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El “delito” de ser refugiado cubano

"Los legisladores cubanoamericanos, que deberían liderar su defensa, suelen guardar silencio sobre su odisea. Los que son republicanos, para no poner en peligro las prebendas del poder que comparten con su presidente antiinmigrante. Los que son demócratas, para no desempolvar la arbitraria decisión que condenó a estos cubanos y que tomó un presidente de su partido".
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2019-11-04T16:11:01-05:00

Mientras esperaba un vuelo a Miami en el Aeropuerto George Bush Intercontinental de Houston el otro día, escuché por casualidad el testimonio escalofriante de un joven cubano que acababa de salir de un centro de detención de inmigrantes en Luisiana.

Lo habían arrestado al cruzar la frontera con México y pasó seis meses encerrado allí. Describía a familiares y amigos un verdadero infierno de maltratos por parte de agentes carcelarios, reyertas entre reclusos, violaciones sexuales, pobre alimentación y la desesperanza de personas como él que, según opinaba, tienen un reclamo legítimo de asilo.

Ese joven es apenas uno de miles que huyen de la misma espantosa dictadura de la que antes escapamos millones de cubanos. La más larga, sistemática y despiadada en la historia de nuestro hemisferio, si exceptuamos la época colonial. Pero, a diferencia de nosotros, el gobierno de Estado Unidos ahora les da la espalda, intenta impedir que ingresen al país y, si lo hacen, los trata como parias, encarcelándolos y en muchos casos deportándolos sin mayores miramientos a un tercer país y lo que resulta más grave, a Cuba, donde típicamente sufren represalias por haber “desertado”, típica figura delictiva de las dictaduras totalitarias.

Miles de refugiados cubanos malviven en albergues, posadas y hoteluchos de mala muerte en la frontera de México con Estados Unidos, expuestos a los abusos de traficantes humanos y funcionarios corruptos. Durante el año fiscal que terminó en octubre, 21,000 se presentaron a agentes federales en los cruces fronterizos entre ambos países, tres veces más que los que lo hicieron el previo año fiscal.

A algunos los han liberado y aguardan audiencias judiciales. Pero muchos otros permanecen en manos de la Agencia de Inmigración y Aduanas, ICE, sin que se les reconozca el derecho de asilo por haber huido de una tiranía que en esencia vive del odio a Estados Unidos, un odio que además exporta a otros países latinoamericanos.

Esta terrible situación comenzó cuando el presidente Obama eliminó la política de pies secos, pies mojados que reconocía el derecho de los cubanos a refugiarse de la tiranía que sufre su país si pisaban suelo estadounidense. Obama tomó la decisión como parte de un oscuro trueque con el régimen de la familia Castro.

Y como lo hizo a fines de 2016, apenas días antes de que Donald Trump asumiera la presidencia, le dio un regalo inesperado al mandatario republicano. Ese regalo, moralmente deleznable y políticamente torpe, le ha permitido a Trump presumir de anticastrista mientras continúa enviándole a la dictadura sus víctimas indefensas.

Suficiente para granjearse el apoyo de algunos cubanoamericanos que al parecer no reparan – o no les importa - la cruel contradicción.

Muchos de los cubanos encarcelados dicen que prefieren morir a ser devueltos a la isla cárcel de Cuba. Y algunos lo están demostrando de forma trágica. Roylan Hernández Díaz, de 43 años, se suicidó hace unas semanas en el Centro Correccional Richwood de Luisiana, el mismo en el que permaneció encerrado el joven compatriota al que conocí en Houston.

Hernández había hecho infructuosamente una huelga de hambre para llamar la atención sobre su encierro prolongado e injusto. Otros dos cubanos se cortaron las venas en el Centro de Procesamiento del Condado de Otero en Nuevo México también en octubre, según denuncia la organización cívica Freedom for Immigrants. Ambos, por fortuna, sobrevivieron.

Pero otros amenazan con imitarles si no se les pone en libertad mientras se tramitan sus peticiones de asilo político. Y en diversos centros de detención los cubanos preparan ayunos de protesta.

La arbitrariedad que padecen estos refugiados es tal que en septiembre un juez federal la denunció y criticó a ICE en Luisiana por negarles sistemáticamente la libertad condicional mientras solicitan asilo.

El juez James E. Boasberg ordenó al Departamento de Seguridad Nacional y a ICE restablecer el proceso para los solicitantes de asilo en ese estado. “La negación de la libertad bajo palabra a legítimos aspirantes al asilo pone de relieve la brutalidad de nuestro sistema migratorio”, declaró a raíz del fallo judicial Bruce Hamilton, abogado de la Unión Norteamericana para las Libertades Civiles que presentó la demanda a nombre de los refugiados. Las autoridades no han acatado la orden del juez.

El gobierno del presidente Trump comete una grave injusticia con los refugiados cubanos presos. Los trata como sospechosos del improbable delito de huir de la dictadura castrista y buscar amparo en un país libre y democrático.

Los legisladores cubanoamericanos, que deberían liderar su defensa, suelen guardar silencio sobre su odisea. Los que son republicanos, para no poner en peligro las prebendas del poder que comparten con su presidente antiinmigrante. Los que son demócratas, para no desempolvar la arbitraria decisión que condenó a estos cubanos y que tomó un presidente de su partido.

Mientras tanto, la situación de los detenidos se hace cada vez más precaria y desesperada. Activistas advierten que “más hombres se cortarán las venas y un gran número de personas se declararán en huelga de hambre”. Si en efecto eso sucede, será un desastre humanitario que pesará sobre las conciencias de funcionarios electos que en principio podrían y deberían evitarlo.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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