Salud Mental

El lado oscuro de los selfies: ¿por qué son una obsesión peligrosa?

El caso tres blogueros que murieron al caer por una catarata mientras posaban para una selfie es el más reciente de una larga lista de ocurrencias relacionadas con estas fotos. ¿Qué los llevó a hacer algo así? ¿Y cómo se explica esta obsesión nuestra por los autorretratos?
Publicado 14 Jun 2018 – 3:12 PM EDT | Actualizado 25 Jul 2018 – 9:22 AM EDT

El más reciente incidente relacionado con los selfies lo protagonizaron tres blogueros que murieron mientras se hacían una selfie en las famosas cataratas Shannon Falls, de Canadá. Resbalaron en el borde de la cornisa, cayeron 30 metros y fueron arrastrados por la corriente.


Aunque no se trató de una selfie como tal, en estos días una modelo fue mordida por un tiburón nodriza en Las Bahamas mientras posaba para la cámara. Afortunadamente el desenlace no fue fatal.

También se han visto casos como el de un joven que se tomó una foto con una mujer que acababa de ser atropellada en las vías del tren en una región de Italia. La mujer había resultado gravemente herida y posteriormente sufrió la amputación de una pierna.

La imagen no necesita muchas explicaciones, pero eso no quiere decir que comprendamos lo que está ocurriendo. ¿Qué se le pasaba a este joven por la cabeza? ¿Qué motivaciones puede tener una persona para hacer algo así?


Antes de responder a esta pregunta, conviene recordar que el caso del italiano no es el más loco (aunque quizá se encuentre entre los de peor gusto). Logan Paul, uno de los Youtubers más populares del mundo, dejó alucinado a medio planeta cuando le dio por grabar un cadáver en el "bosque de los suicidios" japonés. Y estas imágenes compiten en mal gusto con las que toman los turistas y locales que comparten poses divertidas de autorretratos en el Memorial del Holocausto de Berlín.

La obsesión puede incluso costar la vida. Hace poco, un hombre murió al hacerse una fotografía cuando trataba de retratarse al lado de un oso herido en la región de Odisha, en la India. No es un caso aislado; de hecho, este fue el tercer accidente mortal de similares características ocurrido en menos de un año en esa región. Otro hombre de 50 años murió aplastado por un elefante mientras trataba de hacerse un selfie con el animal en diciembre, suerte parecida a la que corrió un joven que igualmente intentó fotografiase con otro elefante.

Este solo es el capítulo más reciente de la serie "selfies con animales salvajes" (y sus desafortunadas consecuencias). Igualmente tremebundos resultan otros casos, como el del turista polaco que visitaba Sevilla (España) y cayó de un puente mientras intentaba hacerse un selfie. También en España, la policía de Barcelona tuvo que rescatar en marzo a una adolescente que se colgó de un tejado para hacerse una foto, mientras que en la India un tren atropelló a principios de año a un hombre que intentaba un autorretrato en medio de las vías ocasionándole heridas de gravedad.

"La gente está dispuesta a todo para hacerse un selfie", escribe este usuario de Twittter.

¿Qué está pasando aquí? ¿Qué es lo que empuja a alguien a arriesgar su vida por una imagen? "La gente está perdiendo su conexión con la humanidad", dice a Univision Noticias el psicólogo Ross Grossman. Este experto cree que en estos casos la necesidad narcisista de validación social se lleva por delante la preocupación por los demás. "La gente está dirigiéndose a Internet en busca de aprobación y reconocimiento", señala. "Como todo el mundo está tan preocupado por parecer interesante, valioso o divertido, dejan de ver la vida como algo que está ocurriendo en tiempo real y con personas reales. En lugar de eso, contemplan cada evento como una oportunidad para dar un empujón a su validación y estatus online".

Y otra cosa más: la posibilidad de acertar con esta "lotería" (es decir, cuando tu post o imagen se convierte en viral) tiene recompensas en la vida real, porque se convierte en dinero. "Esta es una manera de monetizar tu propia vida", indica.

Falta de empatía y sensibilidad pueden estar también entre las razones que llevan a esta obsesión por el selfie entre personas que piensan solo en la novedad de la situación y no tienen en cuenta el impacto que tendrá en otros, dice a Univision Debbie Joffe Ellis, profesora de psicología clínica en la Universidad de Columbia. De acuerdo con Joffe, también puede tratarse de personas que tienen una falta de aceptación de sí mismos abismal y creen que impresionarán a los demás cuando hacen algo inusual o arriesgado. "Necesitan sentirse importantes", apunta Joffe Ellis.

¿Triste, no? Y, sin embargo, antes de echarnos las manos a la cabeza conviene poner el asunto en perspectiva. Si tenemos en cuenta que un millenial cualquiera tomará 25,700 selfies en su vida y que, según algunas estimaciones, se toman 93 millones de imágenes cada día, la cosa no es para tanto.

Del selfie al quirófano

Quizá más preocupante sea el impacto emocional de los autorretratos en la percepción que tenemos de nosotros mismos, algo que posiblemente no hará sino crecer en el futuro. Son moneda de cambio en Instagram, Facebook y otras redes sociales y se han convertido, más y más, en un referente sobre cómo nos vemos a nosotros mismos.

A veces lo que vemos en el selfie ni siquiera está ahí. Lo dicen los cirujanos plásticos, que hace unas semanas alertaban en un estudio publicado en el JAMA Facial Plastic Surgery de cómo un creciente número de pacientes acuden a la consulta en busca de operaciones quirúrgicas al ver más grandes sus narices de lo que son en realidad. Cuando acercamos mucho la cámara, como ocurre con los selfies, la nariz se ve hasta un 30% más grande. La Academia Americana de Cirugía Plástica también da cuenta de esta tendencia y revela (con datos de una encuesta de 2017) que un 55% de cirujanos plásticos reportan casos de pacientes que quieren cirugías para aparecer mejor en los selfies. Este es un incremento del 13% con respecto a 2016.


Las personas que basan su autoestima en las opiniones de los demás son más propensas a publicar selfies. Es algo fácil de comprobar en la vida cotidiana que también corroboran investigaciones como esta de la Universidad Suny de Buffalo. Este y otros estudios muestran, por si hubiera alguna duda, que el narcisismo es el predictor que mejor marca la probabilidad de que alguien publique más o menos selfies.

El selfie es el vehículo idóneo para el narcisista. Es una manera sencilla de probar lo maravillosos que somos, nuestros talentos y experiencias únicas. ¿Sería esto lo que buscaba el hombre italiano? Tom Kersting, psicoterapeuta experto en tecnología indica a Univision Noticias que hay en estos comportamientos un aspecto adictivo. Con cada respuesta positiva que obtenemos tras publicar un selfie, explica, se activa la parte del cerebro que busca el placer, dándonos un "chute" de dopamina. "Se puede cultivar una adicción a esta sensación, lo que conduce a una búsqueda de atención constante", añade.

No todo el mundo tiene una opinión tan negativa del fenómeno. La profesora de psicología Pamela Rutledge, por ejemplo, cree que son una celebración de la gente normal, mientras que la psicologa de la Universidad de Los Ángeles en California (UCLA) Andrea Letamendi piensa que los selfies son un canal para que la gente joven exprese sus estados de ánimo y las experiencias importantes.

Igual no hace falta dar tantas vueltas a las cosas. Nos gusta ver fotos de otros. Hay estudios que lo prueban y seres que encarnan este conocimiento (Kim Kardashian, sin ir más lejos). Los selfies atraen más comentarios que otras fotos, y muchos más "me gusta".


Una explicación de por qué la gente se siente tan atraída hacia el selfie podría encontrarse en la teoría de la comparación social, que viene a decir que hay un impulso, dentro de nosotros, para obtener autoevaluaciones rigurosas. Esta evaluación, que funciona a partir de las comparaciones con otros, nos sirve para sentirnos mejor (engrandecernos frente a los demás), probarnos a nosotros mismos que realmente somos lo que creemos que somos y mejorarnos. Lo que pasa es que aquellas personas que incluyen selfies sin cesar parecen tener una menos autoestima que aquellos que no lo hacen. Necesitan, en fin, estar autoevaluándose y comparándose constantemente. Sentirse bien con uno mismo es algo que va desde dentro hacia fuera, y no a la inversa.

Oler las rosas antes de fotografiarlas

¿Cómo lidiar con este fenómeno? Es importante, señala Grossman, recordarnos a nosotros mismos antes de echar mano de la cámara que el instante que vivimos (frente a una puesta de sol maravillosa, por ejemplo) es real y no necesita validación. No hace falta que se lo enseñemos a todo el mundo para demostrar que existe. "En lugar de mirar a la Torre Eiffel a través de la cámara, mírala directamente", recomienda este experto.

Aunque puede ser positivo documentar tu vida para atesorar momentos valiosos, es importante reconocer que la belleza de la vida está en su cualidad efímera, transitoria, cambiante, y que no es posible fijarla. Las imágenes que tenemos de la vida solo duran unos instantes y dejan de existir fuera de ese documento. Mientras tanto, la vida real está escurriendo entre los dedos, dice el psicólogo. "Frenemos para oler las rosas, antes de documentar la escena".

¿Y qué haría Narciso, el bello joven de la mitología griega, si viviese hoy? Enamorado de sí mismo (el castigo de los dioses por ser tan engreído), Narciso termina clavándose su propia espada. Hoy se haría muchos selfies, por supuesto, y quizás colgaría peligrosamente de edificios para quedar más atractivo y ganar más y más likes aun a riesgo de su vida.

¿Crees que la selfie es un invento reciente? La primera fue tomada en 1839

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