porque según dice hay nuevos infiltrados y su época ha quedado un poco atrás.

De pandillero a predicador

Los tatuajes de la Mara que tenía en la nuca, espalda y piernas ya fueron borrados de su piel. Lejos de guardar algún aprecio por la pandilla, le pide al gobierno que la ataque de frente para erradicarla y hasta aplaude que el presidente Donald Trump llame "animales" a sus miembros.

"Los adiestran como demonios y les ponen en su cabeza que pertenecer a la Mara es estar en un círculo donde vas a tener que matar", reveló.

Bajo la protección federal, Pineda se involucró en una iglesia cristiana y actualmente es pastor y predica sin esconder su pasado en la MS-13. "Ahora yo le sirvo a Dios, hago muchas cosas. Te puedo decir que en un fin de semana hay más de 2,000 personas en lo que yo hago", afirmó.

Hay una anécdota por la que se identifica con el personaje bíblico Saulo de Tarsa, el perseguidor de cristianos que después —bajo el nombre de Pablo— se volvió una de las principales figuras de esa religión. "En cierta ocasión, en la Leeward, pasaron unos cristianos hablando de Dios. Pasaban y pasaban, y los agarré a balazos. Les tiré a los pies y les dije: ‘La próxima vez que pasen los voy a matar’", contó.

Su conversión fue de un extremo a otro. La pandilla no solo se identifica con el diablo, sino que —según cuenta— sus miembros practican la brujería y hacen ritos satánicos. "Por eso es que yo amo tanto a Dios, porque sé de dónde me sacó. Yo me di cuenta que el demonio existe, yo caminé con él de la mano", señala.

De dormir con una pistola en el pecho cuando estaba en la MS-13, él asegura que ahora pasa sus noches tranquilo. "El señor me sanó, me salvó. Soy feliz. Ahora puedo educar a mis hijos, les enseño un solo Dios y una sola esposa. A su padre no lo miran con una cerveza, lo miran hincado orándole a Dios".


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