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Mara Salvatrucha

Tenía 13 años cuando se volvió esclava sexual de la Mara: este es el otro negocio lucrativo de la MS-13

En los últimos años las autoridades han rescatado a varias mujeres que fueron obligadas por la pandilla Mara Salvatrucha a tener relaciones sexuales a cambio de dinero y droga. Sus víctimas suelen ser menores que sufrieron abusos en sus comunidades de origen o en su camino hacia EEUU.
22 Ago 2020 – 12:05 PM EDT
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“Si quiero salirme de la pandilla, la MS-13 me matará”. Este mensaje de texto lo escribió una niña de 13 años después de que miembros de una clica en Virginia le dieron 26 golpes con un bate de metal. Los primeros 13 fueron por el ritual para aceptarla en la banda y los otros la castigaban por haber robado en una tienda y pasar tiempo con rivales.

De esa manera le hicieron entender qué pasaría si los desobedecía. Documentos judiciales relatan parte del infierno que vivió esta menor dentro de la Mara. A cambio de dinero y drogas, los pandilleros la obligaron a tener relaciones sexuales en Virginia y Maryland. Se volvió -literalmente- una esclava.

“Mientras estaban en Virginia, hombres hicieron fila para tener relaciones sexuales con ella en un área boscosa detrás de un complejo de apartamentos. Los hombres le dieron drogas a cambio de sexo”, describe el Departamento de Justicia (DOJ).

“Ella también estuvo alojada en varios apartamentos en el norte de Virginia, donde hombres le pagaban a ella y a sus proxenetas por tener sexo”, continúa la dependencia.

Una acusación federal señala que también la llevaron a Maryland, donde fue “vendida a varios pandilleros y otros clientes a cambio de dinero en efectivo”. Parte de la evidencia colectada en esta investigación son videos y fotografías en las que aparece la menor, así como mensajes de texto y comunicaciones privadas en las redes sociales.

En uno de esos textos, un pandillero decía: “Puedes tenerla toda la semana si quieres (…) Solo dame algo por debajo de la mesa”. La cuota eran 100 dólares por tener sexo durante una hora con la menor, quien había escapado de una casa grupal en agosto de 2018.

Agentes del Buró Federal de Investigaciones (FBI) arrestaron a principios de agosto a 11 miembros de la MS-13 en relación con la explotación sexual y el abuso físico que sufrió la niña. Los sospechosos tienen entre 20 y 48 años. Diez son indocumentados, según un comunicado del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE). Si son declarados culpables, enfrentarían una condena a cadena perpetua.

“Los traficantes sexuales a menudo se aprovechan de las víctimas más vulnerables de nuestra sociedad, y cuando se combinan con los horribles abusos de una pandilla como la MS-13, los efectos pueden ser devastadores”, dijo sobre este caso G. Zachary Terwilliger, fiscal federal en el este de Virginia.

Este incidente no es aislado. Desde hace más de una década, las autoridades han rescatado a varias menores que fueron esclavas sexuales de la MS-13 con el fin de obtener ingresos adicionales para la banda, a la par de la venta de droga y armas, robos y extorsiones. En un caso prostituyeron a una niña de 12 años que había escapado de su casa.

“Una empresa criminal de bajo riesgo”

“Recientemente ha habido un aumento en la participación de la MS-13 en la trata de personas”, advertía en 2017 la organización Human Trafficking Search. “En Estados Unidos, las víctimas de la MS-13 tienden a ser niñas inmigrantes latinas o niñas de los países del Triángulo Norte (de Centroamérica) que llegaron al país como menores no acompañadas”, menciona el grupo en su website.

Quienes caen en sus redes son menores que sufrieron abuso sexual en sus comunidades de origen o en el camino hacia EEUU, que están a hogares de crianza o carecen de una red social de apoyo en este país.

“Los miembros de la MS-13 buscan a jóvenes vulnerables utilizando la violencia y otras tácticas coercitivas para intimidar a la niña para que tenga relaciones sexuales por dinero para ayudar económicamente a la pandilla”, alerta Human Trafficking Search.

Otra de tantas víctimas de esa pandilla es una mujer que tenía 12 años cuando la esclavizaron en Virginia, Maryland y Washington DC. Su tratante era José Ciro Juárez Santamaría, jefe de la clica 'Pinos Locos'.

‘Sniper’, como le apodan, conoció a la menor en una fiesta de Halloween en Maryland el 31 de octubre de 2009. Ella le contó que había escapado de su casa y le pidió que le ayudara a encontrar un lugar dónde quedarse. Pero al día siguiente la obligó a prostituirse en el área de DC. Su calvario concluyó en diciembre de ese año, según una acusación presentada en una corte federal de Virginia.

La menor testificó que ‘Sniper’ y otros miembros de la MS-13 le buscaron la mayor cantidad de clientes. Hubo semanas en que no descansó un solo día. Lo forzaron a tener sexo en negocios, hoteles y casas. La vendía por 40 dólares y le daban marihuana y bebidas alcohólicas para tenerla bajo control.

“Las pandillas han aprendido que el tráfico sexual, particularmente de menores, es una empresa criminal de bajo riesgo y alto rendimiento que financia adecuadamente sus operaciones delictivas en Estados Unidos y en todo el mundo”, explicó Bill Woolf, director ejecutivo de la fundación Just Ask Trafficking Prevention, en una presentación que hizo en el Congreso el 11 de diciembre de 2019.

Las víctimas del ‘Asesino’ de Virginia

En junio de 2012, un juez federal le impuso una sentencia de 50 años de prisión a Rances Ulices Amaya, un miembro de la MS-13 al que apodan ‘Murder’ y ‘Blue’, por traficar sexualmente a niñas de 14 años. Entonces era el cuarto marero convicto por ese delito en el este de Virginia.

“Él les dijo a estas chicas que era su dueño y que lastimaría a sus seres queridos si no cumplían sus órdenes. Eran sus esclavas sexuales (…) Estas niñas tienen cicatrices traumáticas que durarán toda su vida”, dijo tras la sentencia Neil H. MacBride, entonces fiscal en el Distrito Este de Virginia del DOJ.

Amaya se unió a la pandilla siendo adolescente y se volvió el jefe de la clica ‘Guanacos Lokotes Salvatruchas’. En 2009 se unió a otro marero para prostituir a varias menores. A quienes le llevaban clientes o más niñas les ofrecía sexo gratis con ellas y una parte de las ganancias.

Los fiscales señalan que el acusado buscaba a trabajadores indocumentados, compartiendo su número de celular en sitios de construcción y afuera de tiendas departamentales, para asegurar que no lo denunciaran. Les cobraba entre 30 y 120 dólares por 20 minutos de sexo con las menores.

“Las víctimas debían tener relaciones sexuales con entre ocho y diez clientes por día, a veces siete días a la semana (…) Por la noche, Amaya invitaba a sus asociados de la MS-13 para que tuvieran relaciones sexuales con las niñas”, detalla la acusación federal.

De acuerdo con la evidencia presentada en la corte, Amaya prostituyó a cinco adolescentes que tenían entre 14 y 17 años. Les daba alcohol y drogas. Los actos sexuales ocurrían en hoteles, casas y autos en el área de Washington DC y el norte de Virginia. Además de mostrarles un machete para amenazarlas, les violó y golpeó repetidamente para que cumplieran sus órdenes.

“El apodo del pandillero Rances Amaya es 'Murder' y, en un sentido real, él mató las esperanzas y los sueños de las adolescentes a las que victimizó sistemática y sádicamente”, expresó el fiscal MacBride.

La queja criminal expone que las ganancias fueron usadas para comprar droga, alcohol y para apoyar las actividades ilícitas de la MS-13 en EEUU y El Salvador. Las niñas jamás recibieron un centavo.

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