La campaña electoral de Nicolás Maduro le inyecta gasolina a la hiperinflación en Venezuela

El Banco Central de Venezuela emite moneda a un ritmo frenético para que el gobierno chavista cumpla con el gasto que promete para reelegirse. El resultado: más dinero detrás de muy pocos productos, una combinación que dispara los precios.

CARACAS, Venezuela.- “Levanten la mano los que tienen carnet de la patria, nuevas y buenas sorpresas vienen en el carnet de la patria. ¡En el mes de marzo lo que viene es candela en el carnet de la patria!”, vociferó el presidente venezolano Nicolás Maduro el pasado 27 de febrero tras inscribirse como candidato a la reelección, y buena parte de los asistentes al mitin sacaron del bolsillo la credencial y la mostraron como si fuese un crucifijo capaz de espantar la miseria.

La tarjeta electrónica, que ya posee la mitad de la población, es indispensable para recibir alguno de los bonos que inesperadamente reparte el candidato-presidente para paliar un amplio abanico de necesidades y coyunturas: bono para hogares en pobreza, bono para embarazadas, para discapacitados, bono de Navidad, de Día de Reyes, de Carnaval y según el último anuncio, un nuevo desembolso con motivo de la Semana Santa y otro para cinco millones de “jefas de hogar” a propósito del Día Internacional de la Mujer.

La batería de bonos se complementa con un incremento del salario mínimo de 58% vigente desde la semana pasada, la distribución de cajas de comida en los sectores populares a través del sistema CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción) y la rebaja de los índices de solvencia para asegurar que el sistema financiero, en especial la banca pública, abra las compuertas del crédito justo antes de las elecciones previstas para la segunda quincena de mayo.

Todo indica que la campaña electoral centrada en la inyección de dinero agravará los males de la economía venezolana que acumula cuatro años de profunda contracción y un incesante incremento de los precios a raíz de la hiperinflación que irrumpió en noviembre de 2017.


El origen del temblor es simple. El petróleo provee 96 de cada cien dólares que ingresan al país y tras no ahorrar durante los años en que el barril se cotizó a niveles récord, endeudarse masivamente y gastar buena parte de los recursos en proyectos que no son capaces de exportar, la “Revolución Bolivariana” se quedó sin suficientes dólares y optó por recortar drásticamente la venta de divisas al sector privado, dejando a las empresas con pocos insumos y materia prima para producir.

La caída de la producción, que entre 2014-2017 redujo el PIB en 34%, hundió la recaudación de impuestos, por lo tanto, el gobierno recurre al Banco Central que crea nuevos bolívares a un ritmo frenético para que la administración de Nicolás Maduro cumpla con el gasto que promete. El resultado es más dinero detrás de muy pocos productos, una combinación que dispara los precios.


Solo en las primeras ocho semanas de este año la liquidez monetaria aumentó 91% y aún no se ha sentido el impacto que tendrán el reciente incremento del salario mínimo y los nuevos bonos. Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, explica que “los bonos y los incrementos del salario tendrían que formar parte de un ajuste integral que resuelva los desequilibrios; como no es así, lo que vamos a ver es más creación de dinero y combustible para la inflación”.

Añade que “las empresas aumentarán los precios para poder cancelar el aumento del salario mínimo, es previsible que la inyección de bolívares eleve la presión sobre el tipo de cambio paralelo y sigue habiendo severas restricciones de oferta. Continuará la espiral inflacionaria”.

Desde 2015 el Banco Central oculta la inflación, pero el Parlamento elabora una medición en las principales ciudades del país. En enero este termómetro registró un salto de 84% y las proyecciones de Ecoanalítica apuntan a que en todo el año difícilmente se ubicará por debajo de 100.000%.

La hiperinflación evapora los bonos. María Ortega vive en la ciudad de Charallave, a unos 60 kilómetros de Caracas, junto a dos hijos pequeños en una situación prácticamente desesperada. El pasado 26 de febrero comenzó a recibir el bono mensual de 490,000 bolívares, correspondiente a hogares pobres de tres integrantes. Ese día, con todo el dinero, podía comprar 30 huevos. Cuatro días después el bono solo alcanzaba para 26 huevos y al cierre de marzo será mucho menos.

“La plata no dura, no alcanza para nada, yo la gasto apenas me llega”, dice María Ortega, quien refleja la angustia de los venezolanos y una expectativa que dispara la hiperinflación: no vale la pena conservar los bolívares y por tanto hay que salir de ellos cuanto antes.

Más de 60% del país vive en pobreza extrema

Paradójicamente el acceso a los bonos es complicado para los más pobres. Para recibirlos se necesita una cuenta bancaria, en determinados casos teléfono inteligente para escanear el código QR del carnet de la patria, registrarse en una página web, manejar un monedero virtual y transferir el dinero al banco.


“Mi 'jefe de calle' me cobró 2,000 bolívares para hacerme eso la primera vez, ahora tengo una señora a la que le limpio el apartamento que revisa cuando depositan y me ayuda”, admite María Ortega. Por "jefe de calle" se refiere a un miembro de la comunidad, generalmente del partido de gobierno, que organiza y entrega las cajas de comida CLAP.

La venta de alimentos a precios subsidiados se ha tornado irregular, al punto de que la encuestadora Datos señala que mientras en septiembre de 2017 el 63% de la población afirmaba haber recibido una caja CLAP en el último mes, en enero de este año la proporción bajó a 29%.

Mayerly Martínez quien vive en una comunidad de bajos ingresos en Ocumare del Tuy, a 75 kilómetros de Caracas, indica que “la última vez que me llegó una caja fue a mediados de enero. Traía cinco kilos de arroz, dos laticas de atún, dos kilos de pasta y un litro de aceite. No había leche, cada día trae menos cosas”.

En un entorno donde la política social es incapaz de compensar el impacto de la hiperinflación, la miseria crece. El estudio que elaboran las tres principales universidades del país sobre las condiciones de vida señala que en 2017 la proporción de hogares en pobreza extrema aumentó desde 51,5% hasta 61,2%.

Comida a cambio de votos

Nicolás Maduro busca remozar su maquinaria electoral con el Movimiento Somos Venezuela. Esta estructura surgió en junio de 2017 y organizó un ejército de “brigadistas” pagados por el Estado que recorre las zonas populares casa por casa para verificar la situación de cada familia y facilitar algún plan de ayuda, como el bono para los hogares en pobreza o atención médica.

Súbitamente el pasado 27 de enero la organización saltó al terreno de los partidos: “El Movimiento Somos Venezuela va a tener la tarjeta electoral para que la gente pueda votar por él el día de las elecciones presidenciales, es algo bello”, anunció Nicolás Maduro.

Y acto seguido impartió una orden que podría derivar en presión para quienes reciben o esperan obtener próximamente algún bono a través del carnet de la patria: “Les doy la tarea de buscar a los 16 millones 500 mil carnetizados para que se incorporen al Movimiento Somos Venezuela. Hay que ir a buscar a todos los del carnet de la patria”.

Por ahora el candidato presidente no indica cómo piensa detener el colapso de la economía, solo promete que una vez asegure la permanencia en el poder esa será su prioridad. Minutos antes de culminar el mitin del 27 de febrero afirmó: “Quiero despejar el camino para dedicarme única y exclusivamente, desde que gane las elecciones, a las grandes tareas de la economía, de la prosperidad, de la renovación de la esperanza del pueblo. ¡Sí se puede, Venezuela!”.