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Elecciones 2016

La insólita estrategia de Trump: ahora hace campaña en estados demócratas del Medio Oeste industrial

Está por detrás en estados como Michigan o Wisconsin pero cree que los votantes blancos sin formación universitaria de esos estados le pueden ayudar a ganar
2 Nov 2016 – 11:51 AM EDT

Donald Trump está adoptando una estrategia insólita en la recta final de la campaña: su programa incluye eventos en estados que han votado por el candidato demócrata en las últimas décadas y por los que el aspirante republicano no ha competido durante la carrera presidencial.

En las últimas horas Trump hizo una escala en Nuevo México, dos en Michigan y otra en Wisconsin. Ninguno de los tres estados está a su alcance según el promedio de sondeos. Wisconsin y Michigan no han votado por el candidato republicano desde los años ochenta. Nuevo México sólo una vez: en 2004 por George W. Bush.

La estrategia de Trump refleja el último intento de un candidato que por ahora no ha logrado superar a su adversaria en estados más favorables como Pennsylvania, donde el candidato ha celebrado decenas de eventos desde la primavera y donde sin embargo está unos seis puntos por detrás.

Los eventos no son el único síntoma del énfasis de Trump en estos estados demócratas. Su campaña citó este martes a Michigan, Wisconsin y Nuevo México entre los 13 estados donde tiene previsto gastarse 25 millones en publicidad.

Sorprendentemente Hillary Clinton ha reaccionado a estos cambios programando un evento en Detroit para este viernes. En primavera la candidata perdió las primarias de Michigan contra todo pronóstico. El senador Bernie Sanders, que la batió entonces, hará campaña esta semana en ciudades del estado como Traverse City o Kalamazoo.

El cinturón del óxido

Competir en Nuevo México parece una locura para Trump. No sólo porque insultó a la gobernadora republicana del estado, Susana Martínez. También porque según Pew Research tiene un 40% de votantes hispanos, el mayor porcentaje de hispanos del país.

La apuesta de Trump por lugares como Michigan o Wisconsin es más comprensible y evoca su campaña inicial por el llamado “cinturón del óxido”, que incluye también estados como Ohio o Pennsylvania afectados por el declive industrial.

Es una apuesta lógica a la luz de estas cifras del Cook Political Report, que demuestran que esos estados tienen un porcentaje muy alto de votantes blancos sin estudios universitarios. Es decir, tienen un porcentaje muy alto del grupo más favorable a Trump.


Los expertos creyeron que el discurso proteccionista del candidato le ayudaría a competir en esos estados. Pero por ahora sólo Ohio parece estar a su alcance pese al tiempo que la campaña ha invertido en lugares como Michigan o Pensilvania y a las visitas constantes a comunidades blancas a las afueras de Filadelfia o Detroit.

El problema del aspirante republicano en Michigan es su incapacidad para conectar con los afroamericanos, que representan el 14% de la población. Su problema en Pensilvania son las mujeres blancas de las ciudades ricas en torno a Filadelfia, que suelen oscilar entre los dos grandes partidos y que esta vez no se fían de Trump.

Lugares deprimidos como Altoona, Allentown o Scranton votarán por Trump pero su influencia quedará neutralizada por los votos demócratas de las dos grandes ciudades: Pittsburgh y Filadelfia. Son las mujeres de condados como Chester, Bucks o Delaware quienes suelen decidir quién logra los 20 votos electorales del estado y por ahora el candidato republicano se perfila como perdedor.

El otro gran problema de Trump es que su punto fuerte son los blancos sin formación universitaria, un grupo demográfico que no suele registrarse para votar. Es un problema similar al que tienen los demócratas con los hispanos y con los afroamericanos. Pero suelen suplirlo con un trabajo metódico de registro durante los meses previos a la elección.


Como explica el artículo que incluyo aquí arriba, las primeras cifras del voto temprano contienen buenas y malas noticias para Clinton y para Trump. Más de 29 millones de personas habían ejercido este martes su derecho a voto. Trump parece tener una ligera ventaja en Iowa o Florida y las cosas parecen estar muy ajustadas en el estado clave de Carolina del Norte, donde por ahora los afroamericanos están votando menos que hace cuatro años.

Aquí debajo he dibujado cómo quedaría el mapa electoral si Trump ganara Florida, Nevada, Iowa, Ohio y Carolina del Norte: cinco estados donde las encuestas lo sitúan igualado con su rival. El candidato republicano no podría ganar si no ganara algún estado extra. Por eso hace campaña en los dos estados que he dejado en blanco: Michigan y Wisconsin. Cree que lo pueden rescatar de la derrota los votos del Medio Oeste industrial.


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La campaña de Trump tiene muchas menos oficinas en estados como Florida o Carolina del Norte y su trabajo es mucho menos sofisticado que el de la candidata demócrata, cuyo entorno se nutre de la experiencia y de los conocimientos de las dos campañas presidenciales de Obama contra Mitt Romney y John McCain.

Aun así el atractivo de Trump entre los blancos menos formados ha despertado suspicacias entre algunos demócratas. El presidente ganó hace cuatro años por cinco millones de votos. Pero entonces unos 47 millones de votantes blancos sin formación universitaria no se molestaron en ir a votar.

Es difícil saber si Trump está logrando llevar a las urnas a ese grupo de la población. Pero en algunos estados una diferencia pequeña puede ser decisiva. Obama ganó Florida por apenas 74,000 votos hace cuatro años. Según este artículo de FiveThirtyEight, allí hay dos millones y medio de votantes blancos sin formación.


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