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Elecciones 2016

El hombre que intentó hasta el final que Trump se comprometiera a regularizar a los indocumentados

"Yo me sentaría con el diablo para lograr la reforma migratoria", dice el abogado Jacobo Monty, que vio frustrado su intento de que el candidato adoptara el plan de inmigración que elaboró.
3 Sep 2016 – 9:18 PM EDT

Jacobo Monty vive en Houston, donde trabaja desde hace décadas como abogado de inmigración. El 20 de agosto se reunió con Donald Trump y con sus jefes de campaña. Lo acompañaban pastores evangélicos, empresarios y representantes estatales que componían lo que ese día se presentó como el consejo hispano asesor del candidato republicano.

Hoy Monty se siente engañado por Trump, al que ha defendido durante meses entre sus vecinos y del que no esperaba escuchar un discurso como el que pronunció en Phoenix sobre inmigración.

Muchos no comprenden por qué el abogado texano creyó que Trump iba a suavizar sus propuestas. Al fin y al cabo, la lucha contra la inmigración ilegal era el asunto estrella de su campaña y durante un año no dio síntomas de que fuera a cambiar.

Monty explica, sin embargo, que el candidato dijo a puerta cerrada que comprendía el sufrimiento de muchos indocumentados y que estaba dispuesto a encontrar una manera de legalizar su situación.

Lo que sigue a continuación es el relato de la decepción del hombre que intentó a la desesperada empujar a Trump a presentar una propuesta que permitiera a una parte de los indocumentados vivir sin miedo a la deportación.

Hispanos en la torre

Al contrario que muchos de los invitados, Monty ya había hablado con Trump en una ocasión antes de la reunión del 20 de agosto. Veinte días antes de esa fecha, había enviado a la campaña un plan de inmigración que alguien de la campaña había recibido y se había comprometido a estudiar.

“Nunca sabes a quién le llegan las cosas en una campaña”, recuerda el abogado. “Pero yo sé que tenían el plan porque se lo mandé varias veces y después del día 20 se lo volví a enviar porque así me lo pidió Trump”.

Era un plan en el que estaban involucrados varios pastores evangélicos cuyo nombre Monty prefiere no desvelar. “Uno en concreto tenía cierto acceso a la familia del candidato y me dijo que Trump estaba cambiando”, explica. “Por eso todavía creo que se habría anunciado su plan para regularizar a una parte de los indocumentados si hubieran dejado a Trump ser Trump”.

El encuentro del 20 de agosto fue cordial y los líderes del consejo asesor hispano se fueron muy contentos. Todos tuvieron la sensación de que el discurso del candidato estaba a punto de cambiar.

Trump dirigió la mayoría de las preguntas a Monty, que era el único abogado de inmigración en la sala y el único que le había enviado un plan.

Un diálogo revelador

Monty no grabó la reunión pero recuerda como si fuera hoy este intercambio con el candidato.

“Es cruel y poco práctico deportar a 11 millones de personas cuando la mayoría de ellos no son criminales y hacen trabajos que nadie quiere hacer", le dijo el abogado a Trump. "Sin ellos ya nadie va a poder comer carne ni frutas ni verduras. Nadie va a limpiar las habitaciones de los hoteles. La gente no va a poder dejar a sus hijos en las guarderías y no va a poder cambiar el tejado de su casa. Una medida así sería un fracaso económico para el país”.

Monty creía que el candidato le diría que eso no era cierto pero para su sorpresa Trump respondió así: “Lo sé. Los hispanos son gente trabajadora. Yo soy de Nueva York y los veo aquí y los conozco. Tengo muchos hispanos que trabajan conmigo y son gente muy leal”.

Ese día el candidato le pidió a Monty que volviera a enviarle el plan que su campaña tenía desde principios de agosto y que nadie le había dejado ver.

A la salida, Monty contó a Univision Noticias que su anfitrión había sugerido que podría regularizar la situación de una parte de los 11 millones de indocumentados. Una impresión que confirmaron otros miembros del consejo como Lolita Zinke o Mario Bramnick y que no negó al día siguiente en CNN la jefa de campaña de Trump.

“Nos hicieron sentir que nos estaban escuchando y de repente vimos un cambio”, dice Monty. “Trump se presentó en el programa de Sean Hannity y explicó a la audiencia que quizá era justo darle algo a los indocumentados que están haciendo el trabajo que nadie más quiere hacer”.

El plan de Monty

El abogado explica que unas horas después volvió a enviar su plan a la campaña y que una persona próxima a Trump confirmó que lo había recibido. “Nos decían que el plan final no se había hecho y que tendrían en cuenta cualquier cosa que enviáramos”, dice. “Nosotros creímos que de verdad iban a anunciar algún tipo de regularización”.

A la campaña no le gustó que Monty y otros líderes hispanos hablaran a la salida con Univision Noticias. Tampoco que desvelaran detalles sobre lo que había dicho el candidato a puerta cerrada. Las entrevistas no las coordinó la campaña sino las portavoces del comité nacional republicano. Durante los 11 días que transcurrieron hasta el discurso de Arizona, el abogado guardó silencio y no volvió a hablar con los medios sobre inmigración.

El plan que Monty envió a la campaña ofrecía a Trump varias opciones para resolver el problema de los indocumentados. Entre ellas ofrecerles la posibilidad de regularizar su situación en las embajadas de sus países de origen y aprobar en el Congreso una medida similar a la acción ejecutiva de Barack Obama, que permitiera a los inmigrantes trabajar y vivir sin miedo a la deportación.

El plan que Monty envió por correo electrónico era un documento muy detallado y explicaba también cómo se podían pagar las mejoras de seguridad. “El dinero que cuesta eso se puede pagar con cuotas que pagan los inmigrantes”, dice el abogado. “Nosotros somos republicanos y no nos gusta gastar a lo loco”.

Algún detalle raro

Al principio Monty pensó que todo iba en la dirección correcta. Trump dijo que suavizaría su política migratoria y su jefa de campaña no quiso desvelar si el candidato cumpliría su promesa de crear una fuerza de deportación.

Cinco días después del encuentro de la Torre Trump, se preocupó al escucharle al candidato una retórica más dura con Anderson Cooper pero seguía convencido de que haría un anuncio en la línea de lo que habían hablado durante su conversación.

Entretanto la campaña suspendió el evento en el que el candidato iba a presentar su plan de inmigración. Trump les había dicho a sus huéspedes hispanos que se celebraría en Colorado el jueves 25 de agosto y les había invitado a estar allí con él.

La campaña había llegado a reservar un lugar en el área metropolitana de Denver pero en el último momento se echó atrás. El entorno del candidato cambió el programa y sugirió a sus seguidores que necesitaba más tiempo para elaborar su plan.

Unos días después, la campaña anunció que Trump pronunciaría su esperado discurso en Phoenix y al principio Monty pensó en acercarse hasta allí. “Estaré en Arizona. Te veo pronto”, me escribió en un SMS el día que se hizo el anuncio oficial.


“Entonces empecé a sospechar porque hice una llamada y no me respondieron”, explica el abogado. “Yo tenía tiempo y mi intención era ir. Pero al ver que no respondían decidí quedarme en casa. No iba a hacer el viaje sin saber si tenía invitación. Si hubiera estado allí, le habría dicho de todo porque pelos en la lengua no tengo”.

La noche del discurso

Al ver que Trump anunciaba su encuentro con el presidente de México, cualquier duda se disipó. Monty percibió el viaje como una señal de que el candidato republicano anunciaría algunas de las propuestas de su plan.

Unos minutos antes del inicio, se sentó delante del televisor con sus hijos y con su mujer. Al escuchar a Trump decir que aquello no iba a ser un mitin sino un discurso formal, Monty pensó que el candidato haría un discurso moderado, en la línea de su intervención al otro lado de la frontera. Poco a poco se fue dando cuenta de que en el discurso no había ninguna novedad.


Lo primero que le sonó mal fue la mención a Operation Wetback, el programa de deportaciones del presidente republicano Dwight Eisenhower a mediados de los años 50: “Eso no me gustó porque aquella época para los hispanos no fue bonita. Recuerdo que mi bisabuela me contó cómo habían deportado a alguno de sus amigos pese a haber nacido en Carolina del Norte y a haber combatido en la II Guerra Mundial".

Al escuchar a Trump decir que revocaría la acción ejecutiva que permite vivir sin miedo a los hijos de los indocumentados que nacieron aquí, Monty fue consciente de que el candidato había ignorado el plan que le había enviado unos días antes y se enfadó.

“Nunca en mi vida he tenido un día en el que he estado tan contento y con tanta esperanza y luego tan triste y enojado”, explica. “Cuando alguien te dice que va a hacer algo y no cumple, no te sientes bien”.


Al abogado no le gustó que Trump le faltara al respeto a los inmigrantes sin estudios. “Mi papá era pintor y yo vengo de una familia de pintores”, dice. “Escuchar eso me puso enfermó. Ese señor nos usó para hacerse la foto y no aceptó ninguna parte del plan”.

Por qué renunció

Esa misma noche Monty le dijo a su mujer que iba a abandonar el consejo de hispanos que asesora a Trump. Media docena de colegas tomaron la misma decisión.

Al día siguiente, leyó la transcripción y se dio cuenta de que el candidato había dicho al principio: “Esta noche nos vamos a divertir”. Aquello lo sacó de quicio: “¡Esto no es una diversión! ¡No es un juego! Yo quiero legalizar a mis amigos que llevan aquí 15 años haciendo el trabajo que nadie quiere hacer”.

Asegura que no votará por ninguno de los candidatos y tampoco por el libertario Gary Johnson: “Lo voté en 2012 y luego me di cuenta de que había tirado mi voto a la basura”. A partir de ahora hará campaña para que la gente escriba en su voto “Tomo nota”. Su intención es que esa frase sea una llamada de atención a demócratas y republicanos sobre el poder de los hispanos que quieren una reforma migratoria.

“Mi meta es que haya millones de votos que tomar nota de que la inmigración se tiene que resolver”, explica. “Esto va a tener más impacto que votar por Gary Johnson. Si votamos por Johnson, dirán que hay millones que quieren legalizar la marihuana. Yo no quiero legalizar la marihuana. Yo quiero legalizar a mis amigos”.

Monty sigue pensando que el candidato republicano está mejor preparado que su adversaria demócrata para negociar una reforma migratoria y cree que el Trump que a puerta cerrada se mostró abierto a regularizar a una parte de los indocumentados era el verdadero Trump.

“Si le hubieran dejado sus asesores, su discurso habría sido un gran éxito”, dice. “Yo sé cuándo alguien me está mintiendo y le aseguro que algo ha debido de pasar. Trump está rodeado de personas que tienen otros intereses. Yo enseguida pensé que quizá no quiere ganar y que su objetivo es vender gorras y camisetas de hacer el muro. Yo las gorras que me regalaron ya las repartí”.

Monty no lamenta lo que hizo: “ Yo no me arrepiento de haberlo intentado. Estamos hablando de vidas de personas que no han visto a sus hijos durante 20 años. Yo me sentaría con el diablo para lograr la reforma migratoria. ¿Por qué no?”.


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