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Redadas

"Nos espera una batalla legal": los indocumentados liberados por ICE tras la megarredada en Dallas aguardan su cita en corte

Para las 174 personas que fueron liberadas tras el operativo del miércoles comienza un nuevo proceso: el de demostrarle a un juez de inmigración por qué debe permitirles quedarse en Estados Unidos. Algunos de ellos tienen hasta 11 años viviendo y trabajando sin documentos en el país, y temen la deportación.
6 Abr 2019 – 11:34 AM EDT

ALLEN, Texas.- A Marta * y a su hermana las arrestaron el miércoles mientras reparaban teléfonos en CVE Technology Group. Se vieron allí por última vez desde la redada, aterrorizadas en medio del caos y los gritos que generó la entrada de los agentes del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE). Pero una vez que las subieron al autobús que las llevaría al centro de detención, se perdieron la pista y eso sumó más angustia al proceso.

"Sabemos que nos espera una gran batalla legal", dijo Marta, una mexicana de 31 años, desde el estacionamiento del que fue su empleo por más de tres años y adonde fue el viernes a buscar su carro. Ella sabe que su calvario migratorio apenas comienza. "Uno escucha muchas noticias sobre redadas, pero jamás pensé que esto me iba a pasar a mí".

Entre Marta y su hermana, la familia pagó 10,000 dólares de fianza: 5,000 por cada una. Reunieron el dinero maratónicamente entre amigos, tíos, primos y sus padres. Ambas salieron el jueves, cree ella, porque ninguna tiene antecedentes penales: "Solo esta detención, que me hicieron mientras trabajaba para ganarme el pan de cada día". Por eso les sorprendió tanto —a todos— la llegada de ICE a la empresa. Creían que solo buscaban a personas con récord criminal, por su nombre y apellido.

Ambas buscan ahora a un abogado que las defienda y las ayude a acumular pruebas para convencer al juez de inmigración de que hay razones para no deportarlas. Aún no tienen fecha de corte, pero Marta ya siente los nervios de tener que dar la cara ante la ley después de 11 años sin papeles en Estados Unidos. Se frota sus manos, temblorosas: "Yo no he hecho más que trabajar y pagar impuestos. No quiero ni imaginar que me digan que debo irme de este país".



Un error común

"¿Alguien conoce a la peruana detenida? Parece que no han podido contactar a su familia y sigue arrestada", grita una mujer este viernes en uno de los pasillos casi vacíos de CVE Technology Group, donde mujeres liberadas recogen las cosas que dejaron botadas en sus lockers cuando ICE las marcó con un brazalete amarillo y se las llevó.

En CVE se escucha que pagaron fianzas de 2,500, 3,000, 5,000, y hasta 7,000 dólares. Las que dieron menos se sienten afortunadas. También hay quienes salieron sin poner ni un dólar, entre otras cosas, porque en los centros de detención en los que se encontraban no había camas disponibles. Sin embargo, ICE aseguró a Univision Noticias que las liberaciones se dieron exclusivamente por dos causales: por razones médicas o porque se trataba de madres solteras de menores de edad.

Casi todas las personas consultadas —una decena— coinciden en que cometieron un error: haber trabajado con números de seguro social robados e identificaciones fraudulentas. Bajo esas condiciones llevaban años contratadas por empresas temporales a las que CVE Technology Group solicitaba personal.


En todos los casos, cuentan los migrantes, estas compañías —Effex, OnTrack y Mission— no verificaron la autenticidad de los datos contenidos en esos documentos; solo los fotocopiaban, archivaban y les daban la bienvenida a las personas a su staff. Dicen que no recuerdan haber puesto huellas dactilares o haber sido sometidos a procesos de verificación de identidad adicionales.

Univision Noticias intentó entrevistar a algún directivo de estas empresas para consultarle sobre los procesos de contratación, pero no accedieron a contestar las preguntas.

Hasta este viernes, entre los indocumentados procesados y liberados por ICE no se conocen imputaciones criminales.

ICE explicó tras el operativo que habían recibido "múltiples tips de que la compañía contrataba a sabiendas a inmigrantes indocumentados, y que muchas de las personas empleadas en CVE estaban usando documentos de identificación falsos". Dijeron que fue justo en enero cuando comenzaron a auditar los formularios I-9 —donde consta la autorización de trabajo de una persona— y encontraron numerosas irregularidades en las contrataciones.

Desde entonces, una investigación criminal está en proceso y esa fue la razón por la que se llevó a cabo la megarredada.

Un operativo idéntico al del miércoles ocurrió en una fábrica de tráilers al norte de Texas hace menos de un año. Decenas de agentes de ICE y de la policía local llegaron al lugar y arrestaron a más de 150 personas. En ese momento, también había una investigación criminal en curso y dijeron que se trataba del mayor operativo de este realizado en los últimos 10 años.


Porque no hay camas (y otras razones)

Ana * no pagó fianza para ser liberada. Se considera afortunada.

Pero antes de que eso pasara, dijo que vivió horas de presión de los agentes de ICE para que firmara numerosos papeles. Le decían que si firmaba se iría más rápido y que, de lo contrario, pasaría tres meses encerrada mientras se resolvía su caso en una corte de inmigración. Ella igual se negó a firmar y a las 4:30 de la madrugada del jueves, cuando pensó que la presionarían de nuevo, el proceso cambió por completo.


"Se van, porque no tenemos suficientes camas. Vamos, que van a llamar a un familiar para que las venga a buscar ahorita", le dijeron a ella y a otras compañeras. A las 5:00am ya estaba fuera de la prisión de ICE en Alvarado, Texas. Y de las nueve compañeras que estaban con ella en la celda, solo tres se quedaron: dos mexicanas que entraron con visa de turista y trabajaban con papeles falsos, y una hondureña que tenía orden final de deportación.

La madre de otra joven salvadoreña entrevistada, que prefirió no dar su nombre, dijo que su hija tampoco pagó fianza y la soltaron el mismo miércoles casi a medianoche. Explicó que fue así porque no tiene antecedentes criminales y por razones humanitarias; lo mismo le pasó a otras 173 personas liberadas. En su caso, es madre soltera de dos menores de edad, uno de nueve años y otro de 15, y encima —y esto lo dice ella y no ICE— huyó de su país hace menos de un año porque las pandillas la amenazaron de muerte: "Y si a uno en ese país le dicen que lo van a matar es porque lo van a matar", asegura la mamá para reforzar las razones por las que su hija debe quedarse.

Marta recuerda haber visto de todo en las horas que estuvo encerrada: a la tía de una de sus amigas, una hondureña de la tercerda edad, los agentes de ICE le dijeron que optara por el asilo político y la liberaron; a una compañera nigeriana le cobraron 7,000 dólares de fianza que no podía pagar: "Me tocó ver cómo le ponían el uniforme de reclusa"; también hubo venezolanas que habían pedido asilo y las dejaban ir tras pagar 1,500 dólares.

Otra compañera hondureña supo que sería deportada y le tocaba dejar a su hijo de ocho años en custodia federal: "Fue muy triste verla. Nos vimos a través de una ventana y me saludó con la mano, como diciéndome 'suerte'", dice Marta.

Y en medio de todo ese caos, luego de tres traslados de una cárcel a otra, una compañera le dio la mejor noticia que había recibido en esas trágicas horas: "Asómate, ahí está tu hermana", le avisó. "Nos vimos de frente mientras a ella la trasladaban a la prisión y nos rodaron las lágrimas en la cara a las dos".

Y porque escuchaba y leía informaciones, Marta tuvo miedo de que el operativo del miércoles, en el que detuvieron a más de 280 inmigrantes indocumentados como ella, pudiera ser más violento.

Pero su experiencia —y en eso coinciden muchas mujeres consultadas— fue diferente. Ella sintió que el trato de los agentes de ICE fue "bueno", que algunos se esforzaron por hablar en español para hacerse entender y explicarle a los detenidos qué opciones tenían antes de la deportación voluntaria.

Otras contaron que a los enfermos cardíacos les midieron la presión con frecuencia y que estuvieron pendientes de que se alimentaran desde el mismo momento en que los subieron en el autobús. Algunos activistas creen que se trató de una redada inusualmente más humana.

Marta cree que a pesar de lo duro que vivieron, una cosa mantuvo la esperanza: "Hubo mucho compañerismo entre todas. Nos abrazábamos y nos decíamos que todo iba a estar bien, que Dios estaba con nosotros".

*Marta y Ana son pseudónimos. Los personajes de esta historia pidieron expresamente no revelar su nombre por temor.

“La mayor redada en los últimos 10 años”: imágenes del arresto de más de 280 inmigrantes en Texas

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