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Los tiroteos masivos se contagian como una enfermedad y los medios debemos ser responsables al cubrirlos

Los dos tiroteos masivos del fin de semana en El Paso (Texas) y Dayton (Ohio) se produjeron con tan solo unas horas de diferencia y siguiendo la estela de otros sucesos similares en el país. ¿Cuál es la conexión? ¿Puede contagiarse el virus de estas masacres a través de los medios y redes sociales?
Publicado 12 Nov 2017 – 11:37 AM EST | Actualizado 5 Ago 2019 – 03:44 PM EDT
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Un momento de la vigilia a las víctimas de la matanza del sábado en El Paso. Crédito: John Locher/AP

En lo que va de año, se han producido más tiroteos masivos que días transcurridos en 2019: un total de 251 incidentes, de acuerdo con la información del grupo Gun Violence Archive. De acuerdo con esta organización, que monitoriza estos eventos en el país, en los últimos ocho días cinco tiroteos masivos afectaron a más de 100 personas. Además de los sucesos de este fin de semana, un tiroteo en Gilroy, en la bahía de San Francisco, se saldó con tres muertos y 15 heridos; otro incidente en Brooklyn resultó con una persona muerta y 11 heridos, mientras que un quinto tiroteo en Southaven, en Mississippi, resultó con dos personas muertas y dos heridas.

Nadie sabe con seguridad por qué estos atacantes cometen sus crímenes. Pero hay pruebas de que los tiroteos masivos —y su aparición en los medios— pueden tener un efecto contagioso, muy parecido al de un virus que propaga una enfermedad. En un artículo titulado Contagios en tiroteos masivos y tiroteos en escuelas, los investigadores de la Arizona State University analizaron la cobertura en medios de incidentes desde 1997 hasta 2013. Su hipótesis es que no ocurren de forma casual, sino que responden a un patrón. Cada vez que se produce un tiroteo, se inicia un “periodo de contagio” que dura como media 13 días.

El efecto contagio se hizo patente en 2017. El tiroteo masivo del 5 de noviembre en Sutherland Springs, en Texas, en el que fallecieron 26 personas cuando un hombre comenzó a disparar en una iglesia, ocurrió cuando el país todavía temblaba tras el tiroteo más mortífero de su historia, el 1 de octubre en Las Vegas, en el que un francotirador acabó con la vida de 59 personas e hirió a cerca de 500. Un poco antes, el 12 de junio de 2016, asistimos a otra masacre, esta vez en Orlando (Florida), que costó la vida a 49 personas.

El efecto Robin Williams

Otros estudios anteriores ya mostraron que el suicidio puede ser igualmente contagioso. Se sabe, por ejemplo, que cuando el actor Robin Williams se ahorcó en su casa del norte de California, se desató una ola de pensamientos suicidas en un grupo online de personas que padecían depresión. Los suicidios son un imán que atraen a otros (y, por cierto, los comportamientos saludables, como la compasión o el altruismo, también se imitan). Así que tiene sentido que las personas que quieren quitarse la vida llevándose por delante las de los demás (tal y como ocurrió en Las Vegas o en Texas) puedan estar influenciadas de la misma manera.

Las enfermedades se contagian entre individuos. Pero el contagio de los tiroteos masivos parece producirse a través de los medios. Podría ser que salir en la televisión y convertirse en un personaje público inspire a algunos asesinos.
"Desafortunadamente, encontramos que un rasgo común entre los perpetradores es su deseo de fama", según Jennifer Johnston, de la Western News Mexico University. Recordemos, por ejemplo, que Eric Harris, co-perpetrador de los asesinatos del instituto de Columbine, en Colorado en 1999, escribió "Soy Dios" antes de cometer su crimen. "Este ansia de notoriedad se ha multiplicado en correspondencia con la cobertura 24 horas en programas de cable y el auge de Internet", escribe Jonhston.

Johnston, coautora de un ensayo titulado Tiroteos masivos y el efecto contagioso de los medios, sostiene que la cobertura excesivamente centrada en los perpetradores inspira a otras personas que creen que serán recompensadas con fama si hacen algo parecido. "Los tiroteos masivos están creciendo y también la cobertura mediática que hacemos de ellos", señala. "Llegado este punto, ¿podemos determinar qué es lo que llega primero? ¿Más tiroteos masivos producen más cobertura, o es posible que la cobertura produzca los tiroteos?".

El ejemplo de los vídeo-juegos violentos

El profesor de la Ball State University Jagdish Khubchandani, experto en epidemiología social, señala a Univision Noticias que "estamos siendo expuestos a nuevas y terroríficas maneras de ser violentos". Este experto cree que los comentarios en redes sociales, las notas póstumas, los detalles de la vida de los atacantes no deberían compartirse, ya que pueden incitar a otros. "Los medios tienen una gran responsabilidad en esto. Si miramos el ejemplo de lo que ocurre con la exposición a los vídeo-juegos violentos en los niños, y cómo incitan a la violencia, no me sorprende que los tiroteos masivos se conviertan en contagiosos".

La revista Mother Jones, que mantiene una base de datos de tiroteos masivos que costaron la vida a tres o más víctimas desde 1982 (el número solía ser cuatro pero el Obama lo redujo a tres en enero de 2013) recoge recomendaciones como minimizar el uso del nombre del perpetrador, limitar su imagen, no difundir fotografías que lo glorifiquen o hablar del atacante con lenguaje lo más desapasionado posible. Por ejemplo, hablar de "lobo solitario" podría tener algún interés entre hombres jóvenes, señala.

Danielle Killian, que trabaja con una coalición de Los Ángeles para mejorar la cobertura mediática, cree que la cobertura de los tiroteos de Las Vegas en los principales medios incumplió en gran medida los consejos mencionados más arriba. También las recomendaciones de los centros CDC para evitar el contagio de suicidio, como por ejemplo incluir frases que implican que el perpetrador tuvo éxito o marcó un récord, como en “26 personas murieron en los seis minutos que duraron los disparos”.

Killian resalta que se produjeron bastantes diferencias entre Las Vegas y Texas. Lo más notable, sostiene, son las noticias que hablan del historial de violencia doméstica y abuso infantil del perpetrador. "Como más del 50 por ciento de los atacantes tienen una historial de violencia doméstica (como perpetrador o como víctima) este es un punto tangible de intervención. Hay un empoderamiento al saber que podemos prevenir de forma proactiva la violencia, en lugar de simplemente prepararnos para responder en el momento".

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