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Un vaso de agua y un poco de sombra podía haberles salvado la vida: las muertes por calor en EEUU

Entre 1992 y 2016, cerca de 70,000 trabajadores en EEUU se enfermaron gravemente por las altas temperaturas. De ellos 783 murieron. Muchos son inmigrantes que tuvieron que trabajar en condiciones extremas.
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26 Ago 2019 – 8:10 PM EDT

Por Andrea Sambuccetti, Andrés Echevarría y Yinett Polanco

Roendy Granillo, un joven mexicano de 25 años, llegó a EEUU junto con sus padres y sus hermanos siendo un niño y, al crecer, se dedicó a las labores de la construcción, la profesión que le había enseñado su padre.

Un domingo de julio una llamada le torció los planes; en lugar de ir a la iglesia pondría pisos en unos condominios nuevos donde no había aire acondicionado y el patrón supuestamente no les permitió descansos para tomar agua. Cuando a Graciela, la madre de Roendy, la llamaron para decirle que su hijo se había desvanecido por las altas temperaturas, ella jamás imaginó que sería algo tan grave.

Cualquiera que haya estado en zonas de calor extremo sabe que la reverberación a veces produce efectos ópticos extraños. En la última foto que subió Roendy Granillo a Facebook parecía estar escrito su destino: como si su cuerpo se hubiera desdoblado en dos, parecía estar despidiéndose de sí mismo. Sus padres aún conservan esa imagen como si se tratara de una premonición.

Entre 1992 y 2016, alrededor de 70,000 trabajadores en EEUU han tenido afectaciones graves ocasionadas por el calor. De ellos, 783 murieron. Sin embargo, OSHA, la organización que vela por la seguridad laboral en el país, asegura que las muertes por calor a menudo son infrarreportadas, por lo que ese número podría ser más alto.

Roxana Chicas, instructora clínica de la Universidad Emory en Atlanta y quien lleva a cabo un estudio sobre las enfermedades relacionadas con el calor, dice que “uno de los primeros síntomas de los golpes de calor son los calambres, se pueden sentir dolor de cabeza, dolores musculares, náuseas, sudor, básicamente son los mismos de la fiebre, pero sin que haya una infección”. En casos más graves las personas se pueden desmayar, tener convulsiones y llegar hasta la muerte.

La explicación de la inexactitud con los números de muertes relacionados con el calor estaría quizá en quiénes son las personas que realizan este tipo de oficios. Por ejemplo, los trabajadores agrícolas son 20 veces más propensos a morir por causas relacionadas con el calor. De las 137 millones de personas en Estados Unidos que trabajan al aire libre, unos 2.5 millones lo hacen en la agricultura y casi la mitad de ellos, son indocumentados.

A pesar de que dejó huérfana a una niña pequeña, la familia de Roendy nunca recibió ninguna indemnización. Su padre, Gustavo Granillo, cree que el estatus legal de su hijo tuvo que ver con lo que le sucedió “porque él no tenía estatus migratorio entonces, sus patrones abusaron de él, no le dieron el descanso ni el agua que necesitaba y, además, nadie pagó por lo que le pasó”.

Según estadísticas federales, los últimos cinco años han sido los más cálidos hasta el momento desde que se comenzaron a recoger las estadísticas de las temperaturas hace más de un siglo. Muchas evidencias científicas apuntan a que tras pasar años trabajando en condiciones extremadamente cálidas, las mujeres son más propensas a contraer infecciones urinarias y los trabajadores pueden desarrollar enfermedades crónicas de los riñones.

Roxana Chicas apunta a que “el 10% de los trabajadores de Florida sufren enfermedades de riñones” y cuenta que el 50% de los trabajadores del campo que han participado en el estudio llegan a los exámenes en la mañana deshidratados y al final del día el número llega al 80%. Esta investigadora afirma que “es probable que esta enfermedad sea una de las primeras relacionadas directamente con el cambio climático. Este mismo patrón se ha visto en los trabajadores de la construcción. Los trabajadores de la construcción no están expuestos a pesticidas como los de la agricultura por lo que los estudios apuntan a que es una enfermedad por el calor”.

Así le sucedió a José Delgado, que trabaja cosechando camotes en Florida, pero a quien un golpe de calor lo llevó al hospital. Allí le diagnosticaron insuficiencia renal. A pesar de que lleva 20 años en Estados Unidos no ha logrado regularizar su estatus migratorio y no cuenta con seguro médico por lo que no tiene ayuda para pagar el tratamiento médico que necesita de por vida.

Desde la muerte de Roendy Granillo han transcurrido ya cuatro años. A pesar de que la tristeza por perder a su hijo no ha desaparecido, los padres convirtieron su dolor en fuente de lucha y presentaron su caso ante los legisladores de Dallas, la ciudad donde viven. Consiguieron que se aprobara una ordenanza municipal en la que se plantea que los trabajadores deben descansar 15 minutos cada cuatro horas de labor al sol.

Solamente California, Minnesota y Washington cuentan con guías de trabajo similares, pero lo cierto es que estos documentos son poco más que sugerencias sin el poder de una ley para hacerlas cumplir. Desde la posición de quien sufre la experiencia en carne propia José Delgado reflexiona que “Para los trabajadores es muy difícil porque no nos ponen medidas ni cuidado y si no lo exigimos entonces… el daño ya está hecho y no podemos ni quejarnos… es porque uno es indocumentado y a nadie le importa”.


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