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Dreamers

Artista reproduce dreamers con impresora 3D para contar la historia de este movimiento

El cineasta puertorriqueño William Caballero realiza figuras a escala de estos jóvenes para mostrar el conflicto de esta generación de inmigrantes indocumentados.
22 Sep 2016 – 12:03 PM EDT

Pequeñas figuras hechas en impresora 3D para contar la historia de unos jóvenes que se han convertido en el símbolo de la comunidad inmigrante de Estados Unidos: los 'dreamers' (los soñadores). Esta es la propuesta del cineasta puertorriqueño-americano Wiliam Caballero, que transforma personas reales en pequeñas réplicas de unos 15 centímetros con los que cuenta luego a través de su cámara las vivencias y conflictos de una generación muy especial.

Especial: Generación Dreamer: Ocho jóvenes que probaron que soñar es poder

Este movimiento de inmigrantes surgió cuando en 2001 comenzaron a trabajar en Estados Unidos jóvenes con una característica común. Ellos no eligieron emigrar, los trajeron sus padres sin documentos legales. Cuando se graduaron de la escuela secundaria se dieron cuenta de que no podían ir a la universidad como el resto de sus compañeros de clase, ni tener un buen trabajo, porque eran indocumentados.

“Al principio pensaba que no había más remedio”, dice a Univision Noticias Etzio Flores, un líder juvenil del movimiento ‘ Se hace camino en Nueva York’. “Pensé que mis estudios se acababan en la secundaria”.

Entonces había en Estados Unidos una población estimada de 2.1 millones de jóvenes indocumentados, según un estudio del Instituto de Política Migratoria (MPI). Y a todos ellos los unía “la necesidad” de regularizar su situación migratoria para poder seguir en el país, un documento que diga que son estadounidenses, dice Eileen Truax, periodista de origen mexicano, en su libro titulado ‘Dreamers’.


Causa común

El anhelo de luchar para conseguir papeles surgió en ese año 2001 “cuando jóvenes en varios estados comenzaron a unirse para lograr que a nivel local aprobaran leyes que les permitieran ir a la universidad”, cuenta Cristina Jiménez, directora ejecutiva de United We Dream, uno de los principales grupos de jóvenes indocumentados en el país.

Jiménez recuerda que al principio “nos daba miedo exponer nuestras historias. No nos conocíamos pero sabíamos que andábamos tras el mismo sueño”.

“Nuestras miradas estaban limitadas porque no teníamos opciones”, dice Flores. “Ahora todo eso está cambiando”.

Cada uno de los jóvenes indocumentados tenía una historia diferente pero una meta en común: ser parte del país en el que habían crecido, pero sin la amenaza permanente de ser arrestados y expulsados.

Los primeros pasos

“Entre 2001 y 2004 hubo pequeños avances en Nueva York, Massachusetts, Texas y California para conseguir que se aprobaran iniciativas y poder seguir estudiando”, dice Jiménez. “Y cuando nos fuimos conociendo nos dimos cuenta de que podíamos empujar un proyecto a nivel nacional”.

En 2005, cuando la Cámara de Representantes aprobó una iniciativa de reforma migratoria que criminalizaba la estadía indocumentada (HR 4437), un grupo de jóvenes de varios estados se reunieron en la capital para definir una estrategia. “Comenzamos a contar nuestras historias para hacernos visibles y conseguir apoyos en el Congreso”, dice Jiménez.

Tres años después, se fundó United We Dream, en Nueva York. “Construimos una red nacional para crear un movimiento social integrado por jóvenes indocumentados, para ganar derechos y justicia para la comunidad inmigrante”.

La activista cuenta que el nombre 'dreamer' surgió “como una forma de resistencia para que no nos siguieran llamando ‘ilegales’ y no nos quitaran nuestra humanidad. Somos jóvenes que crecimos indocumentados en Estados Unidos y somos hijos de padres que vinieron buscando una mejor vida”.


El alma de los indocumentados

Para Truax, la historia de los dreamers “sin lugar a dudas es el rostro, el alma del movimiento pro inmigrante en los últimos 10 años”, dice en una conversación telefónica. “Al llegar a la edad adulta, estos jóvenes que llegaron a Estados Unidos cuando todavía eran unos niños ven limitadas sus posibilidades de desarrollarse”.

Fue precisamente eso lo que los motivó a juntarse y luchar para conseguir leyes que los saquen de las sombras, de la clandestinidad.

“Es un poco el reflejo de las aspiraciones de cualquier familia que viene a este país a buscar un futuro mejor, pero también es el reflejo de la ineficiencia de un sistema que piensa en la inmigración en términos económicos y políticos en lugar de verla con justicia social”, comenta.

Truax sigue sorprendiéndose con las historias de los dreamers. “Ellos reflejan el esfuerzo y la valentía de las familias inmigrantes a través de la sencillez de sus denuncias, de la alegría que ponen en sus manifestaciones. Y lo único que quieren es dejar de ser indocumentados para regresarle a este país algo de todo lo que les ha dado. Los dreamers son el rostro más amable de la comunidad inmigrante, el más auténtico”.


Historias para ser contadas

Cada dreamer tiene una historia que contar. El cineasta puertorriqueño-americano William D. Caballero, ganador de la beca Gates Millenium en 2001, ha recopilado las vivencias de decenas de jóvenes que no pierden la esperanza en ser parte integral de Estados Unidos.

“Nunca me preocupé de ser perseguido o deportado”, cuenta. “Los puertorriqueños somos ciudadanos estadounidenses al nacer”. Pero Caballero tuvo una infancia difícil en Coney Island, Nueva York. En los ochentas una prima recibió un balazo de unos “vendedores de droga” y sus padres fueron testigos del “robo y asesinato de un amigo” a plena luz del día.

Los recuerdos de infancia lo marcaron para siempre. La familia se fue a vivir a Carolina del Norte donde conoció la marginación entre una comunidad mayoritariamente blanca. Fueron los papeles y la oportunidad de ir a la universidad las herramientas que le permitieron comprender que otros miles como él están atrapados en un limbo por ser indocumentados.

En la actualidad cerca de 900,000 dreamers están protegidos de la deportación bajo el Programa de Acción Diferida del 2012 (DACA) y tienen un permiso de trabajo renovable cada dos años. El servicio de inmigración busca a otros 300,000 que no se han registrado y el resto no reúne los requisitos para acogerse al plan.

Con su cámara y sus figuritas, Caballero dice que “cuenta grandes historias” de dreamers debido a que muchas veces ellos no pueden hacerlo “porque son indocumentados”.

“Es una forma con la que puedo cautivar al público con mi arte y también aprender sobre la lucha y los éxitos de estos seres humanos tan increíbles”, dice.

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