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Estudiantes de la Universidad de Hofstra en un foro antes del debate presidencial.

Qué hace falta para ser sede del debate presidencial: para empezar, cinco millones de dólares

Qué hace falta para ser sede del debate presidencial: para empezar, cinco millones de dólares

Las comisión de los debates escoge las sedes entre las aspirantes. Las universidades tienen que sufragar todos los gastos y pagar un extra a la comisión, pero los centros aseguran que merece la pena por la visibilidad y la experiencia única para sus estudiantes.

Estudiantes de la Universidad de Hofstra en un foro antes del debate pre...
Estudiantes de la Universidad de Hofstra en un foro antes del debate presidencial.

Este lunes el primer debate presidencial, posiblemente el más visto de toda la historia, se celebrará en la Universidad de Hofstra, en Long Island. Es la tercera vez consecutiva que este centro es elegido como sede del foro televisivo que enfrenta a dos candidatos a la Casa Blanca. Se trata de una forma de exposición única, pero también de un gasto de millones de dólares.

Este año, la Universidad calcula que se gastará unos cinco millones de dólares en la organización del debate, según me explica su portavoz, Melissa Connolly. Medio millón más que hace cuatro años.

Las otras dos universidades, la Washington de St. Louis, en Missouri, sede del segundo debate, y la de Nevada en Las Vegas, sede del tercero, estiman que gastarán unos cuatro millones.

La mayor parte de ese dinero va a telecomunicaciones y seguridad, pero cualquier otro gasto también corre de su cuenta, desde los podios donde hablan los candidatos hasta las sillas para los reporteros.

Así lo establece la comisión de debates presidenciales (CPD, en sus siglas en inglés), una organización independiente que selecciona los sitios y establece las reglas desde 1987. Cada universidad paga una compensación de 1,95 millones a esta comisión. El resto del presupuesto sufraga “gastos de programación”, como los andamios para que se coloquen las cámaras de televisión, las pancartas de publicidad o la seguridad para los estudiantes. Parte de ese dinero se recupera gracias a lo que pagan a los medios por sus posiciones en el debate.

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El presupuesto de este año de Hofstra ha sido pagado en parte por donantes, la mayoría por dos habituales de la Universidad. Los principales son el promotor inmobiliario David S. Mack y Lawrence Herbert, ex consejero delegado de Pantone. Mack y Herbert han donado a candidatos de ambos partidos, según los datos de la comisión electoral recogidos por el Center for Responsive Politics.

Por qué merece la pena

Las universidades creen que, con o sin donantes, es una inversión que compensa.

“Merece mucho la pena porque es una experiencia transformadora para los estudiantes. Aprenden lo que es la democracia. Cientos están en el debate. Miles participan en foros y están en contacto con los medios”, me explica Connolly, que ha participado en la organización de los tres debates celebrados en Hofstra.

La Universidad Washington de St. Louis, un centro privado mediano de investigación en Missouri, también tiene experiencia en el proceso y destaca lo que supone para los estudiantes. El 9 de octubre celebra su quinto debate (cuatro presidenciales y uno vicepresidencial) desde 1992, cuando la comisión le pidió como favor de emergencia que organizara un debate con una semana de antelación.

Así la Universidad descubrió el proceso y desde entonces ha estado involucrada en todas las elecciones presidenciales, aunque fuera en una ocasión como sede suplente y en otra se suspendiera el debate a petición de un candidato.

“Hay visibilidad para la Universidad. La noche del debate se habla de ella en todo el país y en todo el mundo. Pero si lo hiciéramos sólo por eso acabaríamos decepcionados”, me cuenta Steve Givens, vicepresidente de la Universidad en St. Louis y líder de la organización del debate.

“Lo hacemos por la experiencia que les da a nuestros estudiantes estar en medio de algo muy importante. Ven la democracia en acción. Ven a los medios trabajando”. Givens cuenta que se nota el impacto. Este año la Universidad ha ayudado a registrar a 2.000 estudiantes para que voten. “El hecho de que el debate sea aquí hace que los estudiantes se sientan más cerca del proceso”.

La que se retiró

La comisión de los debates recibe las solicitudes de los aspirantes, la mayoría universidades, y examina los lugares y sus condiciones de seguridad con dos años de antelación.

Para este ciclo electoral, Hofstra había sido seleccionada sólo como sede suplente, pero en julio la Wright State University (WSU) de Dayton, elegida para el primer debate, anunció que se retiraba por problemas de dinero.

La Universidad de Ohio, que es pública, había llegado a la conclusión de que los costes de seguridad se iban a disparar y que organizar el debate le supondría al menos ocho millones de dólares. La explicación que dio en julio para el sobrecoste fue que es más difícil limitar el acceso a una Universidad pública. El centro también está sufriendo recortes por un agujero presupuestario este año, con un déficit de más de 27 millones.

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Hofstra ha dejado 15 sitios en el hall del debate para estudiantes de la Universidad de Dayton. Tiene unos 300 tickets para distribuir.

Con la imprevista misión de celebrar también este año un debate, Hofstra tuvo que ponerse a recaudar dinero y a organizar el evento con menos tiempo que nunca. En 2008 y 2012, como es habitual, la Universidad lo supo más de un año antes. Además, los requisitos de seguridad y las peticiones de medios han aumentado.

“Este año ha sido más intenso. Hay más medios, más interés. No habíamos visto nada así”, me dice Melissa Connolly, la portavoz de Hofstra.

Coppola y Madoff

Hofstra es una universidad privada fundada en 1935 como extensión de la Universidad de Nueva York. Entre sus exalumnos famosos están el director de cine Francis Ford Coppola y el exfinanciero encarcelado Bernie Madoff. Tiene un centro de estudios presidenciales y ha contratado a políticos como Howard Dean.

Connolly explica que su presidente, Stuart Rabinowitz, fue el que empujó desde 2008 para que Hofstra se presentara. “Adora la política. Quería que se reconociera a la Universidad. Mucha gente creía que no lo conseguiría”.

Rabinowitz es republicano, pero antes de ser presidente de Hofstra sirvió en cargos públicos locales elegido por ambos partidos.

Cuando Hofstra celebró el debate en 2008, era la primera vez que el estado de Nueva York era escogido como sede desde uno de los enfrentamientos Nixon-Kennedy de 1960.

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Nueva York no es un estado disputado en las presidenciales, pero justamente en Long Island está uno de los distritos del Congreso más competitivos. El 8 de noviembre un escaño de la Cámara de Representantes puede pasar aquí de republicano a demócrata.

48 dólares para Trump

En 2016, entre las personas que se identifican como empleadas de Hofstra, la mayoría de las donaciones han ido a candidatos demócratas. Hillary Clinton es la que más ha recibido: 9.024 dólares, según los últimos datos disponibles. Donald Trump, 48.

Clinton publicó hace unos días un artículo en el periódico de la Universidad, el Hofstra Chronicle.

La pieza tiene un toque desenfadado con un guiño a los titulares pegadizos de publicaciones dedicadas a jóvenes. Se titula Cinco cosas que puedes hacer durante el debate (además de gritar a tu televisor). Al menos si se acepta que los jóvenes van a ver la televisión.

Un cartel de publicidad del debate presidencial en la Universidad de Hof...
Un cartel de publicidad del debate presidencial en la Universidad de Hofstra, en Long Island.

El sitio donde quiero estar

Los estudiantes llevan semanas participando en foros de debate y este lunes hay una pequeña feria de los clubes del centro universitario, que tiene unas 200 asociaciones. Entre ellas, un club demócrata, otro republicano y otro libertario.

“Es una gran experiencia. Más que los candidatos, lo que me interesa es ver todo el proceso”, me dice Whitney Shepherd, vicepresidenta del consejo de estudiantes.

Shepard tiene 21 años y va a votar por primera vez en unas elecciones. Lo hará por correo porque su residencia sigue en Atlanta, Georgia.

Está estudiando Relaciones Públicas y se ha ofrecido como voluntaria para trabajar con los medios.

Antes de estudiar aquí, cuando hizo el tour de Hofstra, en 2012, la joven vio carteles del anterior debate presidencial. “Me llamó la atención. Pensé ‘éste es un sitio donde quiero estar’… La gente que estuvo en el último debate hablaba de esa experiencia. Siempre pensé cómo sería ser parte de ella”.

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