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Sexualidad

Sexo, ¿apagar la luz o no?

Antes de pensar en el pudor o la conciencia ecológica, tenemos que aprender a gozar la luz encendida durante el sexo.
31 Mar 2016 – 7:55 PM EDT

Cuando vemos una película sabemos que la escena sexual está a punto de llegar por la cantidad de luz que hay o bien porque la luz desaparece. Por suerte, en la vida real el sexo no es como en las películas y podemos dejar las luces prendidas para deleitarnos con la desnudez del otro; sin embargo, no son pocas las veces que las parejas optan por permanecer en las tinieblas.

¿Culpa o conciencia ecológica?

Las razones por las que las personas tienen contactos eróticos sin luz son variadas, pero muy definidas, según Angel Donovan, fundador del sitio Dating Skills Review, quien opina que la gente con devoción religiosa puede considerar un acto pecaminoso mostrarse desnuda, lo que a su vez conlleva culpa y pudor.


Luego podría estar la preocupación por el medio ambiente. Según el Center for Global Development, las casas tapizadas de luces navideñas cada año, equivalen a 6.63 billones de kilowatts, lo que supera el consumo de países en desarrollo y serviría para el funcionamiento de 14 millones de refrigeradores. Asimismo, el sitio Clean Technica, señaló en 2012 que Estados Unidos desperdicia suficiente energía eléctrica para iluminar Gran Bretaña durante siete años.


El problema no es exclusivo de este país y es tan preocupante que el año pasado el ministerio alemán de energía intentó animar a sus ciudadanos a apagar las luces durante sus encuentros sexuales: "El mundo te dará las gracias”, decía el eslogan de la campaña, la cual causó revuelo debido a que la población pensó que el gobierno intentaba controlar cada aspecto de su vida. Lo cierto es que los alemanes ya tenían reputación de ser malos en la cama: en las encuestas de satisfacción sexual por países, un estudio llevado a cabo por One Poll, unas 15,000 mujeres de diferentes nacionalidades, los ubicaba como los peores amantes del planeta. De esta manera, si además les quitásemos la luz, quién sabe qué podría pasar.

Por su parte, Greenpeace también propone en su decálogo de sexo amigable con el medio ambiente, apagar las luces para comenzar una revolución energética desde la cama: "Siempre apaga la luz. Las velas de cera de abeja y de parafina, y no las hechas con base de petróleo, pueden ser muy románticas. Si no te resistes a ver a tu compañero/a, entonces, fácil: haz el amor durante el día". Pareciera, sin embargo, que los militantes de esta asociación olvidan que la mayoría de la gente trabaja durante el día.


La urgencia de cuidar al planeta y ahorrar recursos es evidente y muy necesaria, pero recapacitando al respecto, quizá podríamos mantener la luz durante los encuentros eróticos y, en cambio, usar menos el automóvil, la calefacción y el aire acondicionado.

Aunque a la oscuridad se le adjudican cualidades seductoras y nos favorece a todos, no es lo más recomendable y le quita muchísimo sabor al asunto: ¿De qué sirve esforzarse e invertir en lencería, depilaciones y clases de pilates, si todo va reducirse a dos bultos sudorosos maniobrando a ciegas?

America, the dark

Resulta que en cuestiones sexuales, lejos de asustar, la oscuridad gusta demasiado. Hace un par de años, la famosa compañía de juguetes sexuales Adam & Eve le preguntó a 1,000 estadounidenses qué tipo de iluminación les gustaba durante el sexo. Apenas 10% de los encuestados dijo que prefería las luces encendidas, mientras que 41% cumplía puntualmente con el requerimiento del gobierno alemán y otro 48% variaba la intensidad de la iluminación hasta atenuarla conforme se intensificaba la acción.

Las respuestas en Facebook eran similares, 40% prefería oscurecer el ambiente y el mismo porcentaje era partidario de la oscuridad total; sólo 20% lo hacía con la luz encendida. Lo que nos lleva al conflicto principal, problemas de autoestima y autoimagen. Las mujeres ya eran grandes ahorradoras de energía eléctrica antes de que fuera un problema, no lo hacían por preocupaciones ecológicas sino con el fin de ocultar partes de su cuerpo (estrías, celulitis, manchas, pecas y poros). Para muestra de esto, otro estudio hecho en 2010 por el diario inglés The Telegraph, concluyó que 61% de las entrevistadas preferían las luces apagadas y 48% permanecían con alguna prenda durante la relación sexual; la razón de estas acciones era que les generaban más confianza.

En cuanto a los hombres un estudio de 2014 del sitio, Diet Chef, indicó que la autoimagen masculina, tampoco pasa por un buen momento; una cuarta parte de los encuestados (1 ,077 hombres) mantenían relaciones a oscuras, pues no se sentían a gusto con su cuerpo, mientras que 45% de los participantes consideraba que tenían sobrepeso y un 16% se calificaba como obeso. En total, su vientre era la parte que menos le gustaba a 64% de los hombres.

Hay que reconciliarse con el cuerpo

Si bien es excitante cubrirse los ojos de vez en cuando, esto no elimina las inseguridades, reconciliarse con el cuerpo es un gran paso para disfrutar. Si no consigue hacerlo por su cuenta, busque ayude profesional.

Ningún cuerpo es perfecto, aunque con la iluminación correcta podemos lucir mejor; la fotógrafa Lori Berkowitz especializada en el concepto boudoir (tocador en francés, se trata de imágenes sensuales, elegantes y provocadoras a la vez) recomienda enfatizar la iluminación a la altura de las rodillas, así las sombras no resaltan las ojeras, ni el torso lucirá acortado, como cuando la luz está encima de nosotros. Las sombras provenientes del suelo oscurecen los lados de la cara y el cuerpo, destacando los pómulos y las curvas.

Aunque se puede optar por bronceados, lencería y luces especiales, no hay nada mejor que la seguridad, así que olvide los complejos y disfrute; de la vista, no necesariamente nace el amor, pero sí el deseo: sin importar la iluminación, nadie luce mal en medio de un orgasmo.


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