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Yo fui fotógrafo de Playboy... cuando sí se desnudaban

Yo fui fotógrafo de Playboy... cuando sí se desnudaban

Playboy es otra cosa, ahí sí que todos saben de qué va: desnudos.

Fotógrafo de Playboy
Por David Maris @davidmarisfoto

Cuando empecé a hacer fotos para Playboy, mis hermanos -estructurados, científicos y académicos- al fin voltearon a mirar mi trabajo. Desde siempre, lo que hago como fotoperiodista ha sido indescifrable para muchos, pero Playboy es otra cosa, ahí sí que todos saben de qué va: desnudos.


A diferencia de Joaquín Sabina, quien canta que soñaba ser “confesor de la reina” o “fotógrafo en Playboy”, a mí nunca me interesó demasiado la revista, más allá de algún arrebato adolescente y, un poco después,  por su influencia en la cultura de masas. Nunca imaginé que al ver al monstruo por dentro encontraría una franquicia trasnacional gigante, con más de 20 versiones e idiomas distintos.


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La Playboy venezolana debía ser como somos los venezolanos. Cuando empecé -mucho antes- a hacer fotografía de desnudos, entendí que en mi país la relación de cada quien con su cuerpo al descubierto es particular. Sea una modelo de cuerpo perfecto o una escritora entrada en años, el pudor, la vergüenza, lo censurable no será el cuerpo desnudo en sí mismo, ni los genitales o las partes íntimas. En Venezuela, las mujeres tapan más la celulitis que sus tetas.


No por casualidad, entonces, aquella vieja  premisa Hefneriana de que si quisiera ver un cuerpo tal como es en la naturaleza no compraría Playboy sino National Geographic, le queda al dedillo a la versión venezolana.  Toda intervención sobre los cuerpos, sea quirúrgica, cosmética o de retoque fotográfico, no solo es bienvenida sino agradecida.


La forma frenética como las cirugías plásticas forman parte de la vida normal de cada vez más  venezolanas se ha impuesto como el deber ser.   La estética del busto robusto y sobredimensionado,  la cintura liposuccionada y los glúteos llenos de biopolímeros han determinado el gusto del hombre nativo y el canon de belleza de los últimos tiempos.  Y desde luego, esto fue lo que fotografié para Playboy.

Portada Playboy Hilda Abrahamz


La edición más exitosa en la que trabajé (marzo de 2012) se agotó en un día y se reimprimió el mismo tiraje de inmediato. Al fin, la veterana actriz de telenovelas Hilda Abrahamz aceptaba posar desnuda a sus 53 años . La “perfección” de su cuerpo (según el canon) era paralizante.  La preparación de Abrahamz para la sesión, sin duda, le tomó cientos de horas de gimnasio y muchos años de estética, a la venezolana. Su cuerpo, mucho mejor que el de muchas  veinteañeras, llevó finalmente poco retoque fotográfico. En cambio, su rostro ocupó la mayoría del tiempo a los chicos del Photoshop. La sesión fotográfica fue larga y pesada,  tal vez no era tan fácil cumplir el compromiso y mostrarlo todo, así que la duda consumió cientos de disparos de fogueo (y algo de presión de la directiva de la revista)  para al fin entrar en confianza y descubrir, completamente, a la otrora diva de las telenovelas.


Portada Playboy Diosa

Todo lo contrario sucedió con Diosa Canales, bomba sexy venezolana, con varias portadas en Playboy Venezuela y Playboy México. Una especie de Pamela Anderson bolivariana.

Acostumbrada a los escándalos, ofrece con regularidad detalles de su vida sexual en redes sociales y su “alergia” a la ropa le desnuda en público con frecuencia. Diosa, una diabla deslenguada de cuerpo musculoso, seco y voluptuoso, me ordenaba durante la sesión en estudio que apurara el proceso y le quitara lo poco que llevaba de ropa de una buena vez, para terminar más rápido con el ardor que le producía el látex líquido que la “vestía” y al que resultó alérgica, de verdad verdad.


Las celebridades venidas a menos que reencontraron en Playboy la fama de otros tiempos, las nuevas vedettes, las “Iris Chacón” del siglo XXI a fuerza de bisturí , gimnasio y Twitter, resumieron (a la venezolana) la idea de la “girl next door” impuesta por Huge Hefner. Pero ahora la nueva línea editorial de Playboy deja huérfano al público en general y en particular al venezolano, cada vez con menos placeres para distraerse de los malos tiempos que pasan.


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