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Relaciones Personales

Qué tanto importa la estatura en los hombres (y las lecciones de confianza de un chico bajito)

Los latinos no somos muy altos y cuando dejamos nuestras tierras y venimos a Estados Unidos, ese asunto de la estatura parece hacerse más evidente. Pero para mí, mi estatura no ha sido más que una gran aliada en la vida.
8 Oct 2016 – 10:04 AM EDT
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Era muy pequeño para ser arquero, pero yo me proponía como delantero, un lugar en donde los pequeños como Maradona o Messi siempre habían sabido brillar.

Soy un hombre bajito, aunque considerando el promedio de los hombres que me circundaron en mi infancia (todos colombianos) no lo era tanto, quizás eso me hizo hacer invisible el tema de la altura y nunca verlo como motivo de inseguridad.

Mi proveniencia la traigo a colación solamente porque en materia de estatura, el contexto y las referencias con las que se te comparen, son realmente las que importan.

Aunque siempre fui uno de los mas pequeños en las clases, rápidamente comprendí que cualidades como saber jugar al fútbol o defenderse con astucia eran, al menos, en el terreno de los hombres, las que te hacían más fuerte. Desde niño tuve que sacarle partido a una realidad que para ser sincero, no me quitaba el sueño. Así, cuando en la cancha los que armaban los equipos consideraban que yo era muy pequeño para ser arquero, yo me proponía como delantero, un lugar en donde los pequeños como Maradona (5,5) o Messi (5,7) siempre habían sabido brillar.


En realidad, en mi tierra éramos más bien todos chaparritos por eso no dudábamos en burlarnos un poco de ese primo que venía de Estados Unidos y medía 5,9 pies (1,80 metros) que resultaba flaco y desgarbado. En nuestro universo era él el que se salía de la estatura ideal, de la norma, una que dictaba que lo hombres eran en promedio según los estudios de 5,54 pies (1,69 metros).

En el terreno femenino, sin embargo, la altura se jugaba en otros términos.

Crecí viendo una cierta e inmutable relación entre el cuerpo masculino y el femenino. Una que dicta que el hombre debe ser más alto que la mujer y que parece estar avalada por cientos de estudios que definen que tal propensión no es casualidad, ni capricho sino un comportamiento profundamente arraigado en nuestras cabezas que nos hace relacionar la altura con el rol de protección.

Sin embargo, al momento de salir con las chicas (y seguro esto es algo compartido entre muchos latinoamericanos), fui desarrollando unas artimañas que me hicieron hacer pasar desapercibida mi falta de una estatura contundente.

Lo primero y para mi fortuna, las mujeres en mi tierra no eran tampoco muy altas. Segundo, más que el lugar en donde sus labios y los míos se encontraran, era mis habilidades en la pista, en el momento del baile las que hacían que definitivamente lograra la atención de una u otra. Lo que era tener pericia con el balón entre los hombres era el baile entre las chicas y ahí, nunca me faltó talento.

Con los años además fui desarrollando una estrategia inteligente de supervivencia: buscar mujeres que se acomodaran a mi cuerpo, porque aunque es sabido que las mujeres optan por sujetos más altos, también es cierto que prefieren a esos que se componen en armonía con su propia estatura.

“Uno de los factores más importantes es la propia estatura de las mujeres. En lugar de elegir el más alto de la manada, muchas usan otros criterios para elegir”, explican los estudios. Así, no es que a las mujeres les gustaran los hombres altos sin más, y ahí tenía yo mi chance.

Los múltiples estudios sobre la relación de alturas entre hombres y mujeres también revelan un dato que aunque lo intuía a fuerza de citas y encuentros amorosos, avalado por la ciencia, se convierte en una verdad. Si bien la pulsión primaria de las mujeres es buscar un hombre más alto que ellas, luego hay un sin número de factores que empiezan a sumarse a su decisión.

“La personalidad, inteligencia, y hasta las elecciones de carrera” que hiciera un hombre terminaban por ser variables más determinantes sobretodo al momento de pensar en emprender una relación más a largo plazo.

Tuve que trabajar entonces para que mi conversación fuera tan poderosa que a tan solo unos minutos de caminar con una chica por la ciudad nuestra extrema compatibilidad de estaturas (que hacía que nuestros ojos estuvieran efectivamente a la misma altura) fuera algo fácil de olvidar, fuera algo, con el tiempo, imperceptible.

No voy a negar que además de reforzar las variables del intelecto, siendo consciente de mi estatura siempre también cuidé mucho mi alimentación y me encargué de mantener bien formada la cuadratura de mi espalda, de tal forma que en lugar de dejar que mi inseguridad recayera en mi tamaño hice que mis seguridades estuvieran puestas en partes y condiciones de mi cuerpo con las que me sentía mucho más cómodo.

Luego, me casé, con una mujer más o menos de mi estatura, y que extrañamente le dice chaparrito básicamente a todos los hombres y mujeres que la circundan, ¿un gesto de solidaridad? No lo sé.

La vida tendría sin embargo, para mi una lección corporal mucho más retadora. Un cáncer amenazó mi salud y eso sí revolcó todos mis cimientos. Pero haber sabido jugar al fútbol, haber bailado hasta ver mi cara inundada en sudor, haber trabajado en mis músculos para darle a mi mujer la sensación de protección y estar convencido de que mi valor estaba más allá de mi cuerpo, me ayudaron a ganar esa dura batalla. Mi estatura así, solo ha sido la mejor aliada de mi vida.

*Texto adaptado por Angélica Gallón del testimonio de Juan Duque

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