Elecciones 2016

¿Qué es de la vida de Hillary Clinton?

La estrategia demócrata de dejar el foro para que Donald Trump siga desbaratando su opción presidencial con sus frecuentes exabruptos parece no estar funcionando, en buena parte porque el republicano ha entrado en el redil.
4 Sep 2016 – 1:23 PM EDT

Unas semana atrás, el estratega político David Axelrod sugirió que, vista la dinámica autodestructiva con la que Donald Trump salió de la Convención Republicana en la que fue oficialmente nominado, lo mejor que podía hacer Hillary Clinton era retirarse a disfrutar de algún parque nacional para luego volver, ganar la elección de noviembre e instalarse en enero en la Casa Blanca.

Aunque Axelrod no tiene una función oficial en la campaña, da la impresión de que la demócrata tomó por bueno el consejo. Durante agosto sus presentaciones en público se han reducido a un mínimo y sus encuentros con la prensa siguen siendo escasos y espaciados.

Por ejemplo, tiene más de 270 días sin ofrecer una rueda de prensa, aunque sus asesores explican que ha tenido más de 300 entrevistas con medios locales, el foco de su estrategia de comunicación, según comentan.

Mientras tanto Donald Trump ha seguido acaparando titulares y tras unas semanas algo díscolas, parece haber entrado finalmente en un redil más manejable para los nuevos responsables de su campaña.


La batalla electoral
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Tendencia de voto calculada por HuffPost Pollster y que tiene en cuenta los resultados de las últimas encuestas nacionales de opinión.

Escándalos propios y ajenos

Clinton también ha estado en la mirada pública, aunque por razones para nada halagadoras: por un lado la saga interminable de sus email de tiempos del Departamento de Estado y las revelaciones sobre vínculos potencialmente indebidos entre la fundación de su esposo y su cargo como jefa de la diplomacia estadounidense.

Incluso, el escabroso caso del excongresista Anthony Weiner, el ahora separado esposo de su mano derecha Huma Abedin, tuvo el potencial de convertirse en un problema de imagen para ella.

En cualquier caso, la estrategia de dejar que Trump se ahorcara solo con sus exabruptos no parece que esté dando todo el resultado que muchos pronosticaban.

Es cierto que Clinton sigue arriba en las encuestas nacionales y que se mantiene con importantes ventajas en algunos estados clave, pero su popularidad ha empezado a acercarse a los niveles negativos de Trump, ratificándolos como los dos candidatos menos apreciados de la historia reciente.

El promedio que lleva el sitio Real Clear Politics indica que la impopularidad de Clinton subió casi al 55%, un salto de casi 3 puntos en la última semana de agosto. El único consuelo para ella es que Trump tiene 59% de rechazo.

Con miras en el debate

Todos los esfuerzos de la campaña demócrata parecen estar centrados ahora en la recaudación de fondos y en los preparativos para los debates presidenciales, el primero de los cuales será el 26 de septiembre en Nueva York.

En el paréntesis Trump ha profundizado su dominio de los medios con varios golpes de efecto, el mayor de ellos, la visita sorpresiva que hizo a México para hablar con el presidente Enrique Peña Nieto antes de ofrecer el mismo día su plan de 10 puntos para el manejo de la inmigración ilegal.

El fin de semana el republicano fue a Detroit a hablar por primera vez con una comunidad afroestadounidenses, tras semanas pidiendo el voto negro frente a concurrencias casi totalmente blancas.

Los días previos pareció coquetear con cambios en su propuesta migratoria, para finalmente reforzar el mensaje vinculando criminalidad con la presencia de indocumentados.


Y aunque algunos puedan decir que se trata de claras maniobras del magnate por parecer menos radical y que no busca ganar prebendas ni con negros ni con hispanos, sino con blancos que desconfían de su discurso tanto como desconfían de una Clinton presidenta, lo cierto es que Trump ha logrado marcar la pauta de la conversación en los últimos días. Bueno, nada que no haya estado haciendo desde que se lanzó al ruedo en junio de 2015.

Los demócratas confían en que los pésimos números que tiene Trump entre las minorías no cambiarán con nada que haga en los poco más de dos meses que quedan de campaña, sin embargo deben estar atentos a cambios, por marginales que sean, en un estado clave como Florida.

La sensación que puede quedar en algunos es que Clinton se esconde, porque no quiere responder las muchas dudas que surgen del caso de los mails o de la Fundación. O que simplemente carece de la energía para mantener el esfuerzo de la campaña.

Esto último no es algo que hayan dicho expresamente desde el lado republicano, pero si se vincula con los rumores que se han esparcido sobre sus supuesta mala condición de salud, habrá quien vincule lo uno con lo otro.

Ahora que con el Labor Day termina oficialmente el período vacacional veraniego y arranca en forma la campaña, Clinton deberá retomar la iniciativa y no simplemente confiar en las estadísticas, o en las equivocaciones del rival, si quiere asegurar la Casa Blanca.


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