Desigualdad Económica

La temporada de huracanes no solo trae destrucción y muerte: también trae más desigualdad

Un nuevo estudio muestra cómo los desastres naturales, como el huracán María en Puerto Rico y Harvey en Texas, enriquecen a las víctimas de raza blanca, mientras que a los hispanos y negros les va peor. Esto dispara la desigualdad económica y racial, y la ayuda gubernamental, en vez de ayudar, lo empeora todo.
3 Sep 2018 – 10:28 AM EDT

El huracán Lane, que empapó a Hawái con cuatro pies de lluvia, es un recordatorio de la devastación que puede traer la temporada de huracanes.

Hace solo un año, el huracán Harvey devastó Houston, seguido de cerca por Irma y María, que dejaron un rastro de destrucción en Florida y Puerto Rico. A pesar de la ayuda privada y gubernamental brindada después de estos desastres, miles siguen luchando hasta el día de hoy.

Pero no todos están luchando. De hecho, algunos se benefician económicamente de estos eventos climáticos extremos.

En un nuevo estudio que escribí junto con James Elliott, sociólogo de la Universidad de Rice, descubrimos que las poblaciones privilegiadas en términos de educación, raza o propiedad de vivienda de hecho acumulan más riqueza después de los desastres naturales, lo que agrava la ya enorme desigualdad económica.

No solo eso. La forma en que el gobierno entrega su ayuda es en parte culpable.

Cada vez más desastres

Los desastres naturales, desde los huracanes hasta los incendios forestales, han aumentado , tanto en frecuencia como en gravedad.

Y en más de una manera, sale muy caro. Sólo el año pasado, Estados Unidos sufrió daños por desastres naturales valorados en 260 mil millones de dólares. Si bien es una cifra devastadora, no llega a abarcar el alcance completo del impacto, como la pérdida de ingresos o gastos no cubiertos como facturas médicas, que pueden seguir llegando meses e incluso años después de que comienza la limpieza.

Investigaciones anteriores han demostrado que las secuelas de los desastres son más devastadoras para los residentes menos privilegiados, ya que es más probable que pierdan su trabajo , tengan que mudarse y paguen rentas más altas debido a la reducción de la disponibilidad de viviendas.

En nuestro artículo reciente en la revista Social Problems (Problemas Sociales), encontramos que los efectos son aún más profundos: los blancos, los propietarios y los altamente educados incluso mejoran su situación financiera relativa después de un desastre, mientras que la población hispana y negra, aquellos con menos educación y quienes rentan una vivienda terminan en una situación peor, en comparación con sus compañeros.

Los blancos ganan mientras que otros pierden

Combinamos datos representativos a nivel nacional del Panel de investigación de Dinámica de Ingresos de casi 3,500 familias con cifras del gobierno sobre daños por peligros naturales, Ayuda Federal para el Manejo de Emergencias y datos demográficos de la población local en cada condado de EEUU.

Luego exploramos cómo los desastres naturales extremos influyeron en los cambios del patrimonio familiar de 1999 a 2013. En nuestro análisis, tomamos en cuenta la raza, educación, edad, propiedad de vivienda, estatus familiar, movilidad residencial y demografía del vecindario y del condado con el objetivo de comparar los hogares que eran similares. También solo comparamos familias que comenzaron con una riqueza similar en 1999.

En general, encontramos una correlación sorprendentemente fuerte entre la gravedad del daño que experimentó un condado y un aumento en la riqueza promedio. Es decir, las personas que vivían en condados que sufrieron desastres extremos tendieron a acumular más riqueza durante este período que aquellos que vivían en partes del país que no estaban afectadas. Y cuanto más daño sufría un condado, más pronunciadas eran las ganancias relativas en riqueza.

Sin embargo, no todos experimentaron mayor riqueza. Usando ‘interacciones’, una técnica estadística, pudimos ver cómo estos cambios afectaron a diferentes segmentos de la población de acuerdo a su raza, educación y si eran dueños de una vivienda.

Primero, consideramos los efectos de la raza y descubrimos que los blancos que vivían en condados que sufrieron desastres naturales extremos acumularon 100,000 dólares más que sus semejantes con características similares que no sufrieron un desastre.

Para las personas de color (hispanas y negras), por otro lado, este efecto se revirtió. Específicamente, los residentes negros que viven en condados propensos a desastres perdieron 46,000 dólares en comparación con sus contrapartes en otros lugares. Y los residentes latinos en los condados afectados perdieron 101,000 dólares en comparación con sus pares.

En otras palabras, mientras que los blancos se beneficiaron económicamente al vivir en áreas afectadas por huracanes y otros desastres, las personas de color salieron más afectadas.

Luego examinamos el impacto de la educación, manteniendo constantes otros factores. Encontramos que los niveles más altos de educación también se asociaron con una tendencia a beneficiarse de los desastres naturales, mientras que aquellos con niveles más bajos experimentaron pérdidas devastadoras.

Finalmente nos enfocamos en la propiedad de vivienda. Del mismo modo, nuestros resultados mostraron que a aquellos que eran dueños de una vivienda les fue mucho mejor que aquellos que alquilaban.

Nuestros hallazgos sugieren que los desastres naturales están empeorando la desigualdad, especialmente a lo largo de líneas raciales. Por ejemplo, en Monmouth, Nueva Jersey (un suburbio de la ciudad de Nueva York que sufrió el mayor daño por desastres naturales en EEUU de 1999 a 2013), 111,000 dólares de aumento en la brecha de riqueza entre blancos y negros durante el período puede atribuirse al impacto de los desastres.

Este mapa visualiza estas crecientes desigualdades en las áreas metropolitanas más grandes.

La ayuda de FEMA juega un papel definitivo

Esta evidencia es deprimente de por sí. Sin embargo, lo que podría decirse que es aún más inquietante es que la ayuda de FEMA (Ayuda Federal para el Manejo de Emergencias, por sus siglas en inglés) está exacerbando aún más estas desigualdades.

La ayuda de FEMA se distribuye para mitigar las repercusiones negativas de los desastres. En el mejor de los casos, esta asistencia federal reduciría la desigualdad, o al menos reduciría su expansión. Lo que encontramos es todo lo contrario.

A diferencia de lo que uno se podría imaginar, la ayuda de FEMA no se distribuye únicamente en función del daño o la necesidad. De hecho, cuando comparamos la cantidad de daños por desastres naturales en los condados de EEUU de 1999 a 2013 con la cantidad de ayuda que FEMA les asignó, la correlación es débil. Esto sugiere que otros factores además de la necesidad, como la política, están impulsando principalmente las decisiones de ayuda de FEMA.

Sin embargo, estadísticamente, esto significa que podemos aislar el efecto de la ayuda de FEMA de los desastres naturales. Cuando hicimos esto, encontramos que la ayuda de FEMA también exacerbó las desigualdades. En el condado de Nueva York, por ejemplo, que recibió casi 8 mil millones de dólares en ayuda de FEMA desde 1999 hasta 2013, descubrimos que 105,000 dólares del aumento en la brecha de riqueza entre blancos y negros se puede atribuir a la ayuda de FEMA.

Preguntas pendientes

La pregunta obvia después de todo esto, por supuesto, es ¿por qué?

En este estudio en particular, nuestro objetivo fue identificar los patrones de desigualdad y, por lo tanto, no podemos especificar las razones por las cuales los desastres naturales y la ayuda de FEMA están exacerbando la desigualdad.

Dicho esto, sabemos por investigaciones previas que la ayuda privatizada, así como los esfuerzos de reinversión comunitaria se concentran desproporcionadamente en comunidades privilegiadas, especialmente las blancas y de clase media.

Dada la frecuencia cada vez mayor de los desastres naturales y su papel en la exacerbación de la desigualdad de la riqueza, es imperativo que EEUU considere cómo responde a estos. La ayuda inmediata para la recuperación es esencial, pero igualmente importante es garantizar que esta ayuda no empeore inequidades que ya están tan arraigadas.


*Junia Howell es profesora de Sociología en Rice University Kinder Institute Scholar y la Universidad de Pittsburgh

The Conversation


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