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Muertes

Estaba borracho y agentes lo dejaron en un Taco Bell porque era hispano. Ahora su familia recibirá $300,000 por su muerte

Uriel Juarez-Popoca, mexicano de 22 años, murió en Ohio en 2012, después de que oficiales lo vieran intoxicado y lo llevaran a un restaurante de esta cadena porque "podía haber alguien para traducir". Poco después, fue expulsado y un camión lo mató.
31 Jul 2017 – 01:31 PM EDT
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La familia de Uriel Juárez Popoca, un joven mexicano de 22 años que murió atropellado en Ohio en 2012, recibirá 300,000 dólares después de llegar a un acuerdo para poner fin a una demanda por la que acusaban a las autoridades de haber puesto en peligro su vida y haber realizado chistes sobre su origen.

El acuerdo, alcanzado por con el condado de Delaware, según informó el Columbus Dispatch, establece que el dinero irá a la viuda y los dos hijos de Juárez, quienes viven en San Bartolomé Atlatlahuca, un poblado a unas 50 millas (82 km) al suroeste del DF, y dependían económicamente de las remesas que enviaba de los varios diversos trabajos que realizaba.

Los hechos ocurrieron el 28 julio del 2012, cuando los oficiales Dereck Beggs y Christopher Hughes encontraron al joven mexicano desorientado en la Interestatal 71 a 25 millas (40 km) al norte de Columbus. Las autoridades recibieron varias llamadas alertando de que, aparentemente, un conductor se había salido de la carretera o había estacionado su auto en el césped y parecía incapaz de continuar manejando.

Cuando los oficiales llegaron, se dieron cuenta que se encontraba intoxicado y que su inglés era muy limitado. En lugar de arrestarlo o buscar alguien para que lo ayudara, decidieron acercarlo a un restaurante de la cadena Taco Bell dado que, según afirmó uno de ellos bromeando, "ellos tienen que tener alguien que pueda hacer de intérprete".

Juárez Pococa fue finalmente expulsado de dicho restaurante y, una hora después, perdía la vida cuando andaba cerca de otra carretera y un camión lo atropellaba. La fuerza del golpe hizo que el mexicano muriera casi instantáneamente, según sus abogados.

La familia, representada por la firma Gerhardstein & Branch, denunció a los agentes en 2014. Los abogados indicaron que Beggs y Hughes debían haber seguido el protocolo de estos casos y haber realizado un análisis del nivel de alcohol en su sangre para después detenerlo o haberlo entregado a un familiar o conocido tras presentarle cargos.

Los análisis revelaron que el inmigrante tenía un alto nivel de alcohol en la sangre: un 0.23%, casi tres veces más del permitido en Ohio para manejar.

"Esto supone un fracaso verdaderamente escandaloso de la policía local que cumplir con su deber básico de mantener a las personas de manera segura", explicó en ese momento a AP el abogado Al Gerhardstein.


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