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Elecciones 2016

La fiesta preparada para la primera mujer presidenta que se convirtió en el velatorio por un país

La que iba a ser la celebración de un hito acabó en un baño de lágrimas, decepción y sobre todo miedo por el futuro de la democracia americana y sus valores.
9 Nov 2016 – 1:40 AM EST

Nueva York.- Todo estaba listo para una victoria especial. El techo de cristal, las mujeres con sus hijas, el recuerdo de la sufragista que fue arrestada por intentar votar en 1872 y que nunca lo pudo hacer, y los seguidores vestidos de blanco, el color de quienes luchaban por los derechos de las mujeres. Pero en unas pocas horas, la fiesta electoral de Hillary Clinton se convirtió en el velatorio de un país.

La candidata demócrata no acudió al centro de convenciones en Manhattan donde la esperaban miles de seguidores. Reconoció su derrota hablando por teléfono con Donald Trump, según contó el vencedor republicano y confirmó un portavoz de Clinton.

Al escenario de lo que iba a ser la fiesta electoral sólo había salido el jefe de campaña de la candidata demócrata, John Podesta, para pedir calma y recalcar que los estados estaban demasiado ajustados para declarar un resultado. Sugirió que no habría nada más hasta este miércoles por la mañana.

"Sus voces y su entusiasmo significan mucho para todos. Estamos tan orgullosos de ustedes. Estamos tan orgullosos de ella", dijo Podesta. "Todavía no ha terminado".

El jefe de campaña se despidió y, como si no hubiera pasado nada, volvió a sonar Fight Song, el himno de campaña de la candidata demócrata. Pero unos minutos más tarde, después de que AP hubiera declarado victorioso a Trump, Clinton hizo la llamada.

Hombres blancos

El voto de los blancos, sobre todo hombres, derrotó a Clinton en un país cambiante y cuyo futuro siempre tiene más que ver con los votantes urbanos, los jóvenes y las familias multicolores como los que se reunían este martes por la noche en el centro de convenciones junto al río Hudson, a pocas manzanas del lugar donde Donald Trump celebraba su victoria.

La derrota de Clinton, en contra de lo que pronosticaban la mayoría de las encuestas, dejó a miles de personas llorosas que pensaban acudían a una fiesta para recordar. Pasaron de bailar al ritmo de Fight Song a esperar sentados en el suelo en una agonía mientras la CNN iba cantando los estados indecisos a favor del rival.

En fotos: Las dos caras de un mismo país

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La caricatura de sí misma que la candidata nunca consiguió superar y el amago de reapertura de la investigación del FBI sobre el uso de un email privado sirvieron para deprimir su voto en estados como Florida o Carolina del Norte.

El mensaje anti-inmigrante de Trump funcionó en estados que Clinton creía ganados.

Solo unas horas antes, las dos personas más populares del país en un cargo público, Barack y Michelle Obama, arropaban a Clinton en un mitin con más de 33,000 asistentes en Filadelfia, en Independence Hall, el lugar donde se proclamaron la declaración de Independencia y la Constitución.

Pero los votantes allí no se movilizaron tanto como con Obama hace cuatro años y el estado tradicionalmente demócrata cambió de manos. Pennsylvania no había votado por un republicano candidato a presidente desde 1988.

Clinton logró más apoyo de las mujeres blancas que Obama, pero le faltaron jóvenes, negros e hispanos en estados clave.


Perdiendo el país


“Estoy bajo shock, horrorizada, incrédula. Me siento enferma”, decía Dana Nicolette, una seguidora de Clinton a la que se costaba contener las lágrimas mientras avanzaba el recuento.

“He estado preocupada por estas elecciones en el último año y medio. Nunca lo he dado por descontado. Pero ésta es mi peor pesadilla convirtiéndose en realidad… No sé qué está pasando. Éste no es mi país. Estos números no son representativos de mi país. Me siento como si estuviera perdiendo mi país ahora mismo”.

Otros seguidores intentaban buscar explicaciones sobre algunos estados clave. "Me sorprende que los latinos no salieran a votar", decía Mridu Sekhar, una empresaria de origen indio que vive en Chicago y que decía que no podía imaginar cómo sería un país dirigido por Trump.

"No entiendo cómo hispanos y personas que son inmigrantes han estado a favor de Trump", decía también Nathalie Ríos, una colombiana de 23 años que reside desde hace cuatro meses en Estados Unidos. Visualiza el país de Trump como "algo que va ser muy difícil para nosotros los inmigrantes".


Las decepcionadas


Las más tocadas parecían las mujeres, algunas de blanco y con traje pantalón como los que le gustan a Clinton. La campaña demócrata había promocionado el uso de estos símbolos.

La campaña también insistía en las madres que llevaran a votar a sus hijas. Y en la noche electoral de Nueva York había muchas niñas.

Muchas mujeres llevaban carteles sobre la defensa de los derechos de las mujeres y el respeto.


Oradores desaparecidos


Mientras avanzaba el recuento, los oradores dejaron de salir al escenario.

Uno de los últimos fue el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, que gritó un lacónico “¿Quién está emocionado?”, mientras el público comenzaba a flaquear.

Al principio de la noche, había un desfile de los representantes de Clinton más habituales. Las madres activistas contra la discriminación y la violencia callejera, el padre del soldado musulmán muerto en la guerra de Irak y varios representantes locales de Nueva York.

Los portavoces oficiales de la campaña fueron desapareciendo de los pasillos y de las pantallas de los móviles de los periodistas.

Sin oradores, algunos seguidores se intentaban animar entre ellos. “¡No se ha acabado hasta que se ha acabado!”, gritaba una seguidora frente a otra que repetía: "Se acabó, se acabó".

Poco a poco, muchos fueron abandonando el lugar.

Pasadas las 3:00 de la mañana, a la salida de la fiesta que nunca fue, en la calle 34, Camila Montañez, una colombiana de 23 años que trabajaba para la campaña, sóoo comentaba: "Sin palabras".

Enfrente, el Empire State estaba iluminado de rojo republicano. En el móvil, la alerta: "Mira al presidente electo Donald Trump dar su discurso de aceptación".


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