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Psicología

Retos virales y peligrosos: ¿qué lleva a un adolescente arrojarle a otro un cubo de agua hirviendo?

El "reto del agua caliente", que consiste en lanzar un cubo de agua hirviendo sobre otra persona, compite en peligrosidad con otros absurdos retos de internet como tragar detergente líquido o inhalar canela en polvo. ¿Qué le pasa a alguien por la cabeza para participar en estas locuras?
20 Ago 2018 – 8:04 PM EDT

El ultimo damnificado por esta insensatez fue Kyland Clark, un joven de 15 años que sufrió quemaduras de segundo grado en la cara y la espalda cuando un amigo le lanzó agua caliente mientras dormía. La "broma" le costó una semana de hospital, y el joven y su familia se propusieron denunciar un reto que ya costó la vida a una persona, una niña de ocho años que bebió agua hirviendo y se quemó la tráquea (otra variedad del reto) y ha enviado al hospital a otros adolescentes.

El Hot Water Challenge como se conoce en inglés compite en estupidez con otros anteriores como inhalar canela en polvo, comer detergente líquido, ponerse sal en las manos mientras se sostiene un cubo de hielo, prenderse fuego después de haberse rociado con alcohol o inhalar condones. ¿Qué hacer con esta sarta de barbaridades? Expertos consultados por Univisión Noticias dan algunas claves para entender mejor y poner en perspectiva estos comportamientos.


¿Están más desequilibrados los adolescentes ahora que antes?

Como adultos, vemos lo que hacen estos adolescentes y nos preguntamos si están poseídos. Pero, como dice Andrew Selepak, director del programa de Social Media de la Universidad de Florida, “tenemos una memoria corta y se nos olvidan las estupideces que hicimos a esa edad. Se nos olvida que algunos intentamos saltar a las vías mientras se acercaba un tren en marcha porque pensábamos que podría ser divertido”, señala.

Selepak recuerda que toda la franquicia Jackass era esencialmente “un largo reto de estupideces mucho antes de que hubiera redes sociales. Lo cierto es que los humanos han estado haciendo cosas estúpidas desde siempre”. La diferencia, claro, es que “mientras estas cosas estúpidas del pasado eran memorias que recordamos como eso, locuras de juventud, hoy los adolescentes lo comparten con el mundo en redes sociales”.

Dale Peeples, profesor de psiquiatría pediátrica de la Universidad de Augusta (Georgia) también cree que estas cosas parecen estar en el ADN de los adolescentes, y recuerda comportamientos como el juego de la gallina con los coches. “Los chicos antes copiaban cosas que veían en la televisión, e internet funciona de forma similar pero con un alcance global y mucho más rápido, y cabe esperar que esta serie de locuras se produzcan más y más en las próximas décadas”, señala.


¿Qué razones mueven a los jóvenes a participar en estos retos?

A las explicaciones anteriores (hacer tonterías parece algo connatural al adolescente), se suma la evidente búsqueda de atención. Todos tenemos necesidad de conseguir atención, y los medios sociales se basan en esta premisa, recuerda Selepak.

Este experto resalta la rapidez con la que se obtiene esa “fama”. “ Las redes sociales no tienen la culpa de que la gente haga estupideces, pero las promueven”, señala.

Cuanto más joven sea el niño, dice Peeples, menos posibilidad tiene de contrastar con la realidad. “Piensa en un niño de 6 años que tiene un amigo imaginario. Todos sabemos que no es real, menos ellos. De forma similar, los jóvenes o individuos inmaduros pueden ver contenidos de video en internet que están editados (son falsos) y repiten el comportamiento pensando que no se harán daño”.

Otros expertos ven estos comportamientos como una forma de obtener estatus, principalmente masculinos. “Los varones pueden sentir presión y hacer tonterías para mantener este estatus. La presión evolutiva de las mujeres es diferente”, sostiene Christopher Ferguson, profesor de psicología de la Universidad Stetson, en Florida.

¿Hay soluciones?

Selepak cree que las redes sociales deberían ser más eficaces a la hora de borrar el contenido de sus plataformas. “Algunos dirán que esto va contra la libertad de expresión, pero si limitar la libertad de expresión evita que un niño eche agua hirviendo a otro niño por encima, quizá sea el precio que tengamos que pagar”.

Antes de llevarnos las manos a la cabeza, es importante mantener las cosas en perspectiva, señala Ferguson. “La mayoría de los chicos, el 99,9%, no se tragan el detergente. Así que no estamos ante una epidemia a la que se ve abocada la humanidad de entre 13 y 19 años”.

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