Elecciones 2016

¿Qué va a hacer Donald Trump a México en medio de la campaña si los mexicanos no votan?

La sorpresiva reunión con el presidente Enrique Peña Nieto es parte de los cambios retóricos que experimenta el magnate republicano.
31 Ago 2016 – 2:03 AM EDT

Donald Trump viaja a México el miércoles. La noticia que primero presentó el diario The Washington Post la noche del martes tomó a todos por sorpresa, hasta a los asesores hispanos que trabajan con el candidato republicano en su plan de reforma migratoria y en cómo mejorar su imagen entre la comunidad.

Tras un par de horas sin verificación ni de la campaña ni de la presidencia mexicana (que de hecho al principio negó a Univision Noticias que estuviera planteada la posibilidad) ambos lo confirmaron vía Twitter.

Una visita a México tiene gran significado para cualquier aspirante a la presidencia de EEUU, pero Trump no viaja al sur de la frontera por la importancia del segundo socio comercial de EEUU.


El que el magnate vaya al país y la sociedad que convirtió en el centro de todas sus críticas e insultos por su papel en el problema de la migración ilegal es un asunto de estrategia electoral, cuya lógica no es clara aún
a pocas horas del encuentro.

A setenta días para las elecciones presidenciales de noviembre el republicano busca dar un golpe de efecto para reencauzar su candidatura, posiblemente tratar de reparar el daño que él mismo creó con la comunidad hispana desde el arranque de su campaña y presentarse ante el resto del electorado como un líder razonable.

Visto lo definida que luce la población hispana en su intención de voto (la proporción es casi 70 a 30 a favor de Hillary Clinton) no parece que el viaje busque congraciarse tanto con los hispanos como lucir "presidenciable" con otros, una labor en la que una salida al exterior ayuda mucho.

¿Viaje de penitencia?

Pero desde la acusación de "violadores" y "criminales" que hizo Trump al anunciar la construcción del muro fronterizo, su propuesta más popular, hasta el esperpento culinario del taco bowl, el republicano tiene mucho por los que disculparse al sur de la frontera.

Es muy improbable que el candidato viaje en ánimo de penitente. Al final del encuentro privado, sin acceso a lo medios, no está prevista una rueda de prensa conjunta con el presidente Enrique Peña Nieto en la que el neoyorquino se disculpe por sus exabruptos.

Todo lo que sabremos será por las versiones de los paricipantes, con los giros que quieran darle para beneficiar la posición de cada uno.


Ya vimos en la reacción de la comentarista conservadora Ann Coulter o la exgobernadora de Alaska Sarah Palin expresando su desagrado con la "suavización" del discurso de Trump que algunos percibieron la semana pasada. Para Trump, siempre es un peligro desentenderse mucho de la base originaria.

Una reunión con el presidente mexicano que suene a claudicación frente al país generador de tantos males para la sociedad estadounidense, de acuerdo con la prédica del republicano, no debe estar en los planes de los estrategas de la campaña.

Ahora bien ¿ cómo va a hacer el empresario-candidato para salir del encuentro con esas credenciales de “buen negociador” de las que tanto habla intactas?.

La única manera sería que mostrara el cheque del primer giro mexicano del pago del prometido muro, algo que se puede descartar de entrada.

El juego de Peña Nieto

Lo mismo puede decirse de Peña Nieto, quien ha sido muy criticado en su país por lo que algunos han percibido como falta de contundencia a la hora de responder a los ataques de Trump.

Bien es cierto que meses atrás comparó la retórica del republicano con Hitler y Mussolini, pero luego ha ido desmontando el discurso y ahora dice estar dispuesto a trabajar con quien resulte elegido presidente.

Al mexicano, con sus bajos niveles de popularidad, presionado por varios escándalos, no le conviene lucir como el hombre que se inclinó ante el magnate republicano.

Ya Peá Nieto está sintiendo algo de eso, por haber dado ese primer paso dado por su oficina al mandar cartas de invitación a ambos candidatos estadounidenses, un gesto incomprensible para esa mayoría de mexicanos que detesta a Trump.


Sin embargo, el republicano es el invitado de la Presidencia, y esos protocolos tienen gran importancia en diplomacia, sobre todo cuando se trata del potencial mandatario del país vecino, que de paso es el poder hegemónico en el continente.

La buena recepción en Los Pinos está garantizada, no así en las calles del Distrito Federal, donde se convocaron inmediatamente manifestaciones de rechazo a la presencia del incómodo invitado.

Queda por ver cómo hará el candidato republicano para regresar a EEUU con un mensaje ganador que no ofenda al vecino en su casa, guste a los moderados que no ven en Trump un candidato "serio" y mantenga la furia de los radicales que le acompañan precisamente por su discurso políticamente incorrecto dirigido preferentemente contra México y los mexicanos.

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