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Elecciones 2016

Por qué Trump perdió el tercer debate al negarse a decir si aceptará la derrota

El candidato se negó a decir si reconocerá el resultado de las elecciones. Su actitud puede ser un problema para la campaña y para el futuro del país.
19 Oct 2016 – 10:54 PM EDT
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A Donald Trump no le bastaba un triunfo por la mínima en el tercer debate. Debía arrollar a Hillary Clinton para intentar una remontada que hasta ahora nunca ha logrado ningún candidato presidencial. Trump mostró más disciplina que en los otros dos debates y lanzó algunos golpes certeros a su adversaria. Pero en ningún momento pareció preparado para las responsabilidades que requiere el cargo al que aspira y perdió el debate al negarse a decir si aceptará el resultado electoral.

“Lo miraré cuando llegue el momento”, dijo el candidato cuando el moderador Chris Wallace le preguntó por los eventos en los que ha dicho que las elecciones están amañadas. “Los medios deshonestos envenenan las mentes de los votantes, pero yo creo que los votantes ven más allá. Veremos qué ocurre. Lo dejo en suspenso”.

Fue uno de esos momentos solemnes cuyo eco excede los límites de la sala donde sucedió. Su onda expansiva se dejará sentir en los 19 días que quedan de esta campaña, la más mezquina de la historia de la carrera presidencial.

Conceder la derrota no es un detalle menor. Es una ceremonia importante en cualquier democracia occidental. El perdedor felicita al ganador y al hacerlo lanza un mensaje necesario a sus votantes: que su adversario es el líder de quienes le votaron pero también de quienes no lo votaron. Que es el líder de todo el país.

La negativa de Trump a reconocer el resultado puede crear un problema de orden público con sus seguidores más airados, a quienes su campaña está reclutando como 'observadores electorales' en lo que muchos perciben como una maniobra de intimidación. También puede potenciar la frustración de personas sin estudios en comunidades sin oportunidades económicas, donde alguno de los incondicionales del candidato ya ha prometido tomar las armas si gana Clinton para hacer 'una revolución'.

La elección de Barack Obama en 2008 fue un hito para un país que no había cerrado las heridas de la esclavitud. Su adversario John McCain comprendió muy bien la importancia de aquel momento y pronunció uno de sus mejores discursos en una noche tan histórica como especial. ¿Pronunciará Trump el 8 de noviembre un discurso similar sobre su adversaria? No parece probable. Este miércoles dijo que ni siquiera deberían haberle permitido presentarse a la carrera presidencial. Son palabras habituales en lugares como Bielorrusia o Venezuela. Nunca antes se habían escuchado en este país.

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Un acalorado debate y el comentario que podría acabar con la campaña de Trump

Un error estratégico

La negativa a reconocer la derrota no sólo es un momento inédito. Es también un error estratégico de Trump, que admitió delante de decenas de millones de espectadores que piensa que va a perder. Miles de voluntarios hacen campaña por él estos días en estados decisivos como Florida o Pennsylvania. No reciben nada a cambio de su esfuerzo y de su entusiasmo depende el resultado electoral.

Admitir la posibilidad de perder es algo que casi nunca hace un candidato. Hacerlo en un debate es aún más problemático. Al fin y al cabo, es uno de los pocos momentos que atraen la atención de los indecisos y de votantes que no siguen la política de forma habitual.

La frase no fue el único instante en el que Trump demostró que no está preparado para llegar a la Casa Blanca. Al principio del debate fue incapaz de explicar cómo cree que debe aplicar la Constitución el Tribunal Supremo y se aferró a la presunta amenaza a la Segunda Enmienda de los jueces progresistas para esquivar los dardos de su adversaria y las preguntas del moderador.

Clinton fue mucho más explícita. Explicó que para ella es importante que el Supremo mantenga el derecho al aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo y recordó que el Senado no debe obstruir el nombramiento del sucesor de Antonin Scalia, cuya vacante no se ha cubierto por la negativa de los republicanos a iniciar el proceso de confirmación.

Fue una dinámica que se fue repitiendo durante la noche. Clinton explicaba en detalle sus propuestas para gestionar la inmigración, reducir la deuda pública o aliviar la crisis de Siria y Trump respondía señalando a su rival como una mujer incapaz de resolver los problemas que citaba el moderador.

Mentiras sobre inmigración

Trump volvió a decir que construiría un muro en la frontera y equiparó inmigración y delincuencia. Lo primero requeriría millones de dólares y no tendría sentido porque la mayoría de los indocumentados entran por los aeropuertos. Lo segundo no es cierto: este estudio recuerda que el crimen se desplomó un 48% entre 1990 y 2013, unos años en los que se triplicó la inmigración.

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Trump: “No tenemos país si no tenemos fronteras”

Trump se había preparado mejor que en los dos primeros debates. Quizá porque el moderador había hecho públicos los seis asuntos sobre los que iban a hablar. Pero esa preparación superficial no eclipsó a Clinton, que volvió a transmitir la impresión desahogada del primer debate y presentó a su adversario como un candidato inestable al que los ciudadanos no deben confiar una responsabilidad tan importante como el botón nuclear.

Clinton recordó que apenas pasan cuatro minutos desde que el presidente ordena lanzar la bomba atómica hasta que los mandos militares lo llevan a cabo. Esa mención estaba preparada pero fue muy eficaz. También el recordatorio de que 10 de esos mandos habían dicho que no le confiarían al candidato el poder de lanzar un ataque nuclear.

Fue un debate menos agresivo que el de St. Louis y más disputado que el de la Universidad de Hofstra. Entre otras cosas por el ímpetu del moderador, que llevó el debate a territorios incómodos para Clinton como el aborto, la Segunda Enmienda o las revelaciones de WikiLeaks.

Trump no fue capaz de aprovechar esa circunstancia para noquear a su adversaria, pero estos y otros asuntos le ayudaron a presentarse como un republicano tradicional. Es algo que no había ocurrido en los otros dos debates y que le habría ayudado a recuperar terreno si no fuera por la frase en torno a la cual girará todo en los próximos días: su negativa a reconocer su derrota que se avecina a 19 días del final de la carrera presidencial.

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