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Terrorismo

Ataque en Barcelona: paranoia y miedo respira la comunidad musulmana en el barrio de El Raval

En el céntrico y multicultural barrio barcelonés emergió una sensación de inseguridad que no se había sentido antes del atentado de este jueves. La comunidad musulmana ha expresado su repudio al ataque que dejó 13 muertos y unos 100 heridos.
18 Ago 2017 – 9:06 PM EDT

BARCELONA, España.- Una mujer y un hombre en una motocicleta circulan velozmente por la calle Joaquín Costa de El Raval, un céntrico y multicultural barrio de Barcelona, en el que reside una nutrida comunidad musulmana. La mujer va lanzando gritos desesperados, moviendo las manos y en su mirada se anida el miedo. Detrás de la moto, varios transeúntes corren sin saber qué pasa. La gente sale de los negocios y mira hacia los lados buscando alguna respuesta. Hace apenas tres horas ha ocurrido a poca distancia de allí un ataque terrorista con un auto en el que han muerto 13 personas y unas 100 han resultado heridas por un arrollamiento masivo y deliberado.

Seguidamente, aparece un convoy de al menos 12 Mossos de Esquadra –la policía catalana– en motos. No hablan con nadie mientras hacen un barrido por la calle. Un helicóptero sobrevuela la zona y la gente hace todo tipo de comentarios: “Están buscando a los terroristas”, “han disparado”, “esto no termina”. El miedo y la paranoia toman cuerpo en un barrio que los vecinos, hasta este jueves, tenían como un lugar tranquilo y hospitalario, con los problemas típicos de un sector variopinto de la ciudad, al que visitan casi todo el año cientos de miles de turistas.

Musulmanes, hindúes, cristianos, budistas; españoles, marroquíes, paquistaníes, latinoamericanos y filipinos han convivido en este barrio durante décadas. Lo sabe bien Eva, quien nació en la calle Roig y ha vivido en El Raval toda su vida. Con la angustia de ignorar dónde estaba su hermano en el momento en que ocurrió el ataque terrorista, porque no ha podido localizarlo, admite que ahora “hay mucho miedo”.

“Siempre ha habido muchos turistas y aquí nos llevamos todos bien. Esto habrá sido obra de algún 'zumbado' (loco). Esperemos que se ponga bien otra vez”, afirma la mujer.

Alí, un paquistaní musulmán de 60 años también espera que la situación mejore y el terrorismo no se instale en el barrio, donde ha echado raíces desde hace veinte años. Casado, con dos hijos, dos hijas y varios nietos, vestido con la típica bata blanca y el gorro del mismo color (especie de kipá judía o solideo cristiano) es el encargado de una tienda de conveniencia.

“Todo lo que han hecho está muy mal. Estamos asustados. Decimos: vive y deja vivir”, dice Alí, quien afirma que antes del ataque nunca sintió “ese miedo” en el barrio, en el que funciona la mezquita Madani, a la que acude regularmente para orar.

Shaid, un paquistaní musulmán que atiende una pastelería donde vende dulces árabes, es un hombre de pocas palabras, pero sabe cuáles pronunciar para valorar el atentado en La Rambla: “Muy mal, muy mal”. Tiene 8 de sus 29 años viviendo en el barrio y el ataque a relativa poca distancia de donde tiene su negocio y su casa lo conecta con los atentados de París, Bruselas, Londres y hace 13 años en Madrid.

Omar, de 27 años, atiende las mesas en un restaurante muy concurrido en la zona especializado en kebbabs. También musulmán repudia el atentado aunque no muestra miedo de que vuelva a suceder.

Una librería afiliada a la CNT, el sindicato del sector anarquista de España, es atendida por Ignacio, un catalán que aunque no vive en el barrio, va todos los días a abrir el local. Hombre de verbo prolijo e ideas sólidas, dice preocuparse más por lo que hace la policía en El Raval que por el asomo del terrorismo. “Tiene mucha vida, pasa mucha gente y hay sus broncas también”, indica.

“Hace mucho tiempo que llegó el terrorismo a España, pero no por los trenes (el ataque en Madrid que se cobró 190 vidas en 2004), sino por los que roban a los que menos tienen y generan la pobreza”, opina.

A cuatro calles del barrio, hacia La Rambla todavía la policía mantiene acordonadas algunas zonas y se escuchan algunas sirenas de las patrullas policiales. Los turistas caminan más de prisa, pero parece que no terminan de creerse el atentado. En El Raval un imán de avanzada edad camina cabizbajo con las manos hacia atrás. Se excusa de hablar con periodistas porque no sabe detalles, pero lo resume en una palabra: "Mal".

En fotos: El brutal ataque terrorista en la Rambla de Barcelona

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