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Gobierno de Trump nombra subdirectora de la CIA a una agente vinculada al uso de la tortura

El nombramiento de Gina Haspel para ocupar el segundo cargo más alto de la CIA hace renacer las preocupaciones sobre la posibilidad de que la inteligencia estadounidense reanude el uso de centros secretos de detención, o técnicas de maltrato físico en interrogatorios a detenidos.
3 Feb 2017 – 4:50 AM EST

El jefe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Mike Pompeo, nombró este jueves en la subdirección de la organización a Gina Haspel, una funcionaria que fue acusada de ordenar el uso de tortura en interrogatorios secretos.

Haspel se torna así en la primera mujer en alcanzar el cargo de subdirectora de la CIA, después de una extensa carrera como agente encubierta en diversos países.

En la nota oficial sobre el nombramiento, Pompeo expresó que Haspel es "una oficial ejemplar de inteligencia y una patriota con más de 30 años de experiencia en la agencia".

Haspel, que tiene 60 años, ha trabajado como agente encubierto la mayor parte de su carrera y jugó un rol central en la puesta en marcha del programa extrajudicial tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 para encarcelar e interrogar a sospechosos de terrorismo.

Pero su hoja de servicios, al menos tiene un punto que ha sido muy cuestionado: en 2013, fue designada para conducir el Servio Nacional Clandestino dentro de la estructura de la CIA, pero fue removida pocas semanas después al conocerse su autorización al uso de tormento físico a detenidos.


Una prisión secreta en Tailandia

De acuerdo con reportes divulgados por el diario Washington Post, en la ofensiva estadounidense posterior a los atentados de 2001 en Nueva York y Washington, Haspel fue responsable por una prisión secreta en Tailandia.

'Sitios negros' ('black sites') se les llamó entonces a estas prisiones clandestinas.

En ese centro secreto de detención de Tailandia " por lo menos dos detenidos fueron sometidos a 'submarino' (simulación de ahogamiento) y otras técnicas de interrogatorio" que el propio Congreso estadounidense consideró equivalentes a torturas.

Haspel estuvo presente en al menos dos interrogatorios en los que se utilizaron torturas, el de los presuntos miembros de Al Qaeda Abu Zubaydah y Abd al Rahim al Nashiri, según se recogió en una investigación del Senado.

A Zubaydah se le sometió 83 veces a la técnica del 'submarino' (waterboard, como se le llama en inglés), de acuerdo con documentos revelados a posteriori.

Las sesiones fueron filmadas y las grabaciones almacenadas en una caja fuerte en la oficina de la CIA en Tailandia hasta 2005, cuando fue ordenada su destrucción, recuerda el New York Times.

Los abogados que representaban detenidos habían solicitado en tribunales tener acceso a esos videos, como evidencia de las torturas.

La agencia sostiene que la decisión de destruir las grabaciones fue hecha por el jefe de Haspel en ese momento, José Rodríguez, quien era el responsable de servicio clandestino de la agencia en aquel momento. Pero años después, cuando la CIA quiso asignar a Haspel para ejecutar operaciones clandestinas, la senadora Dianne Feinstein, miembro del Comité de Inteligencia del Senado, bloqueó la promoción por la denuncias de torturas y la destrucción de las grabaciones, explica el Times.


¿Vuelve el 'submarino'?

El nombramiento de Haspel para ocupar el segundo cargo más alto de la CIA hace renacer las preocupaciones sobre la posibilidad de que la inteligencia estadounidense vuelva a utilizar centros secretos de detención o las llamadas "técnicas mejoradas de interrogatorio".

El presidente Donald Trump, dijo hace una semana estar absolutamente convencido de que "la tortura funciona", yendo así en contra de la decisión del anterior mandatario, Barack Obama, de prohibir el uso de castigo físico en el interrogatorio de detenidos.

Trump dijo sin embargo que quien tendrá la decisión sobre el retorno del uso de la tortura en los interrogatorios será el secretario de Defensa, James Mattis, quien a su vez manifestó ante el Senado oponerse al uso de esas técnicas.

También el nuevo fiscal general, Jeff Sessions, ha dicho que el uso de las torturas es ilegal.


Pero Trump parece muy interesado en el tema y está solicitando recomendaciones sobre si la tortura funciona, sobre si deberían utilizarse nuevamente cárceles clandestinas de la CIA para interrogar a sospechosos y sobre si la prisión militar de la Bahía de Guantánamo no sólo debería permanecer abierta, sino si debería aceptar futuros detenidos, según el borrador de una orden ejecutiva citado por la agencia AP que señala extensos cambios a la política de detención e interrogatorios de Estados Unidos.

El borrador, que la Casa Blanca dijo no era oficial, revertiría la orden del presidente Barack Obama de cerrar la instalación carcelaria de la Bahía de Guantánamo, un sitio que Trump ha dicho que quiere llenar "con tipos malos".

Nigel Inkster, ex director de operaciones de la agencia británica de inteligencia exterior, MI6, es de otra opinión muy distinta: "Decir que la tortura funciona es un poco como decir que la esclavitud funciona como un modelo de producción".

En la misma línea se apunta Mark fallon, quien se desempeñó como investigador de contraterrorismo para Estados Unidos e intentó imponerse a las prácticas de tortura en Guantánamo una vez que se enteró de ellas durante el gobierno del presidente George W. Bush.

"La tortura es un método muy efectivo para hacer que alguien diga lo que quieres que diga. No es un método efectivo para obtener la verdad o algún tipo de información confiable", subrayó.

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Imágenes desde las entrañas de Guantánamo

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