Quién es Huma Abedin y por qué su divorcio afecta la campaña de Clinton

La vicepresidenta de la campaña de Hillary Clinton lleva dos décadas con ella y ha sido a menudo el foco de atención. Es una de las fuerzas detrás de la candidata, pero ahora puede ser una distracción.
30 Ago 2016 – 9:45 AM EDT

El día de las primarias demócratas a la Alcaldía de Nueva York, en 2013, Huma Abedin no acompañó a su marido a votar. Anthony Weiner se presentaba, pero ya estaba claro que iba a quedar en uno de los últimos puestos después de su segundo escándalo de envío de fotos de sus genitales a mujeres desconocidas a través de redes sociales.

Abedin había apoyado públicamente a Weiner una vez más, pero esos días recibía consejos de Philippe Reines, el portavoz de Hillary Clinton. La idea de no acompañar a su marido fue de Reines. Weiner se quejaba de “Philippe”, como se muestra en el documental Weiner, estrenado en mayo de este año. Aquella mañana el derrotado candidato se fue a votar con su hijo en el carrito.

En 2013, Clinton era una ciudadana sin cargo público. Había abandonado el Departamento de Estado unos meses antes y Abedin la ayudaba a montar su despacho privado en Washington. La ex secretaria de Estado no tenía ningún plan oficial de presentarse a la Casa Blanca, pero Reines ya estaba preocupado por cómo pudiera afectar a su imagen y su futuro la crisis matrimonial de Weiner y Abedin.

Una asesora especial

Es una rareza incluso en Washington que una asesora de un político tenga tanta relevancia. Que los congresistas del partido opuesto la investiguen, que aparezca en Vogue o que sea protagonista de un documental.

Pese a su desconfianza de la prensa y su apariencia discreta, Abedin siempre ha estado en el foco de atención. Ha sido así por su biografía, su larga carrera con Clinton, su atractivo físico y su matrimonio con un congresista que pasó de estrella de los demócratas a sueño de tabloides por su autodestructiva diversión sexual.

Abedin es hija de dos profesores, Syed Zainul Abedin, nacido en India y fundador de un instituto de estudios musulmanes, y Saleha Mahmood Abedin, pakistaní y responsable de una universidad en Arabia Saudita. Nació en Michigan, pero con sólo dos años sus padres se mudaron a la ciudad saudita de Yeda, donde ella y su hermana estudiaron en colegios británicos.

Aunque su madre, acostumbrada a dar discursos sobre el poder de las mujeres, sufría en Arabia Saudita la discriminación, la familia acabó adaptándose al lugar y se quedó allí tras la muerte de su padre.

Abedin estaba acostumbrada a viajar y tenía muchos parientes en Estados Unidos. Pero pensaba en volver a Arabia Saudí después de estudiar Periodismo y Políticas en la Universidad de Georgetown.

En 1996, cuando no había cumplido ni 20 años, le surgió la oportunidad que le cambió la vida: unas prácticas en la Casa Blanca. Como había estudiado Periodismo, ella se veía más en la oficina del portavoz de Bill Clinton, pero le tocó trabajar con la entonces primera dama. Eran tiempos turbulentos, tras el escándalo sexual del presidente, pero Abedin dice que se enteraba de lo que pasaba por la CNN. Su trabajo estaba lejos de aquella crisis y se dedicaba a cuadrar la agenda de la primera dama en un mundo donde en apariencia todo seguía con normalidad.

Pero ya entonces Abedin destacó en el puesto. Clinton se la llevó a su primera carrera política, por el Senado de Nueva York. Y desde entonces siempre ha tenido a Abedin cerca. En el Departamento de Estado fue la jefa adjunta de gabinete de Clinton y ahora es la vicepresidenta de su campaña.

En el documental sobre Weiner queda claro que algunos de los que se acercaban a trabajar con el excongresista que se quería presentar a alcalde lo hacían por la proximidad con Abedin y la esperanza de que un día fuera poderosa en la Administración de Hillary Clinton, que entonces todavía no había anunciado que se presentaría a la Casa Blanca.

La boda del Gran Gatsby

El matrimonio con Weiner parecía en 2010 parte del retrato perfecto de Abedin.

Los casó Bill Clinton, Oscar de la Renta hizo un vestido único para la novia y la fiesta se celebró en un hotel centenario de Long Island no muy lejos del lugar que inspiró el Gran Gatsy.

Abedin es musulmana practicante; Weiner es judío. La ceremonia fue civil. El expresidente bromeó con que "es fácil desconfiar de los políticos, cualquiera que sea su religión", según el Daily News.

La pareja era el compendio de la atracción, el poder y la promesa del partido demócrata. Su historia se ha desarrollado en paralelo a la del partido. Se conocieron cuando Clinton acababa de ser elegida como senadora y se enamoraron en las primarias de Iowa, cuando Clinton se presentó contra Barack Obama en 2008.

Abedin aguantó el primer escándalo en 2011 que obligó a Weiner a dimitir y el segundo, en 2013, durante su intento fallido de ser alcalde. Aunque no le gusta hablar con la prensa y prefiere estar detrás de los escenarios, salió públicamente a defenderle hace tres años. En el número recién publicado de la revista Vogue, antes de conocer los últimos episodios, todavía lo retrata como un padre modelo que la ayudaba a seguir tranquila con su carrera profesional mientras cuidaba de su hijo.

Blanco de ataques

Para la campaña de Clinton, Abedin es un punto vulnerable a los ataques.

Donald Trump donó a la campaña de Weiner y ahora lo ha llamado “depravado” varias veces pese a estar él mismo casado por tercera veces después de relaciones adulteras reconocidas. Trump también aprovechó el anuncio del divorcio y el último escándalo del excongresista para sugerir que Clinton había puesto en peligro la seguridad nacional por la cercanía de Weiner a su campaña.

La campaña de Trump ya tiene enfilada desde hace tiempo a Abedin. Ella era a menudo la intermediaria entre los que querían algo de la secretaria de Estado y eran donantes de la Fundación Clinton, de la que ella misma había cobrado.

En 2015, la comisión de asuntos judiciales en el Senado cuestionó los pagos a Abedin durante su baja de maternidad, durante la cual, según su abogado, ella siguió trabajando. Abedin también ejerció de consultora durante su último año en el Departamento de Estado, una duplicidad que también ha sido investigada. Clinton le dio el permiso para hacerlo. El presidente de la comisión, el senador Chuck Grassley, de Iowa, nunca ha abandonado el tema.

En 2012, la candidata presidencial Michele Bachmann acusó a Abedin de tener relación con extremistas islámicos por sus colaboraciones con una publicación árabe ligada al instituto que fundó su padre. Las acusaciones nunca se han materializado en conexiones probadas, pero la prensa israelí lleva años criticando a Abedin y publicando rumores sobre ella.

Una distracción

Para la campaña de Clinton, el último episodio de las fantasías sexuales de Weiner y el divorcio es, como poco, una distracción. Trump ha dominado las noticias las últimas semanas con sus giros sobre política de inmigración y la supuesta moderación de su mensaje público por los cambios en la campaña. Ésta no es la atención que estaba esperando ahora la campaña demócrata.

Abedin lleva dos décadas con Clinton y es la persona que la candidata ha denominado como una “segunda hija”.

En la correspondencia del Departamento de Estado, queda claro como Abedin resolvía problemas, organizaba las reuniones y asesoraba a Clinton sobre cada detalle, incluido qué traje se debía poner. “Viste algo oscuro hoy”, decía en un mensaje en agosto de 2009 unas horas antes de una rueda de prensa.

Abedin cumplió 40 años el 28 de julio, el día en que Hillary Clinton dio su discurso de aceptación de la candidatura demócrata en la convención de Filadelfia.

Clinton está dedicada estos días a comidas, fiestas y sesiones de fotos de recaudación en los Hampton, en Long Island, mientras se prepara para el primer debate presidencial. El ambiente tranquilo que esperaba para estos días se ha disuelto con las últimas fotos de Weiner y el anuncio del divorcio. La campaña confía en que una vez más la fiel asesora sepa superar la crisis.

Abedin desconfía de las cámaras, pero las conoce bien.

Uno de los momentos más crudos del documental es una escena que muestra una reunión en la casa de Weiner justo después del segundo escándalo y durante la campaña para la Alcaldía. La jefa de prensa está con cara triste y cansada mientras escucha al candidato.

De pronto, Abedin se dirige a ella con frialdad y le pide que se recomponga para que ningún periodista la vea con mala cara. “Una cosa rápida de óptica. No pareces contenta. Supongo que esos fotógrafos todavía están fuera. Así que, ¿va a parecer que estás contenta?”

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