Política

Qué es la 'opción nuclear' que Trump pide a los republicanos para confirmar su nominado al Supremo

En qué consiste y qué peligros implica para el balance de las fuerzas parlamentarias esta estrategia que el presidente quiere que se use para llenar la vacante en la Corte Suprema, si los demócratas tratan de bloquear a su candidato.
1 Feb 2017 – 2:09 PM EST
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En la batalla que viene tras la nominación de Neil Gorsush como magistrado de la Corte Suprema de Justicia es posible que termine usándose una verdadera bomba nuclear. Al menos es lo que pide el presidente Donald Trump temeroso de que los demócratas podrían complicar la llegada de su candidato al Supremo.

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“Si terminamos en un bloqueo, yo diría si tú puedes Mitch (McConnell) usa la opción nuclear”, dijo Trump este miércoles en la Casa Blanca, haciendo referencia a una posible postergación indefinida de la votación para considerar la nominación de Gorsuch.

En condiciones normales, Gorsuch necesita 51 votos para ser ratificado. Si tomamos en cuenta que los republicanos tienen 52 escaños, no habría problema.

Pero los demócratas amenazan con apelar al filibuster, una maniobra parlamentaria que permite postergar indefinidamente una votación en el pleno, para impedir que Trump pueda tener tan fácilmente a su nominado.

Mediante el filibuster un senador de la minoría puede ejercer indefinidamente su derecho de palabra durante los debates y al negarse a ceder el turno a algún otro colega bloquea la discusión y pospone cualquier votación por tiempo indefinido.

Para cortar el filibuster hace falta que 60 senadores voten por el cloture o votación de cierre que precede a la votación. Y en ese caso, los republicanos necesitarían a 8 demócratas. Según los últimos conteos, estaría haciendo falta un senador demócrata para lograr el cierre.

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Surge la ‘opción nuclear’

Los republicanos pueden usar su mayoría simple para cambiar las reglas de funcionamiento de la cámara alta y eliminar completamente la ‘opción nuclear’ a la hora de considerar la nominación de magistrados al Supremo.

Se le llama ‘nuclear’ porque implica alterar el modo de funcionamiento de un cuerpo que se enorgullece de sus tradiciones, algunas de las cuales suman siglos, y porque afecta uno de los procesos de confirmación más delicados de cuantos considera el parlamento: la ratificación de los puestos vitalicios de los jueces de la Corte Suprema de Justicia.

Si los republicanos aprietan el botón, se hará prácticamente imposible para la minoría bloquear un candidato al Supremo, incluso si el propuesto fuera considerado un radical activista político, algo que hasta ahora los presidentes no hacen precisamente porque el filibuster fuerza a que haya negociación entre los partidos que garantice jueces aceptables para conservadores y liberales.

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Todo tiene que ver con Merrick Garland, el juez que propuso Barack Obama para cubrir la vacante dejada con la muerte de Antonin Scalia y al que nunca le dieron oportunidad de presentarse en el Senado porque los republicanos consideraron que un presidente en su último año no tenía derecho a hacer ese nombramiento (aunque la ley no diga nada al respecto).

Para algunos demócratas, Garland sufrió un verdadero y humillante filibuster.

Poder contra poder

Pese al temor que genera la posibilidad entre muchos demócratas e institucionalistas -y el escándalo que produce en otros escuchar a un jefe del Ejecutivo dándole instrucciones al Legislativo en un país que defiende tan celosamente la independencia de poderes- no será la primera vez que esa bomba estalle.

Paradójicamente, fueron los demócratas quienes hicieron uso de ella cuando eran mayoría en el Senado.

En 2013, el entonces líder de la mayoría demócrata, el recién retirado senador Harry Reid, frustrado con el bloqueo que los republicanos hacían a los nominados para ocupar escaños en cortes federales y algunos cargos de la administración pública, lanzó la ‘opción nuclear’.

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Reid justificó la medida argumentando un nivel de “obstrucción sin precedentes, increíble”. En ese momento, McConnel, a la cabeza de la minoría republicana, aseguró que “le digo a mis amigos al otro lado del espectro, lo van a lamentar. Y lo pueden lamentar más temprano de lo que piensan”.

Hoy, el heredero de Reid, el senador Charles Schumer reconoce que "lo lamenta", aunque su voto haya contribuido al cambio de reglas en aquel momento.

Ahora las cartas han cambiado y son los demócratas quienes ven cómo pende sobre ellos un arma parlamentaria que, si bien facilitará la aprobación de nombramientos, polarizará más aun el clima político y las posibilidades de negociación entre gobierno y oposición que garantizan la salud de toda democracia.

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Ruth Bader Ginsburg, 85 años. Generalmente es vista como perteneciente al ala liberal del tribunal y ha sido clave en la promoción de derechos de las mujeres. Es la segunda mujer en integrar la corte, tras Sandra Day O´Connnor. Fué nombrada por Bill Clinton y ejerce desde el 10 de agosto de 1993.
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Clarence Thomas, 70 años. Es visto como el voto más consistentemente conservador de la corte. Es considerado un “originalista”, el tipo de académicos que hace una interpretación de la Constitución de la manera que considera fue la intención original de sus creadores. Su nominación se vio afectada por las acusaciones de “acoso sexual” que hizo en su contra Anita Hill, una abogada que trabajó con Thomas cuando este trabajaba en el departamento de Educación. Pese al escándalo, su candidatura fue aprobada por el Senado. Fue propuesto por George H. W. Bush y ejerce su cargo desde el 23 de octubre de 1991.
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Stephen Breyer, 79 años. Otra de las fichas liberales del tribunal. Fue asistente del fiscal especial que manejó el caso Watergate. En 2005, en su libro Active Liberty indicó que la rama judicial debe resolver los casos de manera que promueve la participación popular en decisiones gubernamentales. Fue propuesto por Bill Clinton y está en el cargo desde el 3 de agosto de 1994.
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John G. Roberts, 63 años. Es el presidente de la Corte Suprema y su tendencia es conservadora. Aunque en principio estaba propuesto para sustituir a la jueza Sandra Day O' Connor, su postulación fue reintroducida al Senado para cubrir la vacante creada con la muerte del entonces presidente del tribunal William Rehnquist. Fue nombrado por el presidente George W. Bush y asumió su cargo el 29 de septiembre de 2005.
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Samuel Alito, 68 años. Es de tendencia conservadora. Con la designación de John Roberts como presidente de la Corte, Bush propuso a Alito para remplazar a Sandra Day O´Connnor. Durante su nominación los demócratas intentaron bloquear lo más posible el voto mediante una maniobra de filibuster a la que se sumó el entonces senador Barack Obama. Fue presentado por George W. Bush y está en el cargo desde el 31 de enero de 2006.
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Sonia Sotomayor, 64 años. Su tendencia es liberal. Es la primera latina y la tercera mujer en ocupar un puesto en la corte. Nació en Nueva York, de familia puertorriqueña, y como abogada fue muy activa en la promoción de derechos de comunidades hispanas. Fue propuesta por Barack Obama e integra el tribunal desde el 6 de agosto de 2009.
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Elena Kagan, 56 años. Es uno de los votos consistentemente liberales en la corte. Fue la última propuesta por el presidente Obama que logró la ratificación del Senado y es la cuarta mujer magistrado en la historia del máximo tribunal. Ocupa el cargo desde agosto de 2010.
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Neil Gorsuch, 50 años. Fue nominado por el presidente Donald Trump para mantener la balanza inclinada hacia el ala conservadora. Perteneció a la Corte de Apelaciones del Décimo Circuito de Denver y estuvo en ese cargo desde 2006, luego de que fuera nominado por el presidente George W. Bush. Es egresado de Columbia, obtuvo su título de Leyes en Harvard –con el expresidente Barack Obama– y cursó una beca Marshall en Oxford con la que alcanzó un doctorado. Ocupa el cargo desde abril de 2007.
Bloomberg via Getty Images
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Brett Kavanaugh, 53 años. Fue el segundo magistrado elegido por el presidente Donald Trump. Su tendencia es abiertamente conservadora y su proceso de confirmación, extendido después de varias acusaciones de acoso sexual cometidos en su juventud, fue uno de los más polémicos de la historia de la Corte Suprema de EEUU. Sustituyó a Anthony Kennedy quien era considerado el voto péndulo del máximo tribunal.

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