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Inmigración Infantil

Bebés y niños no acompañados en la frontera, una crisis que renace al final del duro mandato de Trump

En las últimas semanas, agentes de la Patrulla Fronteriza han rescatado a infantes y niños pequeños que viajaban solos hacia Estados Unidos y cuya única protección era la información de sus familiares escrita en su ropa y en su piel. Desde 2017, más de 9,200 menores de hasta cinco años han sido colocados en albergues habilitados para niños no acompañados.
23 Nov 2020 – 10:50 AM EST
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El año pasado, el 72% de los menores no acompañados que la Patrulla Fronteriza envió a refugios que administra el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) tenían más de 14 años. Esa edad promedio se ha mantenido en las estadísticas oficiales a lo largo de la última década, incluyendo los picos migratorios más altos registrados en 2014 y 2019.

Pero en los últimos meses de la administración Trump, las autoridades federales han localizado varios bebés centroamericanos que cruzaron la frontera ilegalmente en los brazos de otros niños y de desconocidos que decidieron protegerlos del peligroso camino.

También han encontrado a niños tan pequeños que apenas caminaban. Su única protección eran los teléfonos de sus familiares que les anotaron en un papel, su ropa y hasta en la piel.


Esta semana, elementos de la Patrulla Fronteriza rescataron a una bebé de solo un año que estaba en un grupo de 18 indocumentados. Ocurrió durante la madrugada del martes en Hidalgo, Texas.

Al identificar a cada uno de los migrantes “nadie reclamó a una menor de un año”, informó la agencia.

La bebé tenía una nota escrita que decía su nombre y que era originaria de El Salvador. También escribieron la información de contacto de varios familiares.

“El forro de la sudadera de la niña tenía escrita la información de contacto de una tía, así como un número de teléfono estadounidense marcado en la parte superior del muslo izquierdo. Los agentes pudieron contactar a la tía, quien les informó que desconocía el paradero de la madre”, señala un comunicado.

Antes de que la trasladaran a una estación de la dependencia, la evaluaron médicamente.

Al día siguiente, también en la frontera entre México y Texas, agentes federales localizaron cerca de la garita de Roma a una niña de seis años que estaba a cargo de su hermano de dos. También les habían dado una hoja de papel con los datos de sus parientes en Estados Unidos. Le llamaron a un tío y este dijo desconocer dónde estaba la madre de los menores.

Fue la propia niña quien reveló a los oficiales que eran hondureños y que en ese momento no estaban bajo el cuidado de ningún adulto. Al registrar la zona se determinó que habían sido “abandonados”. Las autoridades creen que allí los dejó alguna banda de coyotes para que los niños solicitaran asilo.

“El hecho de que estos niños fueron dejados solos por traficantes de personas ejemplifica su flagrante desprecio por la seguridad de las personas que trafican”, declaró Brian S. Hastings, encargado de la Patrulla Fronteriza en el sector del Valle del Río Grande, en un comunicado.

Una dura decisión: sus padres los envían solos

A finales de 2019, Univision Noticias reportó que algunos padres centroamericanos que fueron enviados a México por las nuevas políticas de Trump estaban tomando la dura decisión de mandar a sus hijos solos por los puentes fronterizos. Así los alejaban de las peligrosas ciudades fronterizas mexicanas y procuraban que sus casos de asilo avanzaran estando ellos en territorio estadounidense.

Univision Noticias documentó los casos de una madre hondureña que lo hizo con sus hijos que entonces tenían cinco y seis años y de otra mujer del mismo país que envió solo a su hijo que 12 años. Son familias que llevaban meses esperando en Tamaulipas a que avanzaran sus procesos debido a los Protocolos de Protección de Migrantes (MPP), también conocido como el programa Remain in Mexico.


A José María García Lara, director del albergue Juventud 2000 de Tijuana, no le sorprende que padres centroamericanos estén llegando a ese extremo, sobre todo ahora que la pandemia endureció las reglas de asilo.

“Se ha escuchado en algún momento entre personas dentro de la comunidad”, dijo García Lara a Univision Noticias. “Pero cuando suceden estas situaciones no se habla abiertamente”, agregó.

En el refugio para inmigrantes Juventud 2000, ubicado en la zona norte de Tijuana, muy cerca de la valla metálica que separa a México y California, hay ahora 13 niños, la gran mayoría de entre 1 y 6 años. Sus padres llevan varias semanas allí porque sus casos avanzan a cuentagotas. Llegaron de Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala.

“A pesar de la indisponibilidad y de la pandemia ellos siguen esperando una oportunidad para entrar a Estados Unidos. Una familia me dijo que su siguiente cita en la corte es hasta el 4 de febrero, que me parece demasiado tiempo”, lamentó García Lara.

9,200 bebés y niños pequeños

Cifras de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados (ORR), que depende del Departamento de Salud, indican que entre el 1 de octubre de 2017 y el pasado 30 de septiembre, más de 9,200 bebés y niños de hasta cinco años llegaron a sus albergues bajo la categoría de menores no acompañados.

En el año fiscal 2020 recibieron a 1,470 menores de esas edades, por debajo de los 4,318 que pusieron en sus refugios infantiles en 2019, informa el organismo.

Durante esta pandemia, el migrante más pequeño que encontró la Patrulla Fronteriza tenía solo siete meses, de acuerdo con sus comunicados de prensa. Lo cargaba su hermano de 13 años en su recorrido por el Valle del Río Grande, en Texas. Su madre los había abandonado y un coyote los cruzó en balsa a finales de octubre. Eran parte de un grupo de 17 personas, casi todos menores que viajaban solos.


“Ningún padre debe poner a sus hijos a merced de los criminales”, expresó en un tuit Brian Hastings, el jefe de la Patrulla Fronteriza en el sector Río Grande.

Dos casos similares ocurrieron recientemente en Brownsville, Texas. Durante la mañana del 17 de octubre, oficiales fronterizos rescataron a cuatro niños pequeños que fueron abandonados por un coyote a la orilla del Río Grande. Los pasó en una balsa y este regresó solo al lado mexicano.

Nacieron en Honduras y El Salvador, y tenían entre cuatro y siete años. En su ropa les escribieron los nombres y teléfonos de sus familiares en Estados Unidos. Dos días antes, una niña hondureña de tres años y una mujer venezolana pasaron ilegalmente en balsa hacia Texas. Cuando las detuvieron los elementos de la Patrulla Fronteriza la mujer dijo que no tenía ninguna relación con la menor y que ni siquiera sabía su nombre.

“Ella dijo que los traficantes de personas le dieron instrucciones de llevar a la niña y viajar hacia el norte”, señala un comunicado. “La mujer agregó que la única razón por la que cumplió con las instrucciones de los traficantes fue que sintió que era lo mejor para la seguridad de la niña”, agrega.

La información de la menor y de quienes sabían sobre ella estaba escrita con plumón azul sobre su blusa, junto a la figura de Minie Mouse, el famoso personaje de Disney.

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