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Pena de muerte

La tragedia de una familia hispana refleja el debate sobre la pena de muerte en California

El acusado del asesinato de una madre y su bebé en 2014 podría ser condenado a muerte poco antes de que California vote sobre el futuro de la pena capital.
26 Sep 2016 – 3:31 PM EDT

LOS ÁNGELES, California.- Hace un año, Humberto Yauli quería que el supuesto asesino de su hija Gisella y su nieto Dillan fuera condenado a muerte, aunque desde entonces su sentido de la justicia es menos emocional, aunque igual de firme. Quiere que el señalado como responsable pague por lo que hizo, aunque no necesariamente tenga que ser con su vida.

El acusado del crimen, Robert Lawrence Ransom Jr., presuntamente maniató a la mujer de 28 años y prendió fuego a la cochera en la que ella vivía con su bebé, de un año. Ambos fallecieron a consecuencia de aquel incidente. Ransom se declaró no culpable de esos homicidios, así como del asesinato de una joven de 19 años y la violación de una adolescente.

“No puedo desearle la muerte a alguien, sé que la vida es muy valiosa”, comentó Yauli sobre la pena capital que exigía en 2015, sin titubeos. “Sólo quiero que se haga justicia”, dijo a Univision Noticias.

El caso de Yauli refleja el debate que se está produciendo en California para determinar el futuro de la pena máxima en el sistema judicial del estado. Los electores tendrán que pronunciarse en las urnas sobre dos iniciativas legislativas que abordan la condena a muerte con objetivos muy distintos.


Por un lado, la propuesta 62 aspira a cambiar la ley para abolir la pena capital en California por considerarla una práctica ineficiente y cara, además de arriesgada por existir la probabilidad de que personas inocentes sean condenadas. Por otro, la propuesta 66 pretende reformar la aplicación de las sentencias a muerte para agilizar los procesos y que se realicen las ejecuciones sin retrasos.

California convive con la pena capital desde que en 1851 entró a formar parte de su ordenamiento jurídico. Las ejecuciones se sucedieron de forma discontinua, primero por el método de la horca, luego por la cámara de gas y en última instancia la inyección letal, aunque este procedimiento está en revisión. Por esta razón no se ha quitado la vida a ningún preso en el corredor de la muerte desde 2006.

Desde entonces más de 50 presos han fallecido en el corredor de la muerte en este estado, la mayoría por causas naturales. Una docena de ellos cometió suicidio.

“Nosotros no somos quién para decidir quién vive o muere, pero si la justicia lo impone así eso le correspondería decidir a los jueces”, dijo Yauli.


Hace unos días, los fiscales le notificaron (según su testimonio) que habían aceptado pedir la sentencia de muerte para Ransom, un hombre de raza negra y de 32 años.

Yauli, nacido en Perú hace 61 años y quien emigró a Estados Unidos en el año 2000, reconoce que la posición de la Fiscalía angelina le generó satisfacción. “Se siente que la ley está obrando bien, pero ellos son los que están pidiendo la pena de muerte”, aclara.

La Procuraduría del condado de Los Ángeles podría pedir la ejecución para Ramson en la siguiente audiencia del juicio que se realizará el 5 de octubre, indicó su vocero Ricardo Santiago.

Si eso pasa, si Ramson es hallado culpable y si el juez considera tal condena, sería la primera vez en una década que el sistema judicial de Los Ángeles envíe a alguien al llamado ‘Pabellón de la Muerte’ en la cárcel San Quentin, ubicada en el norte de California.

El veredicto de las urnas

El 8 de noviembre, los californianos votarán simultáneamente las propuestas 62 y 66. La última vez que fueron preguntados en las urnas sobre la continuidad de la pena de muerte (noviembre de 2012), un 53% apoyó seguir manteniendo este castigo.

Una encuesta realizada a principios de septiembre por Los Angeles Times y USC muestra que solo un 40% de los votantes quieren erradicar la pena capital.


Así se vive en el 'Pabellón de la muerte' de California

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Más de 900 personas han sido condenadas a muerte en California en los últimos 38 años, sin embargo solo se han realizado 13 ejecuciones.

“Los asesinos del corredor de la muerte tuvieron sus sentencias recomendadas por jurados e impuestas por jueces en California. La justicia demanda que esas sentencias se cumplan. Esos asesinos no deberían ser premiados evitando la pena de muerte”, dijo la fiscal del distrito del condado de Sacramento, Anne Marie Schubert, una de las promotoras de la propuesta 66.

El exfiscal del distrito del condado de Los Ángeles, Gil Garcetti, defiende lo contrario.

“Cuando fui fiscal distrital apoyé la pena de muerte, pero he cambiado mi postura porque creo que es una pérdida de dinero. No tiene un propósito, no es disuasivo y puedes aprovechar ese dinero para problemas más grandes”, declaró Garcetti, que apoya la propuesta 62.

Aquel fuego mortal

El 5 de marzo de 2014, cientos de bomberos lucharon contra el fuego que consumió la cochera de Sur Los Ángeles en la que estaban Gisella y Dillan. En esas tareas de extinción estaban cuando vierno una pequeña silueta entre el humo. Era el bebé. Intentaron salvarlo, lograron sacarlo con vida del lugar pero murió por intoxicación de humo antes de llegar al hospital.

Más tarde se supo que su madre, Gisella, falleció calcinada dentro del garaje. El caso se investigó inicialmente como un incendio accidental, pero después se consideró como doble homicidio.

Según la investigación, Ransom amordazó y maniató a Gisella, quien se ganaba la vida vendiendo ropa en un tianguis (mercado callejero), y le prendió fuego a la cochera convertida en hogar. La camioneta de la mujer fue encontrada con las puertas abiertas y la llave puesta.

El padre de Gisella se mudó del estado de Washington al Sur de Los Ángeles después del incidente con la idea de cuidar a su otro nieto, Kenny, ahora de nueve años. Él se encontraba en la escuela cuando ocurrió el fuego.


“Él me da fuerzas para seguir viviendo, él está reemplazando a mi hija”, dice Yauli mientras él y su nieto caminan sobre el espacio donde estaba aquella humilde cochera que ardió y que fue derrumbada por indicaciones del municipio. Ahora es parte del patio de la propiedad.

“Todos los días me hace falta mi hija. Converso con su foto. Le pido mucho que me dé fuerza para cuidar a mi nieto, quiero que sea un hombre de bien”, comenta el anciano, quien los fines de semana vende ropa usada en las calles de Sur Los Ángeles.


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