Los juzgados serán ellos

La hoja de ruta de la represión de Daniel Ortega y Rosario Murillo ahora apunta contra el periodismo independiente. Los periodistas ya han enfrentado dictaduras en Nicaragua y han demostrado que los tiranos pasan y el periodismo queda. Las ideas no se erradican ni con hostigamiento ni cárcel.
Opinión
Wilfredo Miranda es periodista nicaragüense, redactor del diario independiente Confidencial y colaborador de Univision Noticias en Managua.
2018-12-23T11:01:27-05:00

MANAGUA, Nicaragua. - El periodismo en Nicaragua amaneció con una voz menos este 22 de diciembre. El canal informativo 100% Noticias fue asaltado la noche de este viernes por un comando de las tropas especiales de la policía leal a Daniel Ortega y Rosario Murillo. En la redacción se encontraba el director de la televisora, el periodista Miguel Mora, a quien, menos doce hora después, lo presentaron como criminal en los juzgados, acusándolo por los entelequios cargos de “impulsar el odio y la inducción al terrorismo”.

No es la primera vez que los policías de la dictadura atracan una redacción. La semana pasada le tocó a Confidencial, el medio de comunicación dirigido por el periodista Carlos Fernando Chamorro, cuyas investigaciones periodísticas han desnudado al dictador, otrora revolucionario de izquierda y hoy devenido en un sultán tropical manchado de sangre.

En la Nicaragua de los Ortega-Murillo no hace falta una sola orden judicial para asaltar redacciones y al mismo tiempo empresas privadas registradas en el Registro Mercantil de la Propiedad. Solo faltan los rifles de guerra policiales y paramilitares, los mismos que han asesinado a más de 325 personas desde el mes de abril, cuando estallaron las protestas ciudadanas.

La hoja de ruta de la represión Ortega-Murillo ahora apunta contra el periodismo independiente. La dictadura primero desarticuló la protesta pacífica y la resistencia (los tranques) en las calles con policías y paramilitares despiadados, provocando el peor baño de sangre en Nicaragua desde la postguerra. En palabras del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, una masacre.


Luego, a través de una institución policial sumisa y un órgano judicial controlado hasta el tuétano, los Ortega-Murillo ilegalizaron toda manifestación en su contra. Los jueces de la dictadura comenzaron a realizar juicios con pruebas insostenibles y a dictar sentencias descabelladas de hasta 60 años de prisión contra manifestantes culpados por “terrorismo y golpismo”. Nicaragua tiene una navidad con más de 600 presos políticos, algo inédito en la historia reciente de este país. Ni Somoza, el anterior dictador, llegó a tener tantos reos políticos. En el tiempo más álgido de la represión somocista en la década del 70, hubo cinco veces menos presos políticos. Y Ortega, dispuesto a superar a Somoza, ahora suma a Miguel Mora como reo de conciencia.

El apresamiento de los periodistas se veía venir. La única resistencia activa está en la diáspora, en organismos de la sociedad civil y en los medios de comunicación independientes. Pretendiendo no dejar piedra sobre piedra, la dictadura anuló las personería jurídica de las oenegés críticas y echó mano contra los periodistas.

El primero fue Carlos Fernando Chamorro, el periodista más prominente de Nicaragua. El director de Confidencial es hijo del héroe nacional Pedro Joaquín Chamorro, quien también fue perseguido y finalmente asesinado en 1978 por la dictadura somocista a causa de su postura crítica en la dirección del diario La Prensa. En su momento, La Prensa también fue clausurada por el somocismo. En la actualidad, Confidencial fue asaltado y confiscado por los Ortega-Murillo sin una orden judicial.

En el caso de 100% Noticias, el Ministerio Público giró un oficio a la Policía para capturar a Miguel Mora. Aunque ahora el régimen Ortega-Murillo haya solventado el requerimiento legal, la captura del director de 100% Noticias sigue siendo al margen de la ley; un retorcido recurso para acallar una de las voces más vitales que ha tenido la rebelión cívica denunciando las atrocidades cometidas desde abril. Miguel Mora es víctima de un proceso judicial exprés que demuele las garantías elementales del debido proceso. Tampoco le permiten contar con un abogado que lo defienda.

Los ataques contra la prensa independiente ocurren después de las sanciones impuestas por Donald Trump y la Ley Nica Act. Trump ha metido su firma en la casa presidencial de Managua, sancionando con una orden ejecutiva de forma directa a la vicepresidenta Rosario Murillo. El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) declaró horas antes del atraco a 100% Noticias que Ortega y Murillo se habían consagrado como criminales de lesa humanidad. Muchos opinan que esta rabiosa respuesta del régimen es síntoma terminal. Esa es la gran incógnita en Nicaragua. ¿Cuánto tiempo podrán sostenerse la pareja presidencial con una grave crisis económica a cuestas y cerrados a una eventual negociación política que incluya el anticipo de elecciones, democracia y justicia?

A eso se suma el aislamiento internacional de la dictadura de los Ortega-Murillo. Es total. Solos en su laberinto, se aferran a lo único que tienen: sus fusiles. Y ahora los dirigen contra los periodistas. Si bien es cierto que ejercer el oficio antes de esta escalada violenta enfocada hacia la prensa era difícil debido a las detenciones ilegales y el hostigamiento, la verdad es que la hostilidad ya está declarada abiertamente. Además, está avalada por el Poder Judicial. Es la marca vengativa de la vicepresidenta Rosario Murillo.

La represión contra la prensa no adicta lleva el sello de Murillo, la primera dama que en los medios de comunicación de sus hijos pregona “paz y reconciliación” y en la práctica ordena arremeter contra los reporteros críticos que develan sus atrocidades. No en vano atacó de primero a Confidencial. Este medio ha logrado demostrar en esta crisis sociopolítica que el gobierno que ella dirige junto a su marido disparó a matar a los manifestantes, y que las primeras órdenes de la represión las dio ella a través de correos electrónicos. Fue el fulminante “vamos con todo” que ahora ha caído directamente contra Miguel Mora y Carlos Fernando Chamorro.

Aunque la Policía haya desmantelado y confiscado las redacciones de 100% Noticias y Confidencial, vale citar a Carlos Fernando Chamorro, quien respondió de la siguiente manera cuando le preguntaron qué pasará ahora con el periodismo independiente: “La sala de redacción de Confidencial (y la de cualquier medio atacado de ahora en adelante) está en el alma, en el cerebro de los periodistas”.

Porque el periodismo independiente para Nicaragua se ha vuelto más necesario que el pan. Un recurso vital para denunciar a la dictadura manchada de sangre. Contrapoder obstinado. Claro que hay miedo. Miedo a terminar con un tiro en la cabeza como el colega Ángel Gahona, o con un uniforme carcelario como Miguel Mora. En estas horas bajas que atravesamos los periodistas es necesario administrar bien el miedo. Verónica Chávez, periodista y esposa de Miguel Mora, está angustiada desde que fue liberada la madrugada de este sábado. Dejó a Miguel Mora en El Chipote. La mujer está llorosa, impotente. “Da dolor pero no da miedo”, remarcó a Univision Noticias. Ella se abraza a su creencia en Jehová. Así como cada reportero busca algo a lo que aferrarse para resistir la embestida dictatorial.


El periodismo en Nicaragua ya ha sufrido este tipo de atropellos. Ya ha enfrentado dictaduras y demostrado que los tiranos pasan y el periodismo queda. Las ideas no las erradica el hostigamiento, la cárcel o la muerte. Pedro Joaquín Chamorro es la prueba de esa afirmación. Uno de los faros morales que nos muestra el camino en medio de esta penumbra.

Los reporteros valientes, como Lucia Pineda Ubau también detenida junto a Miguel Mora, retan al poder de turno enarbolando aquella convicción de Pedro Joaquín, nuestro mártir de las libertades públicas: “Mientras haya una máquina de escribir, un papel, un micrófono, una plaza pública, un balcón o espacio para hablar aunque sea en la celda de una cárcel, seguiremos denunciando a los inmorales, especialmente cuando trafican con la necesidad social de los más pobres. Esa es la razón principal de nuestra existencia, como periodistas, como hombres y ciudadanos”.

En 1978 el titular a cuatro columnas de La Prensa tras el asesinato de Pedro Joaquín fue “Los enterrados serán ellos”. Hoy, parafraseando el encabezado escrito por Danilo Aguirre, podemos decir que los juzgados serán ellos. No Miguel Mora sino Daniel Ortega y Rosario Murillo. Juzgados por la historia.


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