Inmigración

Ella vive en Texas indocumentada y tiene un hijo soldado que trabaja con la Patrulla Fronteriza

Jackeline vive en El Paso hace más de 20 años. Todos en su familia tienen papeles, menos ella. Lleva años tratando de regularizar su estatus sin lograrlo. Su única salida es volver a México o esperar la deportación.
21 Mar 2019 – 7:06 AM EDT

EL PASO, Texas.- Los vecinos se alarmaron el día que un carro de la Patrulla Fronteriza (CBP) se estacionó frente a la casa de Jackeline. “Jackie, ¿estás bien? ¿Qué está pasando?", le preguntó por teléfono, exaltada, su amiga de la casa contigua. "Es mi hijo", la tranquilizó. Dos de los cinco hijos estadounidenses de esta mexicana son guardias nacionales, y uno de ellos fue enviado a un punto de la frontera para cooperar con CBP, que vigila los límites, por órdenes del presidente Donald Trump. Por eso ese día, el veinteañero llegó a casa con esa camioneta.

"Es algo bien fuerte y duro que ellos estén en la Guardia Nacional. ¿Te imaginas que fuera yo la que estuviera pasando (desde México) y mi hijo estuviera del otro lado? Tengo sentimientos encontrados que no los podría explicar", cuenta Jackeline. Su esposo, Óscar, naturalizado estadounidense, imagina la situación en silencio y con la mirada fija en la pared. Luego, reacciona: "Se queda uno suspendido en el aire. ¿Cómo puede llegar a pasar eso, que uno quiera pasar y sea el propio hijo quien esté resguardando la frontera?".

La primera vez que Jackeline entró a Estados Unidos fue en mayo de 1993 y con una visa de turista. Estaba recién casada. Luego tomaron la decisión de quedarse y vivir justo en la misma casa en la que continúan, en un suburbio hispano muy cerca de la frontera y al suroeste de El Paso. Los hijos y esposos de sus vecinas son, en muchos casos, funcionarios de CBP o del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE). Y al principio ella sentía miedo, que estaba rodeada: "Pero ya después no. Se hace cotidiano", dice.

Años después, en uno de sus regresos a México, Jackeline decidió renovar la visa pero se la negaron. Intentó entrar con un pasaporte falso y la descubrieron. Ella pudo haberse evitado todos los malos ratos. Su padre era estadounidense, pero nunca hizo la petición ni para ella ni para sus dos hermanos.

A la distancia solo pensaron en una solución. Aprovechando la noche de Acción de Gracias del año 2000, mientras en Estados Unidos se reunían para la cena, la familia decidió que ella cruzaría el río Grande, precisamente en el mismo punto que ahora resguarda su hijo. Desde esa noche ella lleva el mote que le ha dado más angustias en la vida, el de indocumentada.

El tiempo perdido

La movilidad de Jackeline está restringida a unas millas. Su esposo le montó un estudio de Zumba en el patio trasero de la casa y allí da clases a unas 15 muchachas. Conduce tranquilamente aunque solo en ese perímetro, porque si la detiene la policía puede mostrar su licencia de Nuevo México que expirará en 2020. Pero ella ni cruza la frontera ni sale del estado, pues en las carreteras es común hallar puntos de control de la Patrulla Fronteriza y no quiere arriesgarse a quedar detenida.

Por eso no pudo ir en 2008 a enterrar a su mamá, que vivía en Ciudad Juárez. Y tampoco pudo despedirse seis años después de su papá, que también falleció en México.


Las vacaciones con sus hijos se han reducido a rentar una habitación en un mismo hotel, año tras año, porque está cerca y porque la piscina tiene toboganes de agua.

"Queremos llevar a los niños a Disney, pero como vamos sin su mamá, no quieren ir. Es difícil programar unas buenas vacaciones, porque ella no puede salir. Y que la familia vaya incompleta como que no. Por eso no hemos tenido vacaciones", dice Óscar, que asegura que el viaje al mega parque es un plan que la familia algún día cumplirá. Cuenta que cuando él iba a visitar a sus padres en Juárez se llevaba a los niños pero ella se quedaba sola en la casa.

"Cuando ellos salen de vacaciones o algo, trato de ni contestar el teléfono, me encierro si duran tres o cuatro días, no salgo ni nada, aquí me quedo. No puedo salir y no me quiero arriesgar", replica ella.

En una ocasión, Jackeline se ganó un viaje en crucero a las Bahamas en la compañía en la que trabajaba. Incluso festejó el premio con sus colegas en un restaurante: "Me llevaron a un restaurante muy bonito y todo y yo así, no podía decirles que no puedo salir de Estados Unidos". Ella soñaba con ir, pero el premio terminó disfrutándolo su esposo y su mamá.

El plan: una posible entrega

Jackeline ha vivido con miedo por todos esos años. Recuerda cómo su cuerpo se congeló una noche hace tres o cuatro años cuando un helicóptero de la policía aterrizó en el patio trasero de su casa. "Ya vienen por mí", pensó al ver a los agentes tocando la puerta. "Pero andaban buscando a alguien más", recuerda.

En los últimos años, se ha preparado emocionalmente para ese momento en el que la detenida pueda ser ella. Ha dado charlas religiosas, se hizo promotora de salud, está tomando un taller motivacional y otro para ser coach de vida, ya sea en El Paso o en Ciudad Juárez. Su cruce a México, desde donde pediría un perdón a Estados Unidos por su cruce ilegal hasta 18 años, lo ha dilatado esperando que la más pequeña de la casa, con apenas 8 años, cumpla al menos los 11 años.

Pero la familia tiene un plan preparado para poner en marcha en el caso de que Jackeline sea arrestada: rentarían un apartamento en Juárez en el que ella pueda vivir y todos la visitarían los fines de semana.


Mientras ella conversaba, llegó a casa uno de sus hijos, justo el que está desplegado en Presidio para apoyar a CBP en el resguardo de la frontera, aunque sin funciones de detención de inmigrantes. Asegura que una mitad de sí se siente estadounidense, pero que la otra es definitivamente mexicana. Cuenta de su tristeza al ver a su madre con miedo por tantos años. "Me gustaría que ella pudiera visitar su país", dice. Luego explica que el tema migratorio le genera "mucho conflicto interno en términos de dónde vengo y de lo que soy. Yo soy un producto de esa inmigración indocumentada".

Jackeline no puede contener las lágrimas al escucharlo.

Esta historia se realizó con el apoyo de la International Women's Media Foundation y su Adelante Latin American Reporting Initiative.


Mira también:

Estos son los lugares obvios (y otros no tanto) en los que te pueden pedir documentos

Loading
Cargando galería
Publicidad