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Masacre en Orlando

Miguel Ángel Honorato fue a Pulse invitado por dos amigas; ellas se salvaron pero él no

Los padres del mexicano, quien era el tercero de siete hermanos y una hermana, ahora solo tienen un deseo: poder enterrarlo cerca de ellos.
13 Jun 2016 – 6:33 PM EDT

La familia de Miguel Ángel Honorato —mexicano, originario de Guerrero— supo la mañana de este lunes que su hijo había fallecido en el ataque al club Pulse de Orlando, donde murieron otras 48 personas y el propio atacante.

Más de 30 horas después de la masacre, su padre, Álex Honorato, deambulaba cerca del centro de información a las víctimas en el Orlando Mayor William Beardall Senior Center, no lejos de donde ocurrió la catástrofe.

“Ya vamos de regreso para la casa. Ya nos dijeron cómo hacerlo”. Se refiere a qué pasos seguir para que les entreguen el cuerpo de su hijo de 30 años. Las autoridades consiguieron identificarlo gracias al ID que llevaba y a varios datos que dio su propia esposa. “Vamos a ponernos en contacto con una funeraria para que nos lo entreguen lo más pronto que se pueda”.

Miguel Ángel llegó a los Estados Unidos en 1991, con apenas cuatro años. Desde entonces vivió en Apopka, a unas 18 millas (27 km) al noroeste de Orlando. Estaba casado con Minerva Honorato -también mexicana- y ambos tenían tres hijos, de 15 años, 2 años y 1 año.

Su padre consiguió montar y hacer crecer un negocio familiar en el mundo de la hostelería con tiendas y restaurantes mexicanos y productos latinos. Miguel Ángel era el mánager.

Él era el tercero de siete hermanos y una hermana. Los cuatro primero nacieron en suelo mexicano y el resto en EEUU.

La última vez que su padre lo vio fue el viernes. Tan solo “un ratito”. Después, el mazazo de su ausencia.

Su familia no sabía que el sábado por la noche estaba en el Pulse. Unas amigas suyas lo invitaron.

“Ayer, me levanté a las seis y media y vi (la noticia sobre) el tiroteo”, explica su hermano José a Univision Noticias desde su casa de Apopka. “Pero nunca me imaginé que él estuviera ahí. A las nueve de la mañana su esposa me envió un mensaje que si sabía algo de Miguel y le habían dicho que estaba en esa área”.

“Lamentablemente, pues, lo invitaron a ir a ese club. Nunca me acuerdo que él me haya comentado que frecuentaba ahí”, explica José, visiblemente abrumado. Su voz muestra frustración cuando explica la mala suerte que él corrió: “Las dos amistades con las que fue, ellas sí lograron salir. Pero él, no”.

Al igual que su padre Álex, el viernes fue la última vez que pudo estar con él. Fue en la fiesta de cumpleaños de su hijo.

José y Miguel Ángel tan solo se llevaban cuatro años. Los dos crecieron juntos, dormían juntos, y jugaba todo el rato con él.

“Le gustaba la adrenalina”, explica José. Entre sus aficiones favoritas estaba el fútbol y ambos habían planeado ir a la final de la Copa de América a finales de junio en New Jersey.

José aún no se explica cómo pudo morir su hermano: era una persona que “no buscaba problemas pero no se dejaba”. Por eso solo le queda la explicación que ha conocido por los medios de comunicación: Omar Mateen se sirvió de un rifle AR de calibre 223 y una pistola semiautomática de 9 mm para cometer su masacre.

“Si ese atacante no hubiera llevado (matado) a mi hermano, se hubiera enfrentado a él”, explica. “Siento que el tipo no hubiera podido con mi hermano. Él se lo come”.

Según su hermano, Miguel Ángel era “una persona luchadora, trabajadora, que nunca se vencía por nada” que además “tenía muchas metas en sus vida”. Entre las más inmediatas estaba la de abrir su propio negocio. “Era muy inteligente para eso”, recuerda José.

También era “muy familiar, muy trabajador y le gustaba pasar mucho tiempo con sus amigos”. De ello da fe el gran número de personas que este lunes acudió a su casa. Tantas, que decidieron sentarse fuera, en el césped, y rendirle un homenaje donde no faltó la música mexicana, esa con la que creció y que seguía escuchando.

Ahora que su nombre ya apareció en la lista oficial de los fallecidos, solo tienen un deseo: poder enterrarlo cerca de ellos. El funeral será en Estados Unidos, no en su México natal, adonde había viajado recientemente.

“Mi mamá quiere que esté aquí y así podemos todos. Yo tengo familia en México pero no más tíos y mi abuelita”, se justifica el hermano.

El viacrucis que los Honorato comenzaron a vivir el domingo en la mañana no se sabe cuándo terminará. Las autoridades no les han entregado el cadáver y por eso desconocen cuándo podrán darle el último adiós.

Además, tampoco sabe si sus familiares, los que viven en México, podrán venir para poder al menos estar con él el día de su entierro.

Álex Honorato quiere hablar con el cónsul en Orlando, Juan Sabines Guerrero, pedirle que les ayude a gestionar la visita pero –por ahora- no hay nada decidido.

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