Elecciones 2016

¿Hasta cuándo tolerarán los republicanos los exabruptos retóricos de Donald Trump?

El magnate es una fuente inagotable de controversia. Cada semana una declaración altisonante pone a su campaña en trance de dar explicaciones. Mientras tanto la ‘marca’ del Partido Republicano sufre.
10 Ago 2016 – 2:41 PM EDT

Los operadores de la campaña de Donald Trump tenían todas la intenciones de cambiar la narrativa política con un discurso centrado en el muy serio tema de la economía, y se logró, aunque por menos de 24 horas, porque al día siguiente el candidato alteró los planes con unas descabelladas declaraciones que han sido interpretadas como un llamado a “usar las armas” contra la demócrata Hillary Clinton.

Trump parece haber llegado a un límite en sus excesos retóricos. Aunque pensándolo bien, cada semana, cada día, él mismo se supera en declaraciones altisonantes, falaces algunas, irresponsables muchas.

Independientemente de lo que haya dicho o haya querido decir con su comentario sobre las acciones que pueda tomar la “gente de la Segunda Enmienda”, esa que defiende con celo su derecho a portar y usar armas, el magnate sigue forzando la línea roja de lo permitido en la política estadounidense.

La pregunta es ¿hasta dónde puede llevar ese límite? Y sobre todo, ¿hasta dónde su partido le permitirá llegar antes de que decidan que la marca republicana, y el sistema democrático estadounidense todo, corre riesgos de sufrir daños irreparables?

Es un asunto que el presidente Barack Obama les planteó a los republicanos un par de semanas atrás cuando aseguró que Trump no estaba calificado para ser presidente y que el llamado Gran Viejo Partido (GOP, por sus siglas en inglés) tenía que definir hasta dónde iban a acompañar a su candidato.

Tibios cuestionamientos

Un día después del evento en Wilmington, Carolina del Norte, no sólo demócratas, sino importantes representantes del Partido Republicano han salido a condenar las declaraciones del magnate, aunque con una selección de palabras demasiado cuidadosa como para que parezca que identifican y quieran atajar un problema.

Al presidente de la Cámara de Representantes Paul Ryan, apenas salido de las primarias en Wisconsin, las declaraciones le parecieron “una mala broma”, algo sobre lo que nunca se debe bromear y dijo esperar que Trump “lo aclare rápidamente”.

El representante republicano Peter King afirmó que era “algo que no debió haber dicho”, “un error”.

Pero ese tipo de declaraciones no es suficiente, según dijeron a Univision Noticias varios republicanos, a quienes la candidatura de Trump ha forzado a retirarse a la reserva porque aseguran que no pueden respaldar al candidato y que, como no quieren ir contra su partido, prefieren mantenerse en el anonimato.

Algunos dicen estar “muy preocupados” por esta “nueva normalidad discursiva” que está implantando el magnate en la contienda, que ha desmontado no sólo lo políticamente correcto sino normas básicas del comportamiento político que ha prevalecido por décadas en EEUU.

Ese sentimiento se refleja en una encuesta publicada este miércoles por Reuters/Ipsos que indica que el 20% de los votantes registrados como republicanos preferirían que Trump saliera de la competencia por la Casa Blanca.

Lento desangrar

Todos los días salen republicanos explicando por qué no pueden apoyar a su candidato, algunos incluso dispuestos a trabajar y financiar la candidatura de Clinton, en un lento desangrado del partido cuya unidad quedó irremediablemente tocada desde la Convención Nacional de Cleveland que coronó al candidato.

En aquella ocasión, el candidato que quedó de segundo en la competencia, Ted Cruz, hizo algo que pocos han hecho desde el podio de un evento de este tipo, consagrado a proyectar al nominado, y no dio su respaldo al ganador, lo que le ganó abucheos y críticas por parte de los delegados del empresario.

Pero así está el partido, fracturado, quizá no en partes iguales, pero sí resquebrajado por los bordes producto de la presión que viene ejerciendo desde afuera Trump y que empezó desde el momento en que secuestró el proceso de primarias con el lanzamiento de su candidatura.

Algunos esgrimen la necesidad de invocar la regla 9 del manual interno de procedimiento del GOP que permite sustituir al candidato en caso de que una mayoría suficiente de delegados juzgue conveniente hacerlo, incluso después de que el nominado haya recibido el encargo de representar al partido.

La semana pasada se habló de la necesidad de una “intervención” para hacer al candidato entrar en razón, luego de una seguidilla de declaraciones desastrosas que parecen haberlo hundido en las encuestas justo al salir de la Convención, de la que debía haber surgido repotenciado.

Es posible que la terapia que requiere Trump y su campaña exija una intervención más contundente antes de que el díscolo candidato comprometa la viabilidad futura del partido.

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