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Bodas

Meghan Markle no es la única, otras bodas de plebeyas también enfrentaron oposición

Desde Camilla Parker Bowles hasta la reina de Noruega, las páginas de la historia real recogen las historias de amores inicialmente criticados.
3 May 2018 – 5:26 PM EDT

Todavía no ha retumbado la frase en la capilla de San Jorge: “si alguien se opone a esta unión que hable ahora o calle para siempre” y ya el medio hermano de Meghan Markle, Thomas Markle Jr., redactó una carta abierta al príncipe Harry donde expone las razones para oponerse al matrimonio.

No es demasiado tarde, Meghan Markle obviamente no es la mujer adecuada para ti”, aseguró el hombre, de 51 años, quien no fue invitado a la boda que se celebrará el 19 de mayo.


Ya se sabe quién manda en casa y no es el príncipe Harry

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Pero esta no es la primera boda real que choca con la oposición de familiares, de defensores de la monarquía o las estrictas reglas protocolares, que rigen la vida de la realeza europea.

Después del amargo divorcio de Diana Spencer y su posterior muerte, el príncipe Carlos se enfrentó a una marejada de oposición cuando anunció su intención de unir su vida a Camilla Parker, el amor de su vida y su amante durante sus años de matrimonio con la madre de sus dos hijos: los príncipes Harry y William.

La ahora duquesa de Cornualles (título que recibió después de la boda) no era vista con buenos ojos por la sociedad inglesa, que la consideraba responsable de los problemas entre el futuro rey y la querida Lady Di.

Antes de que la pareja se casara en una sencilla ceremonia civil, que según el diario ABC, no representó en absoluto el sueño colectivo de los ingleses, nueve personas presentaron objeciones formales ante el Registro Civil cuestionando la legalidad de una boda real en una corte civil, informó el portal BBC.

Bajo esos truenos, el heredero al trono británico y Camilla se casaron el 9 de abril de 2005 en una discreta ceremonia civil en el Windsor Guildhall, que estuvo seguida por una bendición religiosa. La reina Isabell II y su esposo Felipe, el duque de Edimburgo, no asistieron a la boda, aunque dijeron presente en la recepción y la ceremonia de bendición.

Pese a las objeciones, el príncipe Carlos prevaleció en su decisión de casarse con Camilla sin tener que abdicar a la corona como ocurrió con otros antepasados.


El rey Eduardo VIII, conocido posteriormente como el duque de Windsor, no tuvo la misma suerte. El monarca renunció al puesto el 10 de diciembre de 1936 para continuar su relación con Wallis Simpson, una norteamericana plebeya y casada cuando ascendió al trono 11 meses antes. En ese momento, surgieron objeciones a que la pareja se casara porque Simpson ya cargaba con un divorcio y se dirigía a una segunda separación, bagaje que la hacía una consorte inadecuada.

Libre de las reglas de la monarquía y finalizado el divorcio de Simpson, la pareja se casó el 3 de junio de 1937. Sus cuerpos yacen uno al lado del otro en el cementerio real ubicado en los jardines de Frogmore.

La unión del rey Felipe y la reina Letizia también suscitó las críticas de quienes esperaban una futura consorte de cuna noble. Previo a la boda, algunos detractores llegaron a asegurar que el matrimonio de Felipe de Borbón con la divorciada Letizia Ortiz era incompatible con las leyes de sucesión que regían la casa Real Española porque lo que debía abdicar a sus derechos a la corona. Ante más de 2,000 invitados los enamorados se casaron en la catedral de la Almudena en Madrid el 22 de mayo de 2004. La pareja tiene dos hijas la princesa Leonor (heredera al trono) y la infanta Sofía.

Muchos años antes y en Noruega, el príncipe Harald se enfrentó a su padre por el amor de otra plebeya: Sonia Haraldsen. La pareja se conoció en el 1959, pero el rey Olav apostó a separarlos. Envió a su hijo a estudiar al Balliol College, de Oxford, Inglaterra, lejos de su enamorada. Nueve años lucharon por su amor.

Al final, el parlamento y el rey Olav dieron su consentimiento para la boda, que se celebró el 29 de agosto de 1968, en la catedral de Oslo. Claro, eso ocurrió después de que el futuro rey amenazara con renunciar a sus derechos dinásticos.

El amor se acaba

Pero también existen casos de uniones cuestionadas donde el amor no perduró como ocurrió con el matrimonio entre la princesa Carolina de Mónaco y su primer marido, el 'playboy' francés Philippe Junot.

El príncipe Raniero y Grace de Mónaco se opusieron a la relación, pero eventualmente la aceptaron. La controversial boda (ella tenía 19 años y él 35) se celebró el 28 de junio de 1978. Dos años después la pareja se separó por la vía civil, pero el matrimonio fue anulado por el Vaticano el 1 de julio de 1992. Mientras se dilucidaba la anulación, la princesa contrajo segundas nupcias con Stefano Casiraghi. La pareja procreó tres hijos (Andrea, Charlotte y Pierre). Casiraghi murió en un accidente durante una competencia de botes en Monte Carlo, el 3 de octubre de 1990.

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