Colombia quiere dejar de ser el país de "Sin tetas no hay paraíso"

Una ley que prohíbe las operaciones estéticas en menores de 18 años espera solo la firma del presidente colombiano para ser aprobada. El proyecto liderado por el senador Jorge Lizcano busca desalentar la moda de que las jovencitas pidan una operación de senos para sus 15 años.
21 Jun 2016 – 2:03 PM EDT

En Colombia -en la ciudades pequeñas con bombos y platillos, en las grandes con un poco de pudor y secretismo- las niñas sí piden unos senos nuevos y grandes para celebrar sus 15 años.

Claro, este no es un fenómeno exclusivo de este país (que según datos de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética correspondientes a 2011, ocupa el puesto once entre los que más cirugías practica). Argentina, Venezuela y con más fuerza Brasil y México (que practicaron durante ese mismo año 905.124 y 299.835 cirugías respectivamente) ven palpitar al interior de sus sociedades el mismo furor juvenil por tener otro cuerpo.

Pero Colombia, ya sea por la popularización de novelas como ‘Sin tetas no hay paraíso’, por la voluptuosidad de las mujeres que la representan en la arena internacional o por los precios bajos que le han dado cierta fama entre los destinos para el turismo estético mundial (que solo en 2014 operó a más de 41.000 pacientes extranjeros) parece ser un país que naturalmente se relaciona con la obsesión con las operaciones de gluteos y de senos grandes.

Por eso, quizás más que en ningún otro lugar de la región, su reciente aprobación de una ley que prohíbe los procedimientos estéticos en menores de edad sí marca un hito en la carrera por defender a los más pequeños, -a los niños y adolescentes-, de las tiranías de los parámetros de belleza que la sociedad ha creado y naturalizado.


El proyecto de ley, que espera solo la firma del presidente Juan Manuel Santos, prohíbe todos los procedimientos que sean “innecesarios”, es decir: “cirugías de implantes de senos y de glúteos, quieloplastia (aquellos que modifican la forma de los labios para hacerlos ver más gruesos), liftings faciales, y cirugías de párpados, que no tienen sentido en menores de edad pues lo que buscan es rejuvenecer, y no se puede rejuvenecer lo que ya es joven, abdominoplastias, liposucciones y lipoesculturas, inyecciones de botox, o de material de relleno y mesoterapias y demás procedimientos que inyectan sustancias para reducir la grasa”.

“Hoy los menores de edad pueden realizarse procedimientos estéticos casi libremente, se pueden realizar cirugías plásticas solo con el consentimiento del médico y de los padres. Pero consideramos que en estos casos los médicos realizan procedimientos innecesarios y riesgosos con fines lucrativos y los padres ponen en riesgo a sus hijos solo por la consecución de una cultura estética”, explica en el proyecto de ley, el senador Mauricio Lizcano, que lleva más de dos años abanderando esta iniciativa que no comprende las operaciones reconstructivas, de nariz, de orejas y las que tengan que ver con el desarrollo de la personalidad o cambio de sexo.

Esa obsesión por los senos grandes y las nalgas protuberantes le han traído serios problemas a Colombia. No solo hablemos de la naturalización de una cultura proveniente de los revolcones éticos (y claro estéticos) que trajo consigo el narcotráfico en la década de los 80 y los 90. No solo hablemos de las peligrosas aventuras médicas de cientos de niñas para conseguir unos senos grandes, que no pueden pagar para así conseguir un asenso económico (en un país en donde el 90% de los cirujanos estéticos no tienen estudios para serlo). No hablemos de la frustración de las que los consiguen y se dan cuenta de que no es más que una peligrosa fantasía cultural.


Hablemos de cifras que indican que de 5000 pacientes que se someten a cirugías plásticas, uno muere, mientras en otras cirugías más complejas el patrón es de 40.000 a uno. Hablemos también de cómo las clases sociales altas usaron esos senos grandes como patrones de segregación social y de mal gusto que calificó esos cuerpos de “guisa” “grilla” o yayita” y de cómo en las ciudades más grandes, conforme los años 90 fueron quedando atrás, se fue naturalizando un rechazo a las curvas y a la exuberancia, que admitámoslo, también es consustancial al cuerpo de la colombiana. Malo si tienes tus senos grandes, malo sino los tienes.

Por eso, esta ley pone de manifiesto una intención urgente de parte del Estado por regular una práctica que se sigue viendo como normal, que nadie cuestiona y que a fuerza de ser invisible es el germen de muchos padecimientos corporales femeninos.

“Las mujeres adultas son dueñas de sus cuerpos y tienen el derecho —la libertad morfológica— de intervenirlos como quieran. Todos hacemos intervenciones en nuestro cuerpo a lo largo de nuestras vidas (brackets, pintarse el pelo, hacer ejercicio), que nos ayudan a parecernos a lo que queremos ser. Pero a veces eso que queremos ser responde a unos parámetros violentos que impone la sociedad”, explica la columnista colombiana y experta en género Catalina Ruiz-Navarro, “no hay nada de malo en que una mujer adulta se haga una cirugía plástica, pero un límite de mayoría de edad para retrasar estas intervenciones protege a las niñas y adolescentes de hacer intervenciones en su cuerpo hasta que tengan mejores herramientas para tomar la decisión”.

¿Puede traer algún cambio retrasar unos años algo que comunmente sucedería a los 15? aunque hay muchos que consideran inútiles están leyes y hasta peligrosas por terminar promoviendo que las chiquillas busquen lugares no certificados para hacer sus transformaciones, la comunidad médica parece estar de acuerdo una vez que esos pocos años ayudan a que el cuerpo termine de desarrollarse.

“Los menores de edad no se encuentran preparados porque están en un momento de vida de inmadurez emocional y de construcción de personalidad que no permite que exista un verdadero consentimiento informado para realizar procedimientos quirúrgicos innecesarios. Los niños y jóvenes ya se encuentran sometidos a muchas presiones, gran parte de ellas debido a los cambios físicos que sufren: incluir una cirugía o procedimiento estético en estos cambios, cuando es innecesario, no sólo no colabora con la formación del menor sino que la entorpece”, concluye Lizcano en el proyecto de ley que busca que de una vez por todas, en Colombia y quizás en otros paíeses de la región deje de parecer algo normal y aceptado que las jovencitas se encaprichen con tener otro cuerpo diferente uno con otras medidas.

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