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Debate Demócrata

La trágica muerte de un padre migrante y su hija en la frontera gravitó sobre el primer debate presidencial demócrata

La noche estuvo marcada por la terrible fotografía de Óscar Martínez y su pequeña hija Valeria, quienes murieron ahogados tratando de cruzar el Río Bravo para pedir asilo en EEUU, y se han convertido en el símbolo de la padecimientos de quienes migran desde Centro América.
27 Jun 2019 – 1:20 AM EDT

Manejar diez personas con aspiraciones presidenciales en un mismo escenario, que quieren acaparar lo más que puedan de las dos horas que van a estar en televisión nacional, es una labor ardua, como demostró la primera jornada del primer debate demócrata que se realizó este miércoles en Miami, Florida.

Hubo algunos momentos tensos, de roces e interrupciones, como se espera de un debate político, aunque eso generara alguna frustración entre los cinco periodistas de NBC y Telemundo que moderaron el evento con el que formalmente arrancó la campaña para las primarias, un proceso que en realidad empezó hace varios meses.

Pese a los roces, se mantuvo la cordialidad entre los participantes. Cada quien buscó su manera de destacar del lote en el que le tocó participar, bien haya sido respondiendo en español sin razón aparente a una pregunta, como hizo el excongresista por Texas Beto O'Rourke, o interrumpiendo con voz estentórea y apropiándose del escenario, como pasó con el alcalde de Nueva York Bill DeBlasio.

O siendo más detallado en las propuestas de su programa de gobierno, al estilo de Julián Castro, quien pese a ser el único hispano del grupo, no se atrevió a desafiar a O'Rourke hablando el idioma de su abuela materna, salvo para asegurar que en 2021 los demócratas le dirán "adiós" a Donald Trump.

¿La noche de Warren?

Salvo la senadora Elizabeth Warren, ninguno de los candidatos que participaron en el debate se contaba entre los punteros en las encuestas. De hecho, algunos como O'Rourke o el senador Cory Booker, o su colega Amy Klobuchar, perdieron el impulso con el que surgieron cuando lanzaron sus candidaturas.

Warren quedó beneficiada al ser la única de las favoritas, algo que parece haberla ayudado a proyectar confianza desde el podio central que le correspondió por la asignación hecha por los organizadores.

Pero al mismo tiempo puede haberla afectado al impedirle carearse con el ex vicepresidente Joe Biden o el senador Bernie Sanders, algo que para algunos pudo haber restado interés en el encuentro.

En cualquier caso, la senadora no creyó necesario moderar su retórica liberal y arremetió contra la avidez de las corporaciones que considera que actúan en detrimento de los trabajadores y de los intereses de los ciudadanos, como sería el caso de la industria de seguros de salud.

Los primeros análisis al final del evento destacaron que Warren se mostró sólida y ratificó su favoritismo, al menos entre el grupo con el que le tocó debatir. Habrá que esperar al próximo debate a fines de julio para ver si le toca medirse con los aspirantes que están en su misma liga.

El trágico recuerdo de Óscar y Valeria Martínez

La noche quedó marcada por la terrible imagen que ha circulado por el mundo entero de los cuerpos de Óscar Martínez y su hija Valeria, en la que se los ve abrazados, ahogados en la orilla mexicana del Río Grande al no lograr pasar al lado estadounidense donde aspiraban a solicitar asilo.

"Vimos esa imagen hoy que rompió nuestros corazones y tienen nombres: Óscar Martínez y su hija de 23 meses Valeria", dijo el presentador de Telemundo José Díaz Balart con una voz notablemente emocionada antes de preguntarle a Castro qué haría para que esas tragedias no ocurran.

"Observar la imagen de Óscar y su hija Valeria es devastador. También debería molestarnos a todos. Si yo fuera presidente hoy firmaría una orden ejecutiva que elimine la política de tolerancia cero del presidente Trump, la política de 'espere en México' (...) Esa política es básicamente la que impulsó a Óscar y Valeria a hacer ese riesgoso cruce del río", dijo Castro.

Castro fue el candidato que ofreció más detalles en sus propuestas, sobre todo migratorias, y para algunos fue uno de los ganadores de la noche, sobre todo por su enfrentamiento con su compañero tejano, O'Rourke, quien no comparte la idea de relajar los controles fronterizos porque considera que ponen en peligro la segurdad nacional y facilitaría el trabajo de traficantes de personas.

El primer choque del debate fue precisamente el intercambio en los dos demócratas de Texas que terminó con Castro sugiriéndole a O'Rourke que "hiciera la tarea".

Ni Biden ni (mucho) Trump

Salvo plantear algunas diferencias de enfoque, los candidatos no entraron en descalificaciones mutuas. Y notablemente, no arremetieron contra el puntero en las encuestas, el exvicepresidente Biden.

Algunos esperaban que los contrincates del segundo de Barack Obama aprovecharan para reforzar las críticas que varios de ellos le han hecho en las últimas semanas, sobre todo Booker, quien ha criticado la afirmación de Biden de que antes en el Senado se podía trabajar "civilizadamente" incluso con reconocidos senadores supremacistas blancos.

Uno que sí recibió críticas duras, aunque menos de las que se esperaban, fue el presidente Trump.

Aunque con seguridad todos ellos habrán estado de acuerdo con el gobernador Inslee cuando dijo que Trump era "la mayor amenaza" que enfrentaba el país (otros optaron por China, cambio climático o Rusia cuando se les pidió identificar esos peligros), no dedicaron mucho tiempo a criticar su personalidad. Solo sus políticas, sobre todo la migratoria y el manejo de la política exterior, particularmente con Irán.

Pareciera que la estrategia de los demócratas es impedir que el presidente les robe aire en un debate nacional, ya que está diseñado para venderse ellos y no ampliar la presencia de alguien como Trump, que ha copado todos los espacios. Esa fue precisamente la clave de su éxito en 2016: la inmensa cantidad de promoción gratuita de la que gozó al garantizar la cobertura de los medios a sus polémicas declaraciones o acciones.

En su ruta a Japón para participar en la cumbre del G-20, el presidente, salvo un tuit en el que dijo estar ABURRIDO (así en mayúsculas) no comentó el proceso, como algunos medios habían asegurado que pensaba hacer.

Proyección nacional

Este primer careo era la oportunidad para elevar el perfil y darse a conocer ante una audiencia nacional.

Castro parece haber logrado el cometido de proyectarse mejor, a juzgar por las tendencias observadas en redes sociales y las búsquedas en Google Trend.

Quizá por ello haya decidido decir al final, en español, que estaba presentándose para presidente de EEUU, como si eso no fuera obvio dado que estaba en un debate presidencial, o quizá el exsecretario de Vivienda estaba reconociendo que en algunas partes del país no saben aún quién es y qué aspira.

Los pasajes en español de algunos candidatos, así como sus referencias a inmigración, fueron el reconocimiento a la importancia del voto hispano en Florida, el estado péndulo más importante de las presidenciales de 2020 y que puede ayudar a inclinar la balanza.


No estaba tanto dirigido a Miami, ciudad con 60% de población de origen latinoamericano, sino más hacia el centro de la península, donde se ha ido concentrando la comunidad de origen puertorriqueño, que tiene la ventaja de ser ciudadana y por tanto, derecho a votar.

El corredor de la I-4 es considerado la bisagra para controlar el estado, cuya porción sur es tradicionalmente demócrata y el norte, de tendencia republicana. Los analistas consideran que el triunfo en el centro de Florida garantizará la Casa Blanca al candidato que allí salga favorecido.

Es en parte la razón por la que el presidente Donald Trump lanzó la semana pasada oficialmente su candidatura a la reelección desde Orlando. El mandatario además se ha vistobeneficiado por su política agresiva contra Cuba y Venezuela, países de dos importantes comunidades que se concentran en el sur de Florida.

Contra el reloj

Ya a mitad del encuentro se hacía evidente en el rostro de algunos de los candidatos la frustración por no sentir que estaban teniendo suficiente tiempo para responder preguntas o plantear sus posiciones en temas concretos.

El alcalde DeBlasio se impuso en algunas ocasiones elevando la voz para polemizar con sus colegas en el podio y algo similar, aunque con menos brusquedad, hizo el gobernador de Washington, Jay Inslee.

Incluso a Warren, quien gozó de la privilegiada posición al centro del escenario por contar con mejores números en las encuestas, se le vieron ocasionales gestos de frustración por no poder intervenir en temas en debate.

Pero ya se los había advertido al inicio del evento el presentador de NBC al decir que “no todos iban a poder participar en todos los temas” y así sucedió.

Al final del evento, la congresista Tulsi Gabbard se quejó de no haber tenido tiempo suficiente para expresarse y dijo a Univision Noticias que le habría gustado haber podido hablar de “cambio climático, el tema de control de armas, el tema de inmigración, los desafíos que estamos enfrentado”.

Experiencia acumulada

Entre los candidatos que subieron al podio la noche del miércoles en Miami acumulan varios años de experiencia en diferentes áreas de gobierno, lo que da una idea de la variedad de opciones que tienen los demócratas a la hora de escoger un candidato que se enfrente a Donald Trump en 2020.

En Miami estuvieron tres senadores (Klobuchar, Warren, Booker), un gobernador (Inslee, de Washington), un alcalde (de Blasio, de Nueva York), un exsecretario (Castro, Vivienda), dos congresistas (Gabbard, de Hawaii; Ryan, de Ohio) y dos ex-congresistas (O'Rourke, de Texas; Delaney, de Maryland).

Una mezcla de experiencias similares se verá el jueves en la segunda jornada de debates, a la que asistirán cuatro de los candidatos que mejor marchan en las encuestas: el exvicepresidente Joe Biden, el senador Bernie Sanders, su colega Kamala Harris y el alcalde Pete Buttigieg.

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