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Coronavirus

Tengo tres hijos pequeños y escribo de Salud: por qué el nuevo coronavirus todavía no me quita el sueño

Es un enemigo desconocido, todo apunta a que es bastante contagioso y la noticia está por doquier, lo que naturalmente eleva los niveles de ansiedad de cualquier padre. Pero, hay que ver las cosas en perspectiva, insisten los pediatras.
9 Feb 2020 – 11:29 AM EST

Como periodista de salud que lee y escribe entre otras cosas constantemente noticias relacionadas con virus o enfermedades he sido extremadamente vigilante para proteger a mi bebé de siete meses y mis otros dos hijos mayores de 5 y 7 años durante esta temporada de influenza.

Contaba los días para ponerle la vacuna a la más pequeña (no es posible hacerlo antes de los seis meses) y me acostumbré a aceptar estoicamente las críticas de quienes me tildaban de sobreprotectora al ver las medidas que tomo para cuidarla.

Quizá ellos no sabían que ese virus que confunden con un resfriado común exclusivamente en Estados Unidos mató a más de 80,000 estadounidenses en la temporada 2017/2018 que fue la más severa en una década. Quizá no sabían que los menores de cinco años son más propensos a desarrollar complicaciones o que al vacunarse no solo se protegen a ellos mismos sino también a quienes todavía no pueden hacerlo, como era el caso de mi bebé hasta hace poco.

Quizá no sabían que simplemente con tocarle las manos o darle un besito o no cubrirse un estornudo cerca de mi pequeña de siete meses bastaba para exponerla.

Pero yo sí.

Me tildaban de exagerada por tener una política estricta en casa de lavado de manos. Por no querer llevarla a sitios cerrados demasiado concurridos. Por evitar sentarla en los carritos de mercado y esperar afuera en el pasillo en la oficina del pediatra y no en la sala de espera que suele ser un hervidero de virus.

Ahora con la alerta del nuevo coronavirus es otra la actitud. Todos, y quizá particularmente los padres, estamos inquietos ante este enemigo nuevo y desconocido. Hay un sentimiento colectivo de paranoia ante lo que podría convertirse en la próxima pandemia.

En estos días, nadie me mira raro si saco el gel desinfectante de manos al salir de una tienda y ya más de uno se me ha acercado para preguntarme cómo hace uno para protegerse. En ciudades como Nueva York ya algunas personas optan por usar tapabocas en zonas públicas, aunque su efectividad no esté comprobada, ni es algo que recomienden las autoridades sanitarias de EEUU.

El coronavirus de Wuhan es nuevo y la noticia está por doquier: eso nos pone en un estado de hipervigilancia que quizá convenga extrapolar a otros virus como el de la influenza que sigue representando una amenaza más cercana y real para quienes vivimos en Estados Unidos .

“En este momento la verdadera preocupación, el virus que ha infectado en los pasados meses a más de 15 millones, hospitalizado a más de 170,000 personas y desgraciadamente matado a más de miles de personas es la influenza”, dice el pediatra Ilan Shapiro.

La salud pública también es responsabilidad de todos. Quedarse en casa si uno está enfermo puede salvar vidas. Y esto no aplica sólo al coronavirus sino a muchos otros virus como el de la gripe.

En lo que va de temporada, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades estiman que al menos 22 millones de personas se han contagiado del virus de la influenza, 12,000 adultos han muerto y 68 niños han fallecido. Y aunque no sea perfecta, sí hay una vacuna contra ese virus.

Además, según un reporte publicado esta semana en JAMA, hasta el momento “los casos de coronavirus en niños han sido raros” y la edad media de los pacientes es entre 49 y 56 años.

“Es cierto que los niños pueden no tener síntomas o tener una enfermedad más suave”, dijo al New York Times Raina MacIntrye, epidemióloga de la Universidad del Sur de Gales en Sidney, y quien ha estado estudiando el contagio del nuevo coronavirus.

Al sol de hoy, me sigue preocupando más la idea de que mis hijos contraigan la influenza, que el coronavirus del que se reportan 12 casos confirmados en EEUU.

Eso no quiere decir que no me asuste la posibilidad de que las noticia siga escalando, como ha ocurrido en las últimas semanas. Las madres tenemos casi un poder sobrenatural que nos permite preocuparnos por una cantidad ilimitada de cosas a la vez. Y sí: el coronavirus está entre ellas, pero no de primero en mi lista. Estar vigilante no quiere decir que debamos entrar en pánico o alterar nuestra vida cotidiana.

“Hay que seguir con la vida teniendo precauciones balanceadas y hacer lo que podemos hacer”, insiste Shapiro.

Usar el sentido común

“El sentido común es la mejor defensa ante las enfermedades virales”, dice en un artículo la médico y corresponsal del New York Times Elizabeth Rosenthal, quien vivía en China durante la epidemia del SARS y la “sobrevivió” sin irse ni sacar a sus hijos de ese país en aquel momento.

Por ahora, para proteger a nuestros hijos de virus (coronavirus e influenza) y muchos otros, las medidas son básicamente las mismas, reitera Shapiro: lavado frecuente de manos por 20 segundos con agua y jabón, gel desinfectante de manos en su defecto , taparse los estornudos con el antebrazo y no la mano (y enseñar a nuestros hijos a hacer esto), desinfectar las superficies que tocamos con frecuencia y no mandar a un niño enfermo al colegio.


¿Y qué les decimos a los más grandecitos si llegan con preguntas por lo que ven en la televisión o escuchan de sus compañeros? “La verdad”, responde Shapiro y recomienda no dejar el televisor encendido con el noticiero. “Pregúntales qué saben y si tienen alguna duda”, agrega el pediatra.

¿Debe quitarnos el sueño el coronavirus a los padres que vivimos en EEUU? Pareciera que no. Al menos todavía. Y nada ganamos preocupándonos: mejor ocuparnos y seguir los consejos de las autoridades sanitarias y pediatras.

Así atienden a los infectados en la ciudad china epicentro del brote de coronavirus (fotos)

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