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Acoso Sexual

Sueños destrozados: las víctimas no encuentran alivio del abuso sexual en las Fuerzas Armadas de EEUU

El asesinato de Vanessa Guillén ha reavivado el debate sobre el sistema de justicia militar y su denunciada incapacidad para proteger a las mujeres soldado y a las víctimas de abuso sexual. Cada vez más veteranas están alzando la voz. El número de agresiones sexuales aumentó a 20,500 en 2018, según una encuesta hecha por el Pentágono. (Read in English)
27 Jul 2020 – 04:21 PM EDT
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Durante su infancia en Honduras, Marta Vázquez soñaba con convertirse en una soldado estadounidense después de ver las misiones humanitarias que realizaba el Ejército estadounidense en su propio país.

"Yo los admiraba. Yo decía, '¡Caramba! ¿Qué se siente ser parte del ejercicio más importante del mundo?'".

Pero después de unirse al Ejército en 2008, su sueño se vio truncado por lo que los militares denominan "trauma sexual militar", un término utilizado por el Departamento de Asuntos de los Veteranos de Estados Unidos para describir el daño mental y físico sufrido por las víctimas de abuso sexual en sus filas.

Dijo que durante varios períodos de servicio en Corea del Sur e Irak — donde también sufrió un daño cerebral traumático por una explosión — fue hostigada constantemente y, en una ocasión, asevera que fue drogada y violada. Cuando se quejó, sufrió represalias que la llevaron a la depresión y al borde del suicidio.

" Para mí, el Ejército es como un matrimonio mal llevado. Te enamoras y luego, cuando ya es demasiado tarde, te das cuenta de que estás casada con un monstruo", dijo.

Trágicamente, el trauma que Vázquez sufrió no es inusual en el Ejército y rara vez resulta en un castigo serio para el agresor. Una encuesta del Pentágono publicada el año pasado muestra que el número de agresiones sexuales aumentó a 20,500 en 2018.

#YoSoyVanessaGuillen

Ahora, después del estremecedor caso de Vanessa Guillén en Fort Hood, Texas, está saliendo a la luz la forma en que el Ejército estadounidense maneja los casos de conducta sexual inapropiada en sus filas. También ha generado el hashtag #IAmVanessaGuillen (#YoSoyVanessaGuillén) en las redes sociales que algunas víctimas han usado para contar sus historias.

Muchos críticos, incluidos los familiares de las víctimas, así como exoficiales de las fuerzas armadas y miembros del Congreso, ahora hacen un llamado a implementar una reforma drástica que le ponga fin a lo que consideran un problema sistémico de encubrimiento para proteger la cadena de mando militar.

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"Arrancaron un pedazo de mí. No sé en realidad cómo me la mataron": madre de Vanessa Guillén

Impunidad

"Ha sido un gran problema durante mucho tiempo que los militares se han negado a abordar", dijo el coronel retirado Don Christensen, ex fiscal general de la Fuerza Aérea. "Lo más probable es que si eres un agresor sexual en el Ejército nunca serás enjuiciado", añadió Christensen, quien ahora encabeza la organización sin fines de lucro Protect Our Defenders, cuyo objetivo es ponerle fin a la conducta sexual inapropiada en el Ejército.

Para colmo de males, cuando las víctimas se quejan, son frecuentemente objeto de represalias por parte de las cadenas de mando, lo cual las lleva a la depresión, al uso frecuente de medicamentos y al suicidio. Muchas terminan siendo expulsadas del ejército sin compensaciones ni prestaciones.

"No hay mucho que los veteranos puedan hacer para corregir una baja injusta", concluyó un informe detallado de Human Rights Watch en 2016. Esto se debe principalmente a que las leyes estadounidenses les prohíben demandar al Ejército por cualquier daño sufrido relacionado con su servicio.

Christensen compara el problema con la Iglesia Católica y los sacerdotes pedófilos. "El Ejército, como cualquier institución, es inherentemente incapaz de hacerse una autocrítica. Son muy leales a la cadena de mando y son incapaces de aceptar el hecho de que la cadena de mando es en realidad parte del problema", dijo.

"Por lo general, culpan a la víctima", dijo Ruth Moore, una exveterana de la Armada que asegura que fue violada dos veces por un superior y que por ello intentó suicidarse. "Yo tuve que luchar y obtener prestaciones por discapacidad. A mi violador se le permitió retirarse con todas las prestaciones", añadió Moore, quien ahora es terapeuta conductual en Maine y trabaja con sobrevivientes de abuso en el Ejército.

Carri Goodwin, de 20 años, murió de una sobredosis en 2009 después de denunciar haber sido violada dos veces por su reclutador y un sargento y recibió una baja por mal comportamiento del Cuerpo de Marines de Estados Unidos ese mismo año. Desde entonces, su padre, Gary Noling, un ex infante de marina, ha estado haciendo todo lo posible para que el Ejército lleva a cabo un funeral militar. Lleva colgadas las placas de identificación militares de su hija y mantiene sus cenizas en la repisa de su casa en Wisconsin.


"Ella lo escribió todo en un diario. Escribió el nombre de su violador", dijo Noling, de 54 años. "El Cuerpo de Marines dijo que no había pruebas de violación. No acusaron a nadie. Pero sí había síntomas de la violación y le dieron antidepresivos", dijo.

Ella sufrió una sobredosis cinco días después de que la enviaran a casa.

"Su muerte pasó desapercibida. No hubo vigilia. A nadie le importó. El Ejército debió haberla enterrado. Ni siquiera nos dieron una bandera", dijo.

Espera que la muerte de Vanessa Guillén cambie eso. Después de la muerte de su hija, comenzó un grupo en Facebook llamado Carri's Dad con una foto de su hija. Cuando Vanessa Guillén desapareció, sustituyó la foto de Carri con la de la soldado hispana.

"De repente Vanessa se convirtió en mi hija", dijo. "Esto ha llegado a un nuevo nivel ahora. Vanessa es la gota que colmó el vaso".

Después de la muerte de Vanessa Guillén, el secretario del Ejército Ryan McCarthy anunció que recomendaría una revisión "completa e independiente" del caso.

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Su familia ha dicho que sostendrá una reunión privada con el presidente Donald Trump el 29 de julio, seguida al día siguiente por la presentación del proyecto de ley #IAmVanessaGuillen en el Congreso.

Pero Christensen dice que no alberga muchas esperanzas.

"No tengo fe en que los militares lleven a cabo una revisión realista. Han dejado claro que no aceptarán a nadie que tenga un punto de vista diferente", dijo.

"El caso de Vanessa Guillén es importante porque, a lo largo de los años, los cambios solo se han producido gracias a farsas de la justicia. Y es entonces cuando el Congreso reúne el valor suficiente para hacer caso omiso de los generales y los almirantes", añadió.

Christensen y otros dicen que lo que se necesita es una reforma importante del sistema de justicia militar, incluyendo fiscales civiles independientes para los casos de abuso sexual.

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"Desgarrador e intolerable", la reacción de altos mandos del Ejército sobre el asesinato de Vanessa Guillén

"Espalda mojada"

Marta Vázquez tenía apenas 17 años y seis meses de embarazo de su segundo hijo, cuando partió en 1992 para reunirse con su hermana en Arizona. Después de ser detenida por ingresar ilegalmente al país, llegó a Tucson.
"Mi hermana me dijo: 'Estás loca. Nosotros no nos unimos al ejército, nosotros limpiamos casas'', señalando que necesitaría documentos migratorios legales antes de poder unirse.

Sin inmutarse, Marta Vázquez esperó 16 años hasta que finalmente obtuvo la residencia en 2008, cuando ya se había casado y había sumado un par de gemelos a su creciente familia. También tenía un buen trabajo dirigiendo su propia empresa de camiones.

Pero, un mes después de obtener su tarjeta de residencia, se alistó en el entrenamiento básico para el ejército estadounidense en Fort Leonard Wood, en Missouri.

Fue entonces que su sueño empezó a derrumbarse.

" El acoso hacia mí comenzó el día que llegué al entrenamiento básico", dijo. Comenzó cuando su sargento instructor la llamó "espalda mojada" y "oruga del desierto". A algunas mujeres soldado las obligaron a tomar fotos de otras mujeres desnudas en las duchas, que luego se compartieron entre los oficiales varones. Pero, ella lo soportó todo con la esperanza de que las cosas mejorarían. No mejoraron.

Estrés postraumático

Durante los siguientes 10 años, entre dos periodos en Corea del Sur y otro en Irak, Vázquez dice que sufrió abusos sexuales constantes, incluyendo violación, y que finalmente tuvieron que darle de baja con trastorno de estrés postraumático o TEPT. Su diagnóstico incluyó tanto una lesión cerebral de combate por una explosión en Irak, como un trauma menos conocido por los abusos que sufrió, conocido como Trauma Sexual Militar, o MST, por sus siglas en inglés.

"Es tan frecuente que tuvieron que buscarle un término", dijo.

En el proceso, Marta Vázquez aprendió algo que muchas mujeres en el Ejército han descubierto dolorosamente. "En cuanto te quejas, te ponen una diana en la espalda y todo te empieza a ir mal", dijo. " La represalia fue peor que el abuso", añadió.

El Pentágono dijo que no discute casos individuales. Pero sí reconoce que el MST es un problema. Un gran problema.

Oficialmente, el Ejército dice que tiene una política de tolerancia cero para las agresiones sexuales. De hecho, los oficiales están entrenados para ser máquinas de matar en el campo de batalla, pero caballeros lejos de éste. Ciertamente, aunque la mayoría de los soldados está a la altura de los altos estándares que se esperan de ellos, un número sorprendente de ellos no lo está.

Según ha reconocido el propio Pentágono, el número de agresiones sexuales aumentó a 20,500 en 2018. El Pentágono también informó en 2019 que se presentaron 1,021 quejas formales de acoso sexual — un aumento del 10% respecto al año anterior.

Uno de cada cuatro veteranos examinados por el sistema de salud de la Administración de Veteranos (VA, por sus siglos en inglés) informa haber experimentado MST, segun un informe oficial.

"Bienvenida al Ejército, cariño"

En el caso de Vázquez, cuando llegó a su primer destino en Corea del Sur, dice que enfrentó abusos desde el momento en que entró en los dormitorios militares. Cuando entró en su habitación, descubrió que a su compañera de cuarto la estaban violando en el baño. Cuando denunció el hecho, su oficial superior le dijo "bienvenida al Ejército, cariño".

Cuando intentó evitar el abuso por parte de oficiales en su cadena de mando, dice que comenzó a sentirse excluida. Le aconsejaron que visitara al capellán del Ejército, en lugar de presentar una queja formal.

"Me dijo: 'Así es la vida, cariño' y me dio unas palmaditas en el trasero". Asegura que el capellán, un hombre casado, se ofreció a protegerla a cambio de favores sexuales. "Sé mi reina por un año", le dijo, haciendo caso omiso de las protestas de Vázquez que también tenía un esposo y cuatro hijos en Arizona.

Después de eso, se vio obligada a realizar tareas adicionales cuando se corrió la voz entre los oficiales de que podía ser problemática. "Intentan obligarte a renunciar. Lo llaman 'incapacidad para adaptarse'. Así es como lidian con el problema. Se deshacen de quienes no obedecen", dijo.

Cuando se mantuvo firme, la enviaron a una evaluación psicológica y luego la trasladaron a otra base en Corea del Sur.

Pero Marta Vázquez dijo que su historial de defenderse la precedía, en informes confidenciales enviados por la cadena de mando. "Se corre la voz rápidamente; ella es problemática, ten cuidado con esa chica", dijo.

Una noche de octubre de 2012, le ordenaron jugar 'Beer pong' (un juego de beber) con otros oficiales que estaban borrachos. Ella se negó y dice que la drogaron con un refresco y se despertó inconsciente en una habitación. "Podía escuchar voces y risas, pero no podía mover mi cuerpo en lo absoluto", dijo.

"Me miraban como la chivata"

Aunque no lo denunció, sus castigos aumentaron después de ese incidente. La mandaron a hacer tareas adicionales, como cortar el césped todo el día. "Me miraban como la chivata, la que derrumbó todo ... la que fregó (arruinó) todo el sistema de hermandad que tenían".

"Me decían, 'ahí está esa perra, chivata. ¿Por qué dejan que los malditos mexicanos se unan al Ejército?'"

Marta Vázquez dice que estaba en shock y tenía miedo de que la mataran. Aunque no dijo nada, se esparcieron los rumores y el ejército comenzó a investigar lo que había sucedido.

Un mes después, se realizó una audiencia, a la que el comandante de su unidad se unió por videoconferencia mientras estaba en Afganistán. La soldado estaba sentada sola, frente al oficial acusado, un sargento hispano que estaba rodeado de otros soldados del batallón como una muestra de apoyo.

El comandante le dijo que era lamentable lo que había sucedido y que lo mejor para ella y su salud mental era enviarla de regreso a Corea del Sur. Le dieron diez días para hacer las maletas.

El sargento recibió la orden de permanecer con su unidad en Irak, porque "lo necesitamos", recuerda que dijo su comandante. "Lo elogiaron a él", exclamó.

"El problema fue que yo nunca me integré a ese clan de perversidad, de delincuencia, de quebrar todas las reglas que te pone el mismo Ejército", dijo.

Represalias

Según el informe de 113 páginas de Human Rights Watch en 2015, el personal militar masculino y femenino que denuncia el abuso sexual tiene 12 veces más posibilidades de sufrir alguna forma de represalia que sus agresores de rendir cuentas.

Las encuestas militares indican que la mayoría de los encuestados — el 62% — que sufrieron contacto sexual no deseado y lo denunciaron a una autoridad militar enfrentaron represalias como resultado de las denuncias .

"Muchos sobrevivientes le dijeron a Human Rights Watch que consideraban las repercusiones de la agresión sexual — intimidación y aislamiento por parte de sus compañeros o el daño provocado a sus carreras como resultado de las denuncias — peor que la agresión en sí".

Las represalias contra los sobrevivientes van desde amenazas, vandalismo y acoso hasta asignaciones a trabajos difíciles, pérdida de oportunidades de ascenso, medidas disciplinarias que incluyen la baja e incluso cargos penales.

Sus comandantes los pueden castigar por faltas menores de conducta después de la denuncia. La represalia puede venir de sus compañeros, quienes ya no socializarán con ellos. "Puede ser muy devastador para un sobreviviente. Se sienten enfermos, a menudo solos. A menudo recurren a automedicarse mediante el abuso de alcohol o drogas", reveló HRW.

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Se estima que apenas una de cada cuatro víctimas denuncia las agresiones sexuales a las autoridades militares.

"Una de cada tres mujeres que denuncian una agresión sexual son expulsadas del ejército en un año", dice Don Christensen. "Cuando yo estaba (en el Ejército), vi cómo trataban a las víctimas. Me rechazaron por mencionar estos problemas", dijo.

Christensen recordó un incidente cuando era el fiscal general de la Fuerza Aérea y condenó a un piloto de alto rango de aviones F-16 por agredir sexualmente a un civil. "Cuatro meses después, el comandante de la unidad rechazó la condena porque dijo que era, y cito, 'un buen hombre de familia'", dijo Christensen.

Ese incidente lo llevó a retirarse y convertirse en un defensor de las víctimas de abuso.

Derechos de discapacidad

Ruth Moore, ya con 51 años, tuvo que batallar 27 años por sus derechos de pago por discapacidad, y dice que la bloquearon a cada paso antes de finalmente obtener una victoria. Concluyó que los militares les daban una mayor prioridad a la moral de la unidad y al respeto por la cadena de mando que a los derechos de las víctimas.

"No quieren hacer nada que perturbe la preparación operacional. Así de simple. Quieren que la unidad luzca bien, de lo contrario, deshonra a la cadena de mando", dijo.

Después de que la violaron, la propia Moore intentó suicidarse con una sobredosis de sus medicamentos mientras estaba en el Ejército y la encarcelaron por destruir bienes del gobierno. "Cuando me quejé, me violaron de nuevo", dijo.

En 2014, Marta Vázquez fue trasladada de nuevo a Fort Bliss, Texas, en una 'Unidad de transición de guerreros', antes de que le dieran de baja en abril de 2015 con "discapacidad permanente y total" debido a su TEPT.

Como no trabajó la cantidad de años suficientes para jubilarse, se le otorgó una prestación por discapacidad después de que un examen del Departamento de Asuntos de los Veteranos concluyó que "la gravedad de su TEPT relacionado con el servicio imposibilita el empleo".

"Trastorno depresivo mayor"

Su diagnóstico incluyó un "trastorno depresivo mayor", trastorno de ansiedad, pérdida de memoria e insomnio. También sufre de problemas de control de la ira y dificultad para manejar las interacciones sociales.

"Es una lesión neuronal que afecta el cerebro", dijo Moore, la terapeuta conductual. " Crea sentimientos de ira y baja autoestima, y afecta las habilidades sociales y la comunicación, similar al síndrome de Asperger. Suelen ver las cosas en blanco y negro muy literalmente. Malinterpretan muchas cosas", añadió.

Confinada a su casa, Marta Vázquez tuvo que tomar 11 medicamentos por un tiempo, antes de dejar de tomarlos. "Era un zombi. Así es como el ejército quiere que te sientas", dijo.

Ahora ya con 45 años, sólo toma tres medicamentos y ha recuperado el control de su vida.

Intenta salir lo menos posible, a excepción de los viajes al hospital de veteranos donde su hermana mayor trabaja como enfermera. "Qué irónico es eso", señala, recordando que han pasado 28 años desde que se embarcó en su afán de unirse al ejército, con la ayuda de sus hermanas.

En estos días prefiere quedarse en casa y alimentar a las gallinas, pavos y las cabras que tiene en el patio trasero de su casa en Phoenix, donde vive con sus gemelos de 19 años, su padre de 95 años y su segundo esposo.

"Realmente no tengo ningún problema con la cuarentena del coronavirus. Es mejor que me quede en casa", dijo. Sin embargo, está activa en su comunidad en una red de voluntarios que ayudan a los solicitantes de asilo recién llegados con niños.

Dice que nunca les recomendaría que sigan su ejemplo de convertirse en soldado. "Entran [siendo] niños y salen sin alma, sin emociones, con adicciones", dijo.

Viejos demonios

Compara su enfermedad con las alergias que van y vienen, y pueden desencadenarse por eventos. El asesinato de Vanessa Guillén ha reactivado algunos de sus viejos demonios. "Sigo pagando las consecuencias, las secuelas".

Como muchos, espera que el caso de Guillén dé pie a reformas, pero alberga muchas esperanzas. "Todos saben lo que pasó, y nadie va a decir nada, es un encubrimiento bárbaro".

Y, tiene un mensaje para los agresores sexuales en el Ejército: "Prepárense, no tenemos miedo, estamos alzando la voz, vamos por ustedes. Si todavía lo están haciendo, deténganse. Vanessa Guillén es el comienzo del fin de su época".

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