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Diana de Santa Fe: un documental que narra las dificultades que enfrentan las mujeres transgénero para acceder a la salud

La colombiana tiene varias décadas de activismo por los LGBTI en su país. En la actualidad trabaja en cárceles buscando, principalmente, garantizar los derechos de las transgénero privadas de libertad.
18 Sep 2016 – 3:30 PM EDT

Diana Navarro dice que dejó la prostitución por falta de tiempo, como quien abandona el tenis y guarda las raquetas en el fondo del clóset. Ocurrió en 2006, cuando sus compromisos como activista de los derechos de las lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI) empezaron a ocuparla todo el día y parte de la noche.

“No dejé la prostitución porque fuera algo vergonzoso, ni porque lo considerara incorrecto. La dejé porque ahora me dedico a hacer el trabajo social que siempre quise hacer”, comenta.

Navarro es la protagonista de "Diana de Santa Fe", un documental en postproducción que busca mostrar las vivencias de las mujeres transgéneros en Santa Fe de Bogotá, en especial de aquellas dedicadas al trabajo sexual.

El proyecto, que será estrenado en 2017, es dirigido por la cineasta Carmen Oquendo-Villar, una doctora en literatura de la Universidad de Harvard y exalumna de cine de NYU, que ha filmado anteriormente The Needle, Boquita, Mizery y Camil.

La idea de "Diana de Santa Fe" surgió hace diez años, cuando Navarro quería construir un albergue para que las transgéneros pudieran recuperarse luego de tener procedimientos médicos, ya fueran “artesanales” u oficiales, de reasignación de género, o cuando fueran víctimas de actos violentos o tuvieran enfermedades de trasmisión sexual.


Aunque esa idea no prosperó, Oquendo-Villar siguió filmando a Navarro en la comunidad de Santa Fe a lo largo de los años, hasta llegar a su trabajo actual en el Ministerio del Interior, donde vela por los derechos de los LGBTI en cárceles y penitenciarías.

“Mi rol ahora es sensibilizar y concientizar al personal administrativo, de vigilancia y a los internos sobre la necesidad de garantizar el ejercicio de los derechos de las personas que nos son heterosexuales y que están privadas de la libertad”, señala.

La tolerancia
Navarro nació en la ciudad costera de Barranquilla. Allí vivió hasta que se graduó de bachillerato a los 14 años cuando, en 1986, emigró a Bogotá. En la capital trabajó como estilista, aunque eso duró muy pocos meses. “Tuve algunos problemas, me expulsaron de la peluquería y fui a dar al tema de la prostitución”, explica escuetamente.

Al cabo de unos años, luego de la muerte de su primera pareja, se mudó a Medellín, donde estudió derecho en la Universidad de Antioquia, para cumplir una vieja meta de ser profesional. “Yo siempre fui muy estudiosa de la ley”, dice justificando la escogencia de carrera.

A su regreso a Bogotá, a su barrio lleno de luces de neón y ruidos estridentes, constató que sus antiguas compañeras seguían siendo perseguidas y se propuso “ayudar un poco”.

Fue así como Navarro se convirtió en impulsora, a principios de la década de 2000, de que Santa Fe se convirtiera en la primera “Zona Especial de Servicios de Alto Impacto”, es decir, una zona de tolerancia de la prostitución.


“Lo que yo logré fue que no se nos persiguiera por ser prostitutas, porque a pesar de que no era un delito se nos criminalizaba, nos tenían como delincuentes”, dice y calcula que en la actualidad en el área hay más de 100 establecimientos en los que se ejerce la actividad, la mayoría de bares, “whiskerías”, residencias y prostíbulos. Para Navarro este paso fue significativo para mejorar muchas condiciones sanitarias y de vida para las transgéneros, muchas prostitutas como ella.

En " Diana de Santa Fe" queda claro, sin embargo, que no todos opinan lo mismo. “En el documental aparecen varias autoridades locales que no necesariamente están a favor de lo que ocurrió con el trabajo sexual en Santa Fe. También hay personas que hablaron ante la cámara de una contaminación visual, porque es un barrio donde la prostitución se ve mucho en la calle, no es dentro de los locales. Uno puede ir caminando y la puede ver, uno se topa con ella. Uno convive con ella. No es algo que sucede detrás de puertas”, describe Oquendo-Villar .

¿Qué debe cambiar?
Navarro, de hablar apasionado y seguro, cree que las autoridades deben asumir que los procesos por medio de los cuales los transgéneros sustituyen su sexo de nacimiento para adecuarlo a su identidad de género, deben ser incluidos en los planes obligatorios de salud. “ Mientras los consideren procesos estéticos van a seguir contribuyendo al daño físico, emocional y mental de las personas transgénero”, añade.


Para Navarro, ese daño es mucho más grave para las transgénero que ejercen servicios sexuales, debido a la estigmatización a la que se ven sometidas y los pocos logros sociales que han alcanzado en las últimas décadas. “Yo lo he dicho y muchas veces se ríen: la prostitución, paradójicamente, es un campo virgen. No hay ningún modelo de salud ocupacional que permita que nosotras minimicemos los riesgos de ejercer la prostitución. Que los sitios estén adecuados. Que haya salubridad. Que nos garanticen nuestra salud mental que se ve afectada por todo el ruido y la carga emocional que manejamos. Muchas mujeres empiezan a trabajar a las 10:00 am y no paran hasta la media noche”, dice.

Aún así, la colombiana es optimista y considera que ha habido algún progreso. Menciona que hace diez años no había personas transgénero en Bogotá dentro de la administración pública y ahora hay más de 50 personas que se encuentran ejerciendo labores profesionales.


También ha visto un cambio en las transgénero más jóvenes, que han empezado a reclamar sus derechos de una manera más fehaciente que sus predecesoras. A los que la contradicen les dice: “No estamos en esa búsqueda de dominación. Buscamos igualdad, solidaridad. Todos tenemos derechos, pero todos debemos tener oportunidades para desarrollar nuestros proyectos de vida. Quiero que la gente entienda que nosotras, las personas que ejercemos prostitución o ejercimos prostitución, o nosotras las mujeres transgénero, tenemos proyectos de vida que se ven truncados por la discriminación”.


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