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Una silenciosa revolución del sistema público de salud

"Este programa tiene como propósito rediseñar desde sus propias bases al sistema de atención médica mediante una serie de cambios que buscan aumentar la calidad de los servicios de salud que se les ofrecen a los usuarios y, asimismo, reducir los costos y las hospitalizaciones".
Opinión
Ramon Tallaj
Médico fundador y director de SOMOS, una red de más de 2,500 médicos familiares que atienden a más de 500,000 pacientes Latinos en la ciudad de Nueva York.
2019-07-30T12:09:37-04:00

Una silenciosa revolución del sistema público de salud está en curso en la Ciudad de Nueva York. Sus efectos ya se dejan sentir en la mayoría de los hogares latinos ubicados en los principales distritos que conforman esta enorme ciudad.

Esta revolución revela un cambio radical de perspectiva del sistema público de salud, aun cuando su nombre sea ciertamente ajeno y hasta extraño para la mayoría de nosotros; no bien así, sus beneficios hablan por sí mismos.

Conocida en la jerga burocrática como “Reforma del Sistema de Entrega de Pagos e Incentivos” (DSRIP, por sus siglas en inglés), este programa tiene como propósito rediseñar desde sus propias bases al sistema de atención médica mediante una serie de cambios que buscan aumentar la calidad de los servicios de salud que se les ofrecen a los usuarios , y, asimismo, reducir los costos y las hospitalizaciones, todo mediante una innovadora fórmula basada en incluir a los pacientes en un sistema de atención médica de índole sobre todo preventiva.

La buena noticia es que ¡esta reforma sí funciona! El gobernador Cuomo nos dio instrucciones muy precisas al respecto, y todas sus indicaciones han sido rebasadas suficientemente por el grupo de médicos que me honro en dirigir.

Sin embargo, no todo aquí son buenas noticias; de hecho, nos queda poco menos de un año para lograr un cambio definitivo. De allí que ahora mismo me una a los miles de médicos que conforman la red de mi organización y a muchos otros, siempre con el propósito común de prolongar el programa de la DSRIP, al menos otros cuatro años.

He aquí mis razones.

Los latinos neoyorquinos conformamos la minoría racial más grande de NYC, representando casi una tercera parte de toda la población, por lo que el gobierno estatal tiene la obligación de atender y resolver las disparidades que en materia de salud enfrenta actualmente nuestra comunidad.

Más allá de la frialdad de los números, todo esto quiere decir que a los latinos no siempre nos es posible acceder a los beneficios del sistema público de salud, incluyendo una atención médica de calidad.

Pruebas de primera mano: como médico e inmigrante cuya primera lengua fue el español, conozco muy bien, de primera mano, que la cultura y las costumbres, así como los niveles de ingresos y de educación, además del estatus migratorio y las barreras idiomáticas, pueden ser causas de aislamiento, todo lo cual ocasiona que la atención médica sea más difícil de obtener y casi imposible de controlar.

De allí que sea tan importante el programa que, hoy y aquí, luchamos por prolongar.

Dentro del programa de la DSRIP, el estado de Nueva York logró impactos muy positivos y significativos para la comunidad latina, y eso en tan solo cuatro años de operación. Para qué discutir cuando ahí están los números.

La red de médicos que me honro en presidir, atiende actualmente a más de 500,000 pacientes latinos (casi el 20 por ciento de la población latina de la Ciudad de Nueva York, distribuida principalmente en los distritos de Queens, Brooklyn, el Bronx y el Alto Manhattan).

Y, gracias a este programa, hemos logrado reducir las readmisiones hospitalarias en un 36 por ciento, muy por encima del objetivo del 25 por ciento que se nos impuso para el quinto año; y hemos logrado reducir las consultas prevenibles en las salas de urgencias hasta en un 34 por ciento, y pudimos reducir hasta en un 47 por ciento las consultas por motivos de urgencias sicológicas entre los pacientes que nos honramos en atender en los últimos tres años.

Integrar a la atención médica los determinantes sociales de la salud es un objetivo clave del programa, toda vez que dichos determinantes pueden causar un dramático impacto en la capacidad de cada paciente para poder alcanzar una vida saludable.

Esto implica que debemos poner énfasis en los retos que en materia de salud enfrentamos los latinos neoyorquinos cada día, como fumar tabaco, o dejar ese hábito; pero también padecer una creciente crisis de obesidad que suele derivar en diabetes y en enfermedades cardiacas, e, incluso, en enfermedades que suelen ser tabú en nuestra cultura y que, por lo mismo, no son debidamente atendidas, como la depresión y el abuso en el consumo de sustancias adictivas.

No será tarea fácil extender este programa. Para lograrlo, será necesario seguir redirigiendo los recursos provenientes de los hospitales corporativos y de las no menos influyentes compañías de seguros, y, al mismo tiempo, proveer a los médicos familiares y a las pequeñas clínicas de más recursos, todo con el fin de realizar estos cambios, por arriesgados que sean.

Esto también implicaría presionar al presidente Trump para que extienda la exención del Medicaid de Nueva York; y es que, aun cuando miles de médicos llegaran a representar y apoyar a millones de pacientes a favor del gobernador de Nueva York en este debate, no sería absurdo pensar que, dado que se trata de cuestiones rectamente políticas, sobre todo en torno al servicio médico, las negociaciones respectivas serían necesariamente cuesta arriba.

No bien así, aun cuando no esperamos más que eso, nuestro temor real es que se detenga esta revolución silenciosa, o sea, que no se le permita a este cambio seguir avanzando sobre sus propios rieles.

La necedad de impedir que se siga invirtiendo en el programa de la DSRIP podría tener muchas y muy graves consecuencias en todo el sistema público de salud, sobre todo en la comunidad latina. Las organizaciones comunitarias y sin fines de lucro podrían quedarse sin financiamiento para seguir operando; muchos pacientes perderían el acceso a recursos de apoyo; las salas de urgencias estarían saturadas; y el gobierno estatal perdería miles de millones de dólares que, de otra manera, podrían invertirse en programas para beneficio de los neoyorquinos.

Como se ve, muchas de las propuestas para reformar el sistema público de salud son controversiales. Así como la reciente propuesta del contribuyente personal. Mas no debemos distraernos con la idea de dar por terminado el debate que apenas comienza.

La prolongación del programa de la DSRIP que aquí proponemos les garantizaría a nuestras minorías, sobre todo a las comunidades latinas, acceder a los servicios médicos que les son indispensables y, al mismo tiempo, les facilitaría a los funcionarios del ramo, a los médicos y a los pacientes, comprometerse con la decisión de ofrecer un servicio médico de calidad.

El programa de la DSRIP ahorra actualmente muchos recursos, cambia estilos de vidas, y, acaso por lo mismo, se merece todo el apoyo de los líderes neoyorquinos para que pueda sobrevivir más allá de 2020.

Hemos llegado hasta aquí luego de cuatro años de una lucha sin descanso. ¿Pueden imaginarse ustedes lo que podríamos lograr si contáramos con cuatro años más de servicio en beneficio de los pacientes más vulnerables de la Ciudad de Nueva York?

Nota : La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.


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