Una declaración de amor millennial a Raphael (un día antes de su concierto en Miami)

Este sábado, el James L. Knight Center recibirá al cantante español, al romántico de otras décadas que lejos de todo pronóstico le sigue hablando a las generaciones más jóvenes que lo cantan, que lo quieren.
17 Jun 2016 – 2:46 PM EDT

En mi casa a mi mamá le gustaba Raphael. A mi papá no. No le gustaban sus maneras, sus gestos histriónicos sobre el escenario, y a mi por eso me gustaba más.

Sentía que Raphael era como un cuarto reservado para las mujeres en donde se podía de verdad hablar de la vida. Un lugar incomprensible e inaccesible para “los señores” en donde el amor se vivía con el dramatismo que luego ellos no parecían otorgarles a sus mujeres.

“Yo soy aquel que cada noche te persigue. Yo soy aquel que por quererte ya no vive. El que te espera, el que te sueña”, cantaban a veces ellas en sus camas vacías.

A mi me gustaba Raphael porque bailaba diferente, se despelucaba cuando decía “No me mires así que me molesta. No me mires así que soy el mismo”. Se amarraba pañoletas al cuello como lo hacían los revolucionarios y llevaba una flor roja en el bolsillo de la camisa negra. Era como un torero que cantaba, un bailador de flamenco pop, tenía los pantalones justos como algunas estrellas del glam de la época y hasta se peinaba el copetico rojizo para atrás como otro de mis ídolos de infancia, David Bowie.

Mi abuela, mi mamá y mis cinco tías comulgaban juntas frente a sus declaraciones de amor. No sabía yo que sus letras serían también, hasta hoy, mi manera más efectiva para que mi mamá dejara de ser mi madre y las otras señoras, mi familia, y se convirtieran todas en una amiga sin edad con la que sí, podía cantar a coro todas las canciones del español.


Esa devoción femenina, luego lo descubriría, no era algo exclusivo de mi casa. El 4 de junio de 2008, tuve la oportunidad de cubrir como periodista un concierto de Raphael en Madrid. Ya tenía en mi haber dos conciertos de él que había visto en Bogotá. Cuando llegué al Metro, el lugar en donde se había decidido hacer éste concierto público, había una horda enloquecida de señoras que desafiaban la seguridad.

El lugar estaba lleno. No habían más lugares, pero las encopetadas mujeres no estaban dispuestas a no oír al hombre que les había enseñado a que “Estar enamorado es caminar con alas por el mundo” a que “Estar enamorado es vivir con el corazón desnudo ”. Los guardias que estaban inabilitados para responder ante la presión de las respetables fans (que para ese punto parecían más bien unos furibundos punqueros) no tuvieron más remedio que dejarlas seguir.

El romántico de Linares, el ganador de 350 discos de oro, hijo y dueño de las llaves de todas las ciudades de Latinoamérica, el que fuera un ícono en los 70, seguía cuatro décadas después haciendo que las mujeres se levantaran por él. Yo me escabullí con todas entre la trifulca solo para cantar “Qué sabe nadie, Qué sabe nadie. Lo que me gusta o no me gusta de este mundo. Qué sabe nadie. Lo que prefiero o no prefiero en el amor”.

Fangoria hizo un cover con su canción "Mi gran noche". Los Niños Mutantes osaron hacer una versión de su emblemático “Como yo te amo”, Alex de la Iglesia lo volvió protagonista de su cinta (también bautizada) “Mi gran noche” y el año pasado Raphael, de 72 años, abrió el cartel del Sonorama en España, un festival decididamente millennial.

Quizás la evidencia demuestre que a los de mi generación, esos que nacimos en los primeros años de los 80, nos gusta Raphael, quizás hay algo en su música, en su idea del amor romántico contra la que no podemos pelear y algo que, sin importar los años que hayas pasado lejos de casa, lejos de la radiola que tu madre encendía los fines de semana, habita en tu cabeza y sale a flote sin excusarse.


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