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Diabetes

Diabetes: cuando el azúcar es el enemigo

Aquí respondemos las preguntas más frecuentes sobre la enfermedad que puede ocasionar ceguera, insuficiencia renal, amputación de miembros y otras consecuencias a largo plazo. También encontrarás una selección de nuestras notas más recientes sobre tratamientos novedosos, testimonios personales y más.
15 Nov 2016 – 12:21 PM EST


La diabetes es la séptima causa principal de muerte en los Estados Unidos. Se estima que 9.3% de la población es diabética, lo cual suma unos 29.1 millones de personas en el país, de acuerdo al Informe Nacional de Estadísticas de la Diabetes elaborado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en 2014.

Es probable que todos hayamos oído hablar de la diabetes, sin entender demasiado qué significa y cuáles son sus síntomas y consecuencias. Pero quien haya tenido a un diabético en su familia sabrá que es un mal contra el que se puede y se debe luchar sin descanso.

Es una enfermedad metabólica, en la cual los valores sanguíneos de la glucosa (el azúcar que nos sirve de combustible y que obtenemos de la comida) son anormalmente altos debido a problemas relacionados con el páncreas. Este órgano, entre otras cosas, produce la hormona encargada de captar y regular la glucosa, llamada insulina, y que en el caso de los diabéticos suele ser insuficiente o defectuosa.

Estas complicaciones tienen efectos graves en el cuerpo que pueden llevar al fallo de órganos como los ojos, los riñones y el corazón, además de problemas de coagulación que pueden acarrear la amputación y, claro, la muerte. Además, la diabetes está emparentada con la obesidad y con numerosos problemas dentales y endocrinos (hormonales).

Los síntomas son variados y no se presentan todos a la vez, incluso podrían no presentarse; lo que hace vital el control médico frecuente y la prevención. Ante la sospecha de diabetes, debemos prestar atención a:


  • Necesidad continua de orinar.
  • Sed excesiva y constante.
  • Pérdida o ganancia de peso sin razones aparentes.
  • Cansancio crónico.
  • Resequedad en la piel y en las mucosas.
  • Llagas e infecciones frecuentes y que tardan en sanar.
  • Cambios súbitos en la calidad de la visión.
  • Somnolencia extrema luego de cada comida.
  • Hormigueo o adormecimiento de manos y de pies.

Existen tres tipos de diabetes: la tipo 1 o insulinodependiente, la tipo 2 o diabetes de la edad adulta, y la diabetes ocasional o estacionaria.

La primera es la menos común, apenas el 5% de los casos diagnosticados. Se caracteriza por necesitar de una inyección de insulina luego de cada comida, dado que el páncreas produce poca o ninguna y los niveles de azúcar en sangre deben ser constantemente controlados por el paciente.

La tipo 2, en cambio, es muy frecuente (90 a 95% de los casos) y aunque normalmente no requiere del suministro de insulina, sino de dieta, ejercicios y medicación, debe diagnosticarse a tiempo y empezarse un tratamiento oportuno, pues los riesgos son igual de peligrosos.

La diabetes estacionaria, por último, es inusual y puede producirse con el embarazo o junto con otros problemas genéticos o infecciones. Suele desaparecer una vez ocurrido el parto o tratadas las demás condiciones de salud.

Dado que no existe cura para la diabetes, las recomendaciones para prevenirla se convierten casi en una obligación:


  • Ejercicio físico regular y vida activa. La diabetes tipo 2 está vinculada a la obesidad. Se recomienda como mínimo 30 minutos de ejercicio diario durante 5 de los 7 días de la semana.
  • Una dieta saludable. En líneas generales debemos comer más balanceadamente, con abundante presencia de vegetales, y controlar el consumo de grasas saturadas y grasas trans, presentes en: harinas, azúcares, lácteos, margarinas, alimentos fritos y carnes rojas. Esto puede resultar desalentador, pero pensemos que no se trata de no comerlos nunca, sino de no comerlos siempre.
  • Llevar un control médico. Realizar chequeos médicos oportunos puede ayudar a un diagnóstico temprano e incluso a revertir la mayoría de sus síntomas.
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